Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La comunicación cristiana de bienes es la manera en la que después de compartir el tesoro más grande, Jesucristo, también compartimos la gracia de apoyarnos, de amarnos, de satisfacer las necesidades de unos y de otros.

Homilía i113010a, predicada en 20230621, con 7 min. y 29 seg.

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Transcripción:

Uno de los temas principales en la segunda carta a los Corintios es la famosa colecta. Es decir, una invitación que Pablo hizo después de una iniciativa de su amigo y discípulo Tito, el mismo de la carta a Tito en el Nuevo Testamento, una invitación a dar dinero. Y ¿qué propósito tenía ese dinero? Apoyar a los cristianos que estaban en Jerusalén. Hay varias lecciones que podemos aprender aquí y yo le pido al Espíritu Santo que me ayude.

La primera lección es lo que, por ejemplo, los obispos en Colombia han llamado: Comunicación Cristiana de Bienes. Es decir, que nosotros, que compartimos el bien inmenso de la fe, que pertenecemos al mismo Cristo, que somos alimentados por la misma Eucaristía, nosotros no podemos, así como se oye, no podemos abstenernos de compartir otros bienes. Si yo comparto contigo el tesoro más grande que es Cristo, cómo no voy a compartir contigo aquellos bienes menores de los que, tal vez, tienes necesidad. Como pueden ser, por ejemplo, los bienes propios de la alimentación o del vestido.

Es decir, que la comunicación de bienes en nuestra fe cristiana no es el efecto de una postura filosófica, política o estatal como en el comunismo. No, nosotros no compartimos bienes porque lo diga el Estado, porque el Estado desapropie, nosotros no compartimos bienes porque el Estado se convierta en dueño de todo para quitarle a uno y darles a otros, ese no es el modelo cristiano. Y perdónenme que lo diga con tanto énfasis, pero es que todavía, hasta hace unos pocos meses resultó una persona escribiéndome y decía: El primer comunismo es el de los Hechos de los Apóstoles. Por Dios Santísimo, cómo se va a decir una barbaridad de esas.

Eso no es comunismo lo de los Hechos de los Apóstoles. El comunismo siempre supone que hay una especie de gran ídolo, dueño de todo, que es el Estado, y el Estado es el que le quita a unos y les da a otros. Y por eso, el Estado es el gran redistribuidor. Y eso es lo que hace básicamente el comunismo, redistribuir. Y por eso, el gran problema del comunismo, económicamente hablando, siempre es la creación de riqueza, porque el comunismo supuestamente tendría que ser bueno para distribuir, pero no para crear riqueza. Y la creación de riqueza en el comunismo, queda sujeta a las presiones del Estado.

O sea, lo que hacía José Stalin, allá en la Unión Soviética hace unos 70 años o cosa parecida. Entonces, que nos quede claro, esta generosidad cristiana, como la de la colecta que organizaron Tito y Pablo, esa generosidad cristiana no es comunismo, porque la generosidad cristiana empieza por la conciencia de que tú has recibido el mismo tesoro que yo. Tanto es así, que tú te conviertes en un regalo para mí y yo me convierto en un regalo para ti, eso no lo tiene el comunismo. Bueno, yo creo que esa parte ya queda clara.

Pero hay otro elemento que hay que destacar aquí y es cómo Pablo hace una especie de cruce de cuentas. Dice: Mire, ustedes recibieron de los cristianos de Jerusalén, ustedes recibieron la fe y ellos reciben de ustedes los bienes materiales. Es decir, esta colecta de dinero. Hay como un cruce, ustedes los apoyan materialmente a ellos, porque ellos los han alimentado espiritualmente a ustedes. Ese cruce me parece tan bello porque tiene muchas aplicaciones en la vida de la Iglesia. Por ejemplo, pongámonos a pensar los inmensos bienes espirituales que nosotros recibimos de los monasterios de clausura.

Tú te has puesto a pensar desde una perspectiva claramente iluminada por la fe, tú te has puesto a pensar cuántos bienes recibimos de la oración, de la vida escondida y penitente, de los monjes y de las monjas, ¿te has puesto a pensar en eso? Ellos atraen para el mundo torrentes de bendiciones y es nuestro deber apoyar la vida consagrada, muy particularmente la vida de los monjes y monjas de clausura, apoyarlos, ese es un ejemplo. Otro ejemplo, nosotros nos damos cuenta que en las parroquias se ofrece la Santa Misa.

Y ya nos ha aclarado varias veces el Papa Francisco que no hay ningún dinero que pueda pagar lo que vale la Eucaristía, que de hecho, la Eucaristía, el bien inmenso infinito de la Eucaristía, es un bien gratuito, gratuito. Asistir a la santa misa, vivir la santa misa, alimentarse de la predicación, comer el Cuerpo de Cristo, eso no tiene ningún costo. ¿Significa eso que yo puedo dejar que se hunda financieramente mi parroquia? Claro que no, yo recibo bienes inmensos de mi parroquia o de una comunidad o movimiento donde yo me estoy alimentando. Yo tengo el deber de colaborar con eso.

Ese es el esquema de San Pablo. O sea, toma conciencia de que, así como tú recibes, es bueno que tú des. No porque tú vayas a pagar, no hay manera de pagar los bienes infinitos que recibimos de la gracia del Espíritu, eso no se puede pagar. Pero lo que sí es cierto es que esos bienes inmensos, esos bienes infinitos, no quitan la necesidad de los predicadores, de los sacerdotes, de los obispos, de las comunidades religiosas.

Entonces, vamos a apoyar, esa es la Comunicación Cristiana de Bienes. Esa es la manera como después de compartir un mismo tesoro, un mismo regalo que es Cristo, también compartimos la gracia de apoyarnos, de amarnos, de satisfacer las necesidades unos de otros. Tal vez tú me dirás: Estamos lejos de eso, ya lo admito, estamos lejos. Pero si estamos lejos, ¿qué es lo que hay que hacer? Avanzar, avanzar hacia ese ideal, caminar en esa dirección. Amén.

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