Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Es la mano del amor la que abre el corazón: es la llave por la que probablemente se pueden abrir muchos corazones al encuentro con Dios.

Homilía i113009a, predicada en 20210616, con 5 min. y 50 seg.

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Transcripción:

La primera lectura en la Santa Misa de hoy la vas a encontrar en el capítulo noveno de la segunda Carta de San Pablo a los Corintios. Sigue el tema de la generosidad, porque tiene que ser una característica nuestra, fíjate que la generosidad va directamente en contra como respuesta y sanación a ese egoísmo, a ese individualismo en el que tan fácilmente podemos caer en nuestro tiempo.

Y ¿qué nos enseña sobre la generosidad San Pablo en el pasaje de hoy? Yo diría que por lo menos dos cosas. La primera es sembrar generosamente, o sea, que nuestra generosidad empiece en la siembra, ese es el primer punto. Y segundo, el dar de buena gana, no a la fuerza. Aprendamos un poco estas dos lecciones que nos ofrece la Palabra de Dios en este día.

Empecemos por aquello de sembrar generosamente. No sé, puede ser un poco por la formación matemática que tuve en mi juventud, yo miro este consejo de San Pablo en términos estadísticos, ¿qué es sembrar generosamente? Sembrar generosamente es tener en cuenta que muchas de las semillas no van a prosperar y que, por consiguiente, si tú siembras poco, pues estadísticamente lo que vas a lograr es muy poco. Pues es lo que dice San Pablo en este capítulo noveno de la segunda Carta a los Corintios. Dice él: El que siembra tacañamente va a cosechar tacañamente, o sea, muy poco, es un tema estadístico.

Piensa, por ejemplo, en lo que quiere decir sembrar vida cristiana. Nosotros sembramos vida cristiana, ante todo, con nuestro testimonio. Es decir, en la medida en que nosotros transmitimos esa bondad que hemos recibido, estamos sembrando en otros. Pero, si mi testimonio es de un día, de un solo día, estoy exagerando, quiere decir que la persona que me ve o que me conoce o que me trata en ese único día tendría que tener las disposiciones exactas. Acuérdate el tema aquel de la parábola del sembrador, tendría que estar en su día de terreno perfecto para recibir lo que yo le voy a dar en ese único día, en ese único día.

¿Te das cuenta del problema? Es decir, yo le estoy exigiendo demasiado a la vida, si creo que con que yo siempre una vez se van a conjugar todos los factores para que mi siembra de esa semilla salga perfecta. En cambio, si yo estoy ofreciendo el testimonio todos los días, hay muchas más probabilidades de que algún día eso que estoy tratando de sembrar le llegue a mi hermano, a mi prójimo, le llegue a los demás, esa es la idea. Yo no sé cuándo una palabra oportuna, una palabra caritativa, un rato de escucha, una oración va a tener aquella respuesta, yo no sé cuándo va a suceder.

De hecho, sé que muchas veces voy a encontrar dificultad y que muchas veces el terreno no va a estar preparado, eso lo tengo claro. Si lo tengo claro, entonces debo saber que, si estoy sembrando poco, estadísticamente lo que voy a obtener es un fracaso. Entonces, el dar el testimonio constante, el orar con frecuencia, el tener esa palabra oportuna un día y otro día y otro día, hay que hacerlo. Y ¿por qué hay que hacerlo? Porque yo no sé cuál es el día en que van a darse aquellas circunstancias para que esa siembra prospere.

Y ahora veamos lo otro, sembrar de buena gana. ¿Por qué nos dice San Pablo que no sembremos como obligados, que no sembremos simplemente presionados por las circunstancias? Mira, es la mano del amor, la que abre el corazón, el corazón humano no tiene otra manera de abrirse. Tú le puedes ofrecer las mejores razones a una persona, tú le puedes ofrecer tus más inteligentes propuestas o puedes tener el absurdo de presionar y violentar a la persona, no lograrás nada. Cuanto mayor sea tu presión sobre la persona, más se va a bloquear. Solo hay un modo por el que probablemente, probablemente se va a abrir ese corazón, ese modo se llama amar.

Y si el amor nace muerto en ti, es decir, si no nace, ¿qué crees que va a suceder? Entonces, dar por obligación es dar sin amor. Y si das sin amor, quiere decir que perdiste la única llave que podía abrir el otro corazón. Entonces ¿qué esperas, hermano, qué esperas que vaya a suceder? Dar de buena gana es, de parte nuestra, tener esa llave, esa llave de amor con la cual probablemente, fíjate cómo insisto en el adverbio, probablemente se llegará a abrir ese corazón. Así que sembrar con generosidad y sembrar de buena gana, sembrar con amor. Amén.

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