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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios se revela a Abraham como Padre concediéndole al mismo tiempo paternidad, la que luego servirá para reunir a todas las naciones.
Homilía i121007a, predicada en 20210621, con 5 min. y 33 seg. 
Transcripción:
La primera lectura en el día de hoy está tomada del libro del Génesis, Capítulo Doce. Donde se inicia propiamente lo que podemos llamar el ciclo de Abraham. Como Abraham lo llamamos con toda razón, nuestro padre en la fe. Creo que es importante volver nuestra atención a ese pasaje en donde se presenta el primer mensaje, el primer saludo podríamos decir, con el que Dios establece una relación con Abraham.
Lo que me parece que hay que subrayar principalmente, es cómo Abraham recibe esa voz de Dios después de la muerte de su padre. Sabemos que Abraham era de la ciudad de Ur. Ur de los caldeos, es decir, tierras de lo que después sería Babilonia, tierras de lo que actualmente es Irak. Abraham salió de Ur. Pero cuando Dios le habla, Abraham no estaba en Ur. Abraham estaba en Haran o en Jarán, una población que queda muchos kilómetros al norte de Ur. ¿Y por qué Abraham estaba en Harán? Porque el jefe de familia hasta ese momento, el que había dirigido el camino, hasta ese momento era Teraj. Teraj, era el papá de Abraham. Teraj había sacado a la familia de Ur y la había llevado hasta Harán, donde se habían establecido con bastante éxito. Lo sabemos, entre otras cosas por la descripción que se hace de toda la prosperidad que rodeaba a Abraham, sus inmensos rebaños, su gran número de sirvientes. Todo eso indica que en Harán él estaba bien.
Pero el que había dirigido el trayecto desde Ur hasta Harán había sido Teraj, el papá de Abraham. Teraj muere estando en Harán. Y después de que ese papá, el padre natural de Abraham, muere. Entonces el padre sobrenatural de Abraham, que es también de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, es decir, Dios mismo se hace presente en la vida de Abraham. Podríamos decir que la primera vocación que Abraham reconoce es la vocación de hijo, y la primera manera como Dios se le manifiesta es como una especie de padre que toma el lugar de Teraj. Teraj era el que había dirigido el camino, como se hacen las cosas en aquellas culturas orientales. El papá, el patriarca es el que toma las decisiones y es el que al mismo tiempo dirige, protege, gobierna todo el clan. El papá es un auténtico patriarca y como patriarca es el que toma las decisiones, precisamente para guiar, para proteger, para defender, para hacer prosperar el clan. Ese es el lugar que toma Dios en la vida de Abraham. Exactamente ese lugar, el lugar que había tenido Teraj. Solo que ahora Abraham levanta su mirada de un papá en esta tierra al Padre de los cielos, al Padre Eterno. El Padre que trata a Abraham como un hijo.
Las palabras que le dice Dios a Abraham son muy parecidas a las que diría un patriarca a la gente de su clan. Nos vamos ¿a dónde vamos? Yo sé a dónde vamos. Vamos, andando. Vamos avanzando. Ese es el lugar que ocupa Dios. Entonces Dios se revela a Abraham como padre y al mismo tiempo, al mostrarse como padre, le concede paternidad. Dios no solamente revela algo de su misterio, sino que revela algo de su propio ser. Le concede gracia de paternidad a Abraham. Esa gracia preciosa es la que luego va a servir para reunir a todas las naciones. De manera que nosotros llamamos a Abraham nuestro Padre, nuestro Padre en la fe. Pero la paternidad de Abraham la recibe de aquél que es Padre por encima de toda paternidad, es decir, la recibe de Dios mismo. Precioso inicio de esta historia en la que ya tenemos que vernos reflejados, porque el camino de Abraham es sin duda el camino que también tenemos que recorrer nosotros en la fe.

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