Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No tomemos el el lugar de Dios, sólo Él como juez eterno puede definir el destino final de las personas.

Homilía i121006a, predicada en 20170626, con 6 min. y 49 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del Capítulo Séptimo de San Mateo. Creo que es un texto que se interpreta muy mal en nuestros días. Porque muchas personas interpretan el mandato de Cristo de no juzgar, como si uno nunca pudiera opinar sobre el comportamiento de otras personas, con algo muy curioso, y es que eso de no juzgar se aplica rigurosamente para el caso de los comportamientos sexuales. Por ejemplo, si una persona decide que ya no es hombre, sino que quiere ser mujer, o si una persona tiene preferencias sexuales que nos pueden parecer distintas o extrañas. De inmediato nos vienen con el texto del Evangelio no juzgar.

Y yo hago esta pregunta ¿Por qué aplicamos con tanta rigurosidad este texto del Evangelio cuando se trata de comportamientos sexuales y no lo aplicamos de la misma manera cuando se trata de otros comportamientos, por ejemplo económicos, políticos o sociales? Qué tal que un sacerdote dijera desde el púlpito, el alcalde que acaba de terminar su periodo constitucional, se quedó con todo el presupuesto que iba a servir para el acueducto de este pueblo pobre. Pero no juzguemos, hermanos. No juzguemos. ¿Nos gustaría escuchar a un sacerdote hablando así? Nos gustaría escuchar a un sacerdote que dijera, la mafia ha reclutado a menores de edad y los ha convertido en asesinos a sueldo. Muchos de ellos han muerto enfrentándose a la policía. Muchos de ellos son traficantes de droga y están metidos en la industria del secuestro. Pero no juzguemos a los mafiosos. No juzguemos. ¿Te gustaría un sacerdote que hablara de esa manera? Estoy seguro de que no.

Un papá abandona el hogar, deja a unos hijos sin los beneficios mínimos de la economía y sobre todo, sin el beneficio de su propia presencia, tan necesaria para esos hijos, para esas hijas que son pequeños. ¿Por qué los ha abandonado? Porque resulta que está fascinado con una nueva pasión. Está fascinado con una chica muy joven y para ella va todo el dinero, que esta mujer irresponsable gasta en sus viajes, perfumes, paseos. Pero no juzguemos hermanos. No juzguemos a ese hombre que ha dejado a sus hijos. Los que tenían legítimo derecho a esperar todo de él, los dejó abandonados. No juzguemos. ¿Te gustaría un sacerdote que hablara de esa manera?

Entonces les pregunto, ¿Por qué si estos otros comportamientos claramente los reconocemos como reprobables y reconocemos que hacen daño a la sociedad, entonces, por qué le ponemos esa hermosa corona a la sexualidad como diciendo lo que sea sexo, ahí sí no se puede juzgar? Mira, la Biblia es mucho más sencilla. La Biblia no le pone corona a ningún aspecto de la vida humana. La Biblia, la Palabra de Dios, trata con sencillez a todo el comportamiento humano y por consiguiente, lo mismo en la administración de dineros públicos o en la educación de los hijos, o en la sexualidad, o en cualquier otro campo de la vida humana. Es necesario saber que hay un modo correcto y hay un modo incorrecto. Y por consiguiente, lo de no juzgar no puede referirse a esos comportamientos. Como hemos explicado en otras oportunidades.

Lo que debemos entender de las palabras de Cristo proviene del uso que tiene el verbo juzgar en la mentalidad judía y en la lengua hebrea. El único juez, en la mentalidad del Antiguo Testamento es el mismo rey, y por consiguiente, juzgar en el Antiguo Testamento significa definir el destino de una vida. Mira, por ejemplo, los juicios del rey David o del rey Salomón. Mira que ahí no hay un Ministerio de Justicia ni hay unos juzgados, sino que es solamente el rey el que toma determinaciones. Y esas determinaciones son las que definen el destino de las personas. Por eso cuando Cristo dice No juzguen. Lo que está diciendo es no tomen el lugar de Dios pretendiendo que ustedes conocen o pueden definir en dónde termina la vida de una persona, en dónde va a terminar esa persona. No crean ustedes que pueden definirlo de esa manera.

Busquen primero su propia conversión. Busquen primero eso que han perdido por su soberbia. Ese es el mensaje de Cristo. Cristo no nos está diciendo que seamos tontos, miopes, ciegos frente a los pecados evidentes de otras personas. Lo que quiere Cristo es que no pretendamos saber en dónde va a terminar esa persona, porque su destino final no depende de nosotros sino del único que puede, como juez eterno, definir en qué acaba cada uno, ese es Dios.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM