Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La fe abre caminos donde no parece que haya nada que hacer. Y Dios ya nos estaba guiando, aun antes de que nos diéramos cuenta.

Homilía i123003a, predicada en 20110622, con 4 min. y 28 seg.

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Transcripción:

En el capítulo 15 del libro del Génesis, es decir, el pasaje que corresponde a la primera lectura de la misa de hoy, encontramos un momento culminante en la historia de Abraham, es la alianza entre Dios y su siervo, entre Dios y Abrahán, una alianza marcada por la palabra fe. Y es, sobre todo, por este pasaje de hoy por lo que nosotros llamamos a Abraham, nuestro padre en la fe.

Realmente la fe se pone a prueba en circunstancias como las que él tuvo que vivir, un hombre estéril de avanzada edad, un hombre que siente la frustración de irse de esta tierra sin dejar como una semilla, sin dejar una continuación. Le duele que sus bendiciones y su prosperidad tengan que pasar a ser la herencia de un extraño, uno de sus siervos. Y esa es la gran frustración de Abrahán, una frustración que en términos humanos parece no tener salida alguna.

Y esta es una característica de la fe, cuando no parece, desde el punto de vista humano, que haya ninguna puerta, ninguna salida, Dios se glorifica especialmente. La fe da la victoria aún en circunstancias desesperadas. La Carta a los Hebreos dirá de Abraham que esperó contra toda esperanza, porque todas las demás esperanzas son esperanzas fundadas en razones humanas, en lo que prometen las circunstancias, en lo que prometen las leyes de la naturaleza o las costumbres.

Pero cuando todo eso parece estar en contra, entonces hay una esperanza con E mayúscula, una esperanza que nace de la fe, y Fe con F mayúscula, porque es fe en Dios. Por esto llamamos a Abraham, nuestro Padre en la fe, porque recibiendo el mensaje del Señor, fue capaz de ver lo invisible, fue capaz de encaminarse hacia lo desconocido, fue capaz de asir la mano de Dios, no soltarla, saber ser un niño pequeño guiado por Dios.

Y Abraham era el que guiaba a mucha gente, recordemos que estamos en la época de las tribus y los clanes. De hecho, Abraham y Lot tuvieron que separarse porque cada uno había crecido mucho en sus posesiones y cada familia se había vuelto numerosa. En el caso de Abraham, familia de sirvientes y de pastores. Pero, aunque Abraham dirigiera a otros, él necesitaba ser dirigido, dirigido por Dios. Abraham supo ser niño ante Dios. Casi se anticipa aquí aquel tema del Evangelio: El que no sea como un niño no puede entrar al Reino de Dios.

Y permítanme, amigos, que destaque otro aspecto, uno muy pequeño de la lectura de hoy. Dios le dice a Abraham: Yo soy el que te saqué, yo soy el que te sacó de Ur de los caldeos. Pero si uno mira con detalle el texto bíblico, se da cuenta que cuando salieron de Ur de los caldeos, el que dirigía el grupo era el papá de Abraham, era Téraj, que todavía no conocía propiamente al Señor. El llamado lo recibió Abraham en la ciudad de Jarán. Es decir, Dios le está diciendo: Yo te guiaba desde Ur, pero Abrahán sintió el llamado en Harán. ¿Qué quiere decir eso? Que muchas veces Dios ya nos está llevando y no nos hemos dado cuenta.

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