Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Fuimos creados para amar y dar fruto saliendo de nosotros mismos. La fecundidad nace de un corazón sanado, bendecido y ungido por el amor de Dios.

Homilía i123010a, predicada en 20250625, con 10 min. y 3 seg.

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Transcripción:

La historia de Abraham tiene tantas enseñanzas que es imposible abarcarlas todas, por lo menos en el espacio de una breve reflexión como ésta. Hoy quisiera centrarme en la fecundidad, porque Dios derrama su bendición sobre Abraham y Abraham tiene una especie de queja, tiene un lamento. Ese lamento es: ¿De qué me sirven tus dones si soy estéril?

El otro día me ponía a pensar qué diferencia tan grande hay entre el tiempo de Abrahán y nuestro tiempo, porque Abraham se lamenta de ser estéril y hoy muchas personas quieren ser estériles, no solamente las personas que se hacen una vasectomía o que se hacen una ligadura de trompas, o las personas que toman anticonceptivos, que es una manera de esterilidad, por lo menos temporal. No, no, es solo que quieren ser estériles durante un tiempo, es que también personas que se casan deciden, no vamos a tener hijos.

O personas que escogen ser solteras, pero no lo escogen por amor a Dios ni para servir a la gente, sino para evitar problemas. No quiero tener problemas, no quiero tener problemas, así de sencillo. Y como no quiero tener problemas, entonces no quiero hijos, no quiero hijos, quiero esterilidad. Nuestro tiempo ama la esterilidad, nuestro tiempo celebra la esterilidad. La persona que vive únicamente para sí misma, la persona que vive únicamente para sus triunfos y para gozárselos, para gozárselos ella sola, esta persona sola, esa es la persona que se presenta como un modelo.

¿Por qué hemos llegado a esto? Qué es preguntarnos, al mismo tiempo, por qué a Abraham le dolía ser estéril y por qué hoy se celebra la esterilidad. Todavía quiero ir más allá, agudizando la pregunta. En nuestro tiempo hay personas, hay todo un movimiento de hecho, que considera que la raza humana es lo peor que le ha sucedido a este planeta. Se habla de nosotros, los humanos, como una especie de enfermedad del planeta, como una plaga que todo lo devasta. Y eso aparece en distintas formas de una especie de ecologismo.

Pero, es un ecologismo antihumano, un ecologismo que quisiera un planeta perfecto, verde, azul, limpio, incontaminado y sin gente. Nosotros somos la enfermedad. A veces esto aparece en frases que tienen apariencia de inocencia, como esa frase que dice: Solo hay una especie que ensucia, que contamina, y aparecen fotos, por ejemplo, de acumulación de basura plástica o de residuos radiactivos o químicos. ¿Por qué nuestro tiempo, por qué nuestro tiempo tiene esa especie de amor a la esterilidad?

Observemos que la Biblia va exactamente en la otra dirección. El mandato primero que le da Dios a la pareja humana es crezcan, crezcan y multiplíquense, sean fecundos. Pero no solo eso, es que todos estamos llamados a ser fecundos. No todos están llamados a tener hijos, no todos estamos llamados a tener hijos, pero todos estamos llamados a ser fecundos. Y yo creo que cuando entendemos correctamente esta palabra, entendemos también en dónde está el problema. ¿Qué es fecundidad? Fecundidad es salir de nosotros mismos para dar a otros, esa es la fecundidad.

Hay muchas maneras de salir uno de sí mismo. Por ejemplo, cuando bellamente una pareja se casa, ese hombre y esa mujer, como lo recordaba el Papa León, hablando de cómo es el matrimonio, es un hombre y es una mujer y es para siempre y es abierto a la vida. Cuando se unen ese hombre y esa mujer y tienen hijos, ellos están saliendo de sí mismos. Y esto se nota muy literalmente, porque efectivamente los hijos obligan, entre comillas, obligan a los papás a salir de sí mismos, a veces hasta salir de la casa.

Yo he visto papás que me cuentan: Mira, es que el bebé se nos enfermó anoche y a las dos de la mañana tuvimos que correr al hospital. Entonces, tienes que salir de tu cama muy cómoda, tienes que salir de tu hermoso apartamento climatizado y tienes que correr a un hospital con un bebé. El bebé te saca de ti mismo, eso es fecundidad. Que tú salgas de ti, que tú des a otros, que tú te entregues a otros, eso es fecundidad. Jeremías no tuvo hijos, el profeta, por mandato de Dios específico, él no tuvo hijos, él no se casó.

Pero mira la fecundidad, él salió de sí mismo hasta poner su vida en riesgo por el bien del pueblo de Dios. Jesucristo no tuvo biológicamente hijos, pero todos nosotros hemos nacido de su amor. Y dice el Evangelio de Juan en el capítulo primero, que nosotros somos el fruto de ese amor. Nosotros no venimos del deseo carnal, no venimos del deseo de varón, nosotros hemos venido del amor de Dios. Entonces la clave está en esa, está en eso. La clave está en que cuando perdemos el deseo de la fecundidad.

Una de las expresiones de la pérdida de deseo de fecundidad es ese egoísmo que nos llena luego de tristeza, que nos llena luego de depresión, es eso que nos encierra, que nos atrapa en nosotros mismos. El Papa Francisco, en uno de los documentos que más amo de él, el gozo del Evangelio, habla precisamente de cómo el egoísmo acaba en tristeza, acaba en amargura, acaba en autodestrucción, ese es el problema. Hemos perdido la brújula de la fecundidad.

Y por eso, cuando tengo oportunidad de brindar un consejo, llamémoslo de dirección espiritual, mi primera postura cuando se trata, por ejemplo, de un joven o de una joven, no es con quién te vas a casar o cómo te vas a casar. No, eso no es lo primero. Sé que hay muchas jovencitas hoy que están casi con una desesperación de dónde está mi novio, dónde está mi pareja, dónde está mi San José, dicen las más piadosas, dónde está mi San José, yo le he pedido a Dios, yo creo que en alguna parte tiene que estar ese príncipe, ese San José, ese hombre que Dios tiene para mí, porque tengo que casarme, porque tengo que casarme.

La primera pregunta no es si te vas a casar, la primera pregunta es si vas a responder al amor de Dios amando, si vas a responder al amor de Dios siendo fecunda. Lo mismo vale para los varones, porque también hay un cierto movimiento entre los varones, un movimiento cultural, un movimiento social entre los varones que está en contra de la mujer, es algo absurdo para mí. Ahora, yo entiendo por qué lo hacen, porque hay mucho egoísmo que es fruto de ese feminismo extremo que todos conocemos. Pero, si ese feminismo nació del machismo egoísta y ahora tenemos feministas egoístas, la respuesta no es varones más egoístas, esa es una espiral de muerte.

Entonces, la gran respuesta se llama fecundidad. Nosotros hemos sido creados para recibir y para dar, para recibir el amor y para darlo. Y la pregunta de Abrahán tiene sentido, la pregunta de Abrahán es ¿qué va a pasar con mi esterilidad? Como diciendo, yo tengo que darle todo esto a alguien, esa es la pregunta de Abrahán. Yo no puedo simplemente llenarme de placer, o de riqueza, o de poder, y yo engordarme y engordarme en el poder, no, engordarme y engordarme la riqueza o el placer, no. Yo tengo que dar esto, yo tengo que dar. Ese es el sentido y esa es la fecundidad, yo tengo que dar.

Y en la medida en que la humanidad se llene de gente que dice, yo tengo que dar, en esa medida cambiamos radicalmente, en esa medida el mundo empezará a responder al querer de Dios. No, la solución no es la extinción de la raza humana, la solución, y esto lo está experimentando de una manera brutal China, la solución no es que haya un solo hijo por matrimonio. Han querido dominar la población con leyes absolutamente draconianas, obligando a abortar a muchas mujeres, esas fueron políticas que tuvo China. Ahora están tratando de cambiar y que sí, que sí haya hijos.

Mira, la fecundidad nace de un corazón que ha sido sanado, que ha sido bendecido, que ha sido ungido. Y por eso, donde hay salud espiritual hay fecundidad, fecundidad en términos de hijos, fecundidad en términos de amor, en términos de servicio, en términos de predicación, en términos de santidad. Amén.

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