Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El dar se hace con conciencia y alegría, no por apariencia ni obligación. Quien ha comprendido el valor de los bienes eternos da con el corazón, sabiendo que al dar en realidad recibe más.

Homilía i113011a, predicada en 20250618, con 7 min. y 38 seg.

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Transcripción:

Desde hace muchos años tengo una gran fascinación con el verbo dar. Es un verbo que creo que tiene como sabor de Dios, porque Dios desde el principio de nuestra existencia, de la de cada uno de nosotros, lo que ha hecho es darnos. Él nos ha dado el ser, Él nos ha dado que le conozcamos, Él nos ha dado su amor, nos ha dado su Hijo, nos ha dado el Espíritu. Es algo bellísimo, bellísimo. Y el verbo dar, en ese sentido, es un verbo que conecta profundamente con lo que más anhela mi corazón. Yo quisiera ser una persona que auténticamente se da, se da a la gloria de Dios y al servicio de los hermanos.

Bueno, estoy comentando esto porque es que la primera lectura de hoy, tomada de la Segunda Carta a los Corintios, nos habla de un episodio muy interesante de la vida de San Pablo. Pablo se dio cuenta de que los cristianos de Jerusalén y de los alrededores, es decir, los de Judea, estaban pasando gravísimas necesidades, muy posiblemente por la obra de las persecuciones. Pero también, y esto hay que temerlo, había una presión porque eran excluidos los cristianos.

Me explico, cuando empieza a marcarse profundamente la diferencia entre ser judío o ser cristiano, cuando esa diferencia empieza a marcarse con mucho, mucho vigor, pues entonces los judíos no querían mucho hacer negocios con los cristianos y por eso muchos cristianos que venían del judaísmo, al convertirse a la fe cristiana, perdían sus amistades, perdían sus negocios, perdían su manera de vivir, algo de esto encontramos como testimonio en la Carta a los Hebreos. Así que la situación no era fácil, definitivamente no era fácil para ellos.

Y Pablo, que era consciente de eso, quiere hacer como un intercambio de bienes. La lógica de Pablo es: Mira, si nosotros hemos recibido tantos bienes de esos cristianos de Judea, bienes espirituales, tiene mucha lógica que nosotros los apoyemos con bienes materiales. Ese es, el razonamiento de Pablo es ese, nosotros podemos y debemos apoyar con bienes materiales a aquellos que nos dan grandes bienes espirituales. Esa es la lógica de Pablo y por eso él está haciendo una colecta. Y ese tema de la colecta ocupa bastantes versículos en la segunda Carta a los Corintios.

Lo cual, entre otras cosas, nos recuerda que nuestra fe cristiana es siempre una fe encarnada, en el sentido de que es una fe que responde también a las necesidades corporales, también a las realidades duras, duras, que experimentan en su cuerpo nuestros hermanos en la fe. Muy bien, con esa claridad y con esa concepción, pues llegamos a un punto muy interesante y es cuáles son las condiciones básicas de ese dar, el dar que hizo posible la colecta aquella y el dar que debe caracterizarnos a nosotros como cristianos, como católicos, ¿cuál es? Cuál es la, podríamos decir, cuál es la actitud adecuada para dar.

Y Pablo, en la primera lectura de la santa misa de hoy, nos da dos pistas muy importantes. Primero, él nos habla de que hay que dar en conciencia, dar en conciencia, es decir que es un dar que no proviene, por ejemplo, de la apariencia. El que da por quedar bien, el que da por aparentar no está dando en conciencia, sino está dando digamos para quedar bien, para impresionar, para que no lo señalen. No es algo que salga realmente de su ser, no es algo que provenga de su corazón, es un engaño realmente. Entonces, hay que dar en conciencia, que es como decir, dar de corazón, dar con convicción.

Pero viene la segunda característica, dar con alegría. Y uno podría preguntarse si estas dos condiciones son siempre compatibles. Es decir, ¿puedo dar en conciencia y al mismo tiempo dar con alegría? ¿A qué viene la pregunta? A que la persona que está apegada a sus bienes, cuando tiene que desprenderse de ellos, le cuesta. Y si le cuesta, tal vez no siente tanta alegría. Además, la persona que tiene mucha alegría para dar, pero da de una manera irresponsable, como el hijo pródigo cuando llevaba esa vida de fiestas y de mujeres y de banquetes. Él estaba dando mucho y daba con alegría, pero no daba en buena conciencia, en el sentido de que era un irresponsable.

Entonces, ¿cómo puede uno al mismo tiempo dar en conciencia y dar con alegría? Sólo hay un modo y es cuando uno tiene claridad sobre cuáles son los bienes superiores. Cuando uno tiene esa claridad, cuando uno sabe cuáles son los bienes superiores, entonces uno aprende a dar en conciencia y a la vez con alegría. Uno da en conciencia porque es un acto sincero y reflexionado, bien pensado, pero uno también da con alegría, porque uno se da cuenta que el bien, el bien que uno comparte, es menor que el bien que uno recibe.

Por eso también, dice Pablo en el libro de los Hechos de los Apóstoles: Es que hay más alegría en dar que en recibir. Entonces, solo se puede dar con alegría si yo tengo los ojos tan abiertos a la bondad de Dios y a la manera de actuar de Dios, que comprendo perfectamente que lo que yo doy, lo que yo doy, en realidad es menor que lo que yo recibo, cuando doy. O sea que el dar trae una satisfacción, trae una bendición, trae algo que es superior, superior a lo mismo que yo estoy dando.

Conclusión, dar en conciencia, es decir, con las cosas bien pensadas y de corazón, pero dar con alegría, porque nuestros ojos han sido abiertos por el mensaje del Señor y entendemos que cada vez que damos, en realidad es mucho más lo que recibimos. La gloria para Dios y que Él haga generoso mi corazón, y también el tuyo. Amén.

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