Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La vocación de Abraham es el descubrimiento de su verdadero padre.

Homilía i121004a, predicada en 20110620, con 27 min. y 5 seg.

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Transcripción:

Hay ocasiones en que la historia o la Lingüística o la Arqueología, es decir, estas ciencias auxiliares, ayudan a descubrir elementos de la revelación, iluminan algunos aspectos. Por ejemplo, esto de la vocación de Abraham. Sucede que para escándalo mío descubrí que Abraham no salió de Ur. Y ahí está el pasaje de hoy. Dice aquí El Señor dijo a Abraham, sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre. Y luego dice más adelante. Tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán. Y resulta que si yo hubiera muerto hace unos cuantos meses, hubiera muerto engañado. Porque a uno siempre le dijeron eso. Con eso lo criaron a uno, que Abraham salió de Ur. Pues no señor, no salió de Ur. Salió de Harán.

Esta no es simplemente una curiosidad de la historia. Si uno se pone a mirar, ellos si eran de Ur. Pero además a uno le dicen Ur de los caldeos, pues los caldeos propiamente como pueblo no existían en esa época. Es como si a uno le dijeran, refiriéndose al tiempo de los indígenas aquí, antes de la llegada de Colón. Dijeran tal reunión tuvieron las tribus indígenas en Bucaramanga. No había Bucaramanga en esa época. Es una manera de decir cuál es el sitio, pero no que existiera. En esa época sí existía, pero los caldeos como tal no, como pueblo no, ellos se consolidan mucho después. Prácticamente mil años después, estarán en la cumbre de su poder, que es en la época en la cual se vuelven abusivos, imperialistas, invasores. Qué más aprendemos de estas ciencias auxiliares. Entonces, ¿tomó la decisión de salir de Ur? Porque sí la tomó alguien, la tomó el papá de Abraham, que se llamaba Téraj. Téraj fue el que inició ese movimiento. El que salió de Ur fue el papá de Abraham, junto con Abraham y junto con Lot y muchas otras personas. Es decir, el clan. El clan se puso en movimiento.

Si uno mira en el mapa, dónde queda Ur y dónde queda Haran, que no están tan lejos. Uno se da cuenta de que ya Téraj se estaba moviendo en dirección hacia Palestina, pero llegaron a Haran y ahí se estacionaron. Otra cosa, uno tiene la idea de que Abraham iba viajando solo con su familia. Resulta que hubo todo un movimiento migratorio en esa época, un movimiento que saliendo de Mesopotamia buscaba tierras nuevas hacia la región de Canaán, la región de Palestina. Es decir, que Téraj fue el que puso en movimiento al clan y ese movimiento tampoco era absolutamente inédito, inusual. Era parte de todo un movimiento, un movimiento de una multitud o bueno, de un número de personas que estaban intentando lo mismo, buscando mejores oportunidades, nuevas tierras, nuevas formas. Estos detalles tan humanos que nos da la ciencia y que nos da la historia ¿Qué nos dicen desde el punto de vista vocacional y de la fe? ¿Qué es el llamado de Abram? Como lo llama el pasaje de hoy. Porque luego vendrá el cambio al nombre Abraham. El llamado de Abraham ¿en qué queda?

Cuando uno examina todos estos detalles que Téraj lo mismo que muchas otras personas, muchos otros jefes de tribu, jefes de clan, se ponen en movimiento poco a poco hacia Palestina. Llegan a Harán y ahí se quedan. ¿Eso qué nos dice? Nos dice dos cosas. En primer lugar, que toda vocación dentro de lo divino tiene lo humano y dentro de lo humano tiene lo divino, y que es muy difícil tomar un bisturí y seccionar los milímetros de Dios y los milímetros del ser humano. Este movimiento migratorio fue, por decirlo así, la ocasión que aprovechó Dios para llamar a Abraham. ¿Y entonces, en qué consistió ese llamado? Y esta es la parte que a mí personalmente me conmueve más. ¿Sabe con qué historia la relaciono? Con la historia de Francisco de Asís. ¿Qué tiene que ver Francisco de Asís con Abraham? Pues tiene que ver que Francisco descubre un padre mejor.

La vocación de Francisco es la vocación de un papá nuevo, de un nuevo y mejor papá, o mejor, de un papá que a través del primer papá ya le mostraba algo de su ser. El papá de Francisco tenía una serie de cualidades. Apoyaba a su muchacho, quería verlo feliz, saludable, poderoso, acaudalado, bien conectado con la gente, con la ropita limpia del pueblo. El papá de Francisco quería a Francisco no lo odiaba, lo quería y era generoso con Francisco. Papá, que me voy de fiesta, lleve plata, mijo, disfrute, pásela bien. Pero ese tipo de papá, aunque algo nos cuenta, algo de la generosidad y la bondad de Dios, uno se da cuenta que ese tipo de papá todavía deja mucho que desear. No forma verdaderamente. Entonces Francisco descubre a Dios y en Dios descubre un nuevo papá, o mejor, descubre su verdadero Padre. Y cuando el papá de Francisco quiere confrontarlo y decirle qué es lo que pasa con usted, usted se volvió loco. Entonces lo que hace Francisco es terminar de volverse loco. Se quita la ropita, se la entrega a su papá de toda la vida, se la entrega y le dice ahora no tengo más papá que Dios. Y ahí es cuando el obispo de Asís acoge a Francisco. Y entonces lo que hizo Francisco fue descubrir un mejor papá. Esa fue la vocación de Francisco.

Pues algo parecido sucede aquí. Abraham, a pesar de que tenía todos esos años, según la terminología y el significado de los números en el Génesis. Porque imagínese, setenta y cinco años y todavía viviendo con el papá. Eso se llama apego. Setenta y cinco años y el papá todavía manda. Téraj todavía manda. Y el papá dice bueno, nos vamos y vamos a Harán y no sé qué. Y el hijo Abraham oye y obedece. Y llegan a Harán y se establecen. Y viene todo este movimiento migratorio y ellos conversan. Sobre todo Abraham. No puede decir el joven Abraham porque no era joven. Pero conversa con la gente de las caravanas. Ve, la cosa hace mucho sentido. Téraj era el papá de Abraham y Téraj lo llevó hasta un cierto punto, pero Téraj ya se sintió bien ahí. No se nos olvide que según la Biblia, Téraj alcanzó la edad de doscientos cincuenta años. Entonces probablemente ya estaba un poco cansado para esos trotes. Téraj ya se quedó ahí en Harán. Y ahí es donde viene la vocación de Abraham. Entonces, ¿cuál es la vocación de Abraham? El descubrimiento de un papá, es un cambio de paternidad. Hasta ese punto en su vida, la voz que lo había llevado a él era la voz de Téraj. Pero llegando a Harán. Una nueva voz se hace sentir. Porque Téraj cuando salió de Ur, que ya sabemos que no era propiamente Ur de los caldeos, sino Ur del pueblo, donde luego estarían los caldeos. Cuando Téraj salió de Ur. Su propósito era llegar hasta Canaán, llegar hasta Palestina. Ese era su propósito. Pero Téraj se quedó corto, se sintió ya cómodo, se estacionó. Y Abraham se sintió insatisfecho. Aquí algo falta. Esto no es.

Entonces Abraham recupera su propia identidad y es allí donde se deja escuchar la voz de Dios. Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre. Esos tres son sinónimos. Tu tierra, tu patria, la casa de tu padre. De hecho, la palabra patria, como sabemos, viene de padre. Patria es lo propio del papá. El ámbito del papá. La casa del papá, del Pater. Esa es la patria. Sal del ámbito de tu padre. Sal de la casa de tu padre. Yo soy tu padre. Esa es la vocación de Abraham. Sal de esa casa. Yo soy tu casa. Deja a Téraj, tu papá. Yo soy tu papá. Es tan hermoso. Abraham había seguido la voz de Téraj. Ahora Abraham sigue la voz de este papá. Un papá al que no ve pero al que escucha.

Y esto explica, por ejemplo, por qué la obediencia de Abraham es tan hermosa y tan perfecta. Es que Abraham había obedecido así a su papá. Cuando Téraj tomó la decisión. Nadie chistó en esa casa. Salimos de aquí. Nos vamos. Pues nos vamos. Agarre, empaque. Abraham estaba formado en la obediencia. La obediencia, acuérdate que la palabra obediencia, viene de ob audire. La obediencia es la escucha. El escuchar con una razón. Ob audire en razón de la escucha. Eso es lo que quiere decir obediencia. Entonces, Abraham estaba acostumbrado a escuchar. Estaba acostumbrado a escuchar y a obedecer. Por eso Dios, de algún modo lo que hace es tomar el lugar de Téraj. Lo que hace Dios es ahora tomar ese lugar para que la obediencia de Abraham no sea simplemente obediencia a un pequeño proyecto humano, sino obediencia a una historia inmensa, hermosa. La historia de la que también nosotros hacemos parte. Haré de ti un gran pueblo. ¿Quién era Abraham hasta ese momento? Era el estéril de la casa. Era el nada del clan. Ciertamente tenía algunas posesiones. Tenía algunos rebaños. Lo que le había dado Téraj a él. Abraham no tenía identidad hasta ese momento, era un apéndice de Téraj. Y le dice Dios haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, será una bendición.

La palabra que más se insiste aquí es la palabra bendición. Incluso lo que sigue. Bendeciré a los que te bendigan. Maldecir a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo. Bendición. Bendición. Esta es la palabra nueva. De hecho bendecir, decir bien es dar una palabra buena, una palabra que hace el bien. Entonces todo está en la palabra y todo está en la escucha. Recibe la palabra. El noviciado de Abraham, había sido largo, noviciado de setenta y cinco años. O sea, que no hay por qué quejarse. De ciertos noviciados que se prolongan. Eran setenta y cinco años de entrenamiento. Setenta y cinco años de escuchar y obedecer. Escuchar y obedecer, obedecer, escuchar, obedecer. Abraham estaba ahora listo. La vida lo había madurado para eso. La humildad del ser nadie. El reconocer su nada. Fíjate. Reconocer su nada. Aprender a escuchar. Aprender a obedecer. El terreno estaba listo. Listo para Dios. Y ahí llega la voz del Señor.

Abraham comenta su proyecto con otros. Abraham cuenta su llamado. Él no es un individualista ni un aislado. Es evidente que él cuenta en casa. Se lo cuenta, entre otros, a su sobrino, a Lot. Le cuenta Lot. Nadie le hace caso. ¿Por qué no le hacen caso? Porque están cómodamente estacionados. La vida en Harán les funcionaba. El que está cómodo no es peregrino, no sirve para peregrino. El que está establecido no sirve. Por eso la fe es para los incómodos, para los que están incómodos. Y aquí es muy importante la diferencia entre el verbo ser y el verbo estar. No es para los que son incómodos, sino para los que están incómodos. Sin embargo, los que están incómodos cuando reciben el llamado de Dios, se vuelven un poco incómodos, también. Causa un poco de revuelo esta idea de Abraham. Pero ya estamos bien aquí, ya. ¿Qué más vamos a buscar? a lanzarnos ahí a los caminos ¿A seguir hacia dónde? Ninguno de ellos, evidentemente, conocía hacia dónde podían llegar. ¿Hacia dónde vamos a ir? Aquí estamos bien, podían decir ellos, porque ellos tenían todo, la prosperidad de la fecundidad y la felicidad.

Por favor, esas tres palabras tenerlas presentes. Porque son las tres palabras de la religión de Baal. Prosperidad, fecundidad y felicidad. Y la religión de Baal es muy importante, como se comenta en un retiro que está en la página fraynelson.com. Porque la religión de Baal es la religión que también hoy florece, porque estos tres ideales no son únicamente de ese tiempo, sino de este tiempo. Prosperidad, fecundidad y felicidad. Entonces, ¿por qué la familia de Téraj se estaciona? ¿Por qué? se estaciona porque tienen esas tres cosas. Estamos prósperos, hay abundancia material, estamos felices, disfrutamos los bienes que tenemos, estamos fecundos. Esto va a durar por mucho tiempo. Harán es nuestra tierra. Bueno, ustedes conocen que Lot era sobrino de Abraham y ustedes conocen o recuerdan que Téraj es el papá de Abraham. ¿Qué quedó de todos esos cómodos? Nada. Su nombre se disolvió en el polvo de la historia. Los cómodos no dejan nada. Son los profetas. Son los peregrinos. Son los incómodos los que hacen camino. Son los incómodos los que escriben las páginas de la historia. Todos esos cómodos y remolones ahí felices. Aquí tenemos nuestros buenos rebaños. Aquí hacemos nuestros asaditos. Aquí tenemos hartos hijos. Aquí tenemos prosperidad por mucho tiempo. Y Abraham, el estéril Abraham, el que no tenía nada. Abraham les dice yo creo que debemos seguir.

Lo más importante es la relación que Dios establece con Abraham. Te bendeciré. Yo seré tu casa. Voy a hacer famoso tu nombre. Observemos una cosa, lo humano y lo divino dijimos. En las promesas que le hace Dios. Hay algo también de seducción dentro de lo humano. Es evidente que Abraham estaba perfectamente arrinconado en su casa. Es evidente que no significaba nada su vida. Ahí con su esposa, siempre que iban a repartir las porciones. Lo de Abraham, déle lo de Sarai y a los demás toca darles mucho, porque toca darles para los hijos, para los nietos. Y los otros ahí comiéndose su pedacito. Abraham no significaba nada y lo que Dios le dice es Tú significas mucho. Tú no eres un apéndice de tu pueblo, tú no eres un apéndice de tu papá. Tú, tú, tú cuentas para mí. Tú eres importante para mí y te voy a hacer importante a ti. Abraham plantea su idea. Sabemos que la plantea a otros porque se fue con Lot. Eso quiere decir que Abraham no salió como un fugitivo. No salió corriendo. Abraham habló con su familia. Sigamos, sigamos ¿qué? sigamos, sigamos caminando. Sigamos avanzando. ¿Avanzando para dónde? ¿Buscando qué? No sabemos cuál fue la respuesta de Sarai. No sabemos cuál fue la actitud de ella. No tenemos ni idea. En todo caso, ella se siente unida al camino de su esposo. Y Abraham le cuenta a Lot y Lot más joven que Abraham, se lanza un poco a la aventura.

Y es importante tener en cuenta esto, porque el relato del Génesis luego nos hace ver, que unas eran las motivaciones de Abraham y otras las de Lot. Va a venir pronto y tan pronto es en la lectura de mañana. O sea, que no se pueden perder ese próximo capítulo. En la lectura de mañana ya aparece el momento en que tienen que separarse Abraham y Lot, y ahí se ve cuáles eran las motivaciones de Lot. Lot era más bien un aventurero, era más bien un codicioso. Y él estaba un poco pensando como que me va mejor buscando lo mío. Lot se va a buscar lo suyo, un poco a la aventura. Abraham no es un aventurero. Abraham sigue siendo hijo de su padre, solo que ahora parece que ha descubierto que su padre es Dios. En todo caso, Lot parte con Abraham y estos dos se exponen a un peligro inmenso, inmenso. No hay seguridad en los caminos, no tienen amigos, no tienen una ciudad, no tienen a donde llegar. Realmente es la intemperie. Realmente es la epopeya de la fe. Demos gracias a Dios por este Abraham. Yo lo llamo el Abraham recuperado, el Abraham real. Me parece tan hermoso, tan humano y al mismo tiempo tan lleno de fe, tan poseído por Dios, tan iluminado por el Señor. Qué hermoso paso, salir de Harán. Cuando empezaron su recorrido. Probablemente en las noches, como suelen viajar los beduinos. Llega la noche, se empacan las posesiones y salen por una voz. Salen por una nueva relación, un amor que empieza a florecer en el corazón de este hombre, nuestro padre en la fe.

¿Qué podemos aplicar para nosotros? Pedir al Señor esa escucha, pedir al Señor que no nos deje acomodarnos. Porque uno se acomoda incluso a la manera de criticar. A veces uno dice que la crítica es para desinstalar, pero hay veces que uno aprende tanto la crítica de la desinstalación que se instala en la crítica. Entonces ya uno se instaló en la crítica. A mí me da un dolor pensar en hombres tan inteligentes y que yo creo que hubieran podido hacer tanto bien, como Leonardo Boff, un hombre con una crítica tan certera en tantas cosas de la Iglesia. Lutero, una crítica tan certera. Pero se instalaron en la crítica y finalmente eso les lleva a desgajarse de la Iglesia y, en cierto sentido, a perderlo todo. Entonces, cuando aquí decimos que no nos instalemos. Quiere decir que aprendamos a depender de Dios. Lo grande no es parecer revolucionario o parecer conservador. Lo grande no es parecer de derechas o de izquierdas. Lo grande no es parecer muy contemplativo o muy activo. Lo grande es depender de Dios. ¿Qué mandáis hacer de mí? Decía Santa Teresa. ¿Qué mandáis hacer de mí? Pues del todo me rendí. ¿Qué mandáis hacer de mí? Dice Santa Teresa. Que nosotros vivamos esa fe y alcancemos, como Abraham, el premio de la fidelidad y del amor.

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