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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La generosidad es amiga de la paz, hace que tu mente se concentre en aquello que tienes y puedes hacer y te hace imitador de Dios alcanzando la plenitud humana.
Homilía i113008a, predicada en 20190619, con 5 min. y 34 seg. 
Transcripción:
Hoy vamos a hablar de las bendiciones que trae la generosidad. Es decir, que cuando te arriesgas a ser generoso, empiezas a experimentar bendiciones renovadas en tu vida. No se trata de algo mágico, por supuesto, y no se trata tampoco de hacer negocios con Dios, como quien dice: Ya te di esto, ahora tú tienes que darme tanto. Dios no es una entidad bancaria y no se trata de hacer una especie de depósito a término. Pero la generosidad trae grandes bendiciones y es bueno saber por qué, hoy vamos a mencionar tres.
Primera, la generosidad hace que tu mente se concentre en aquello que sí tienes, en aquello que sí puedes hacer, en aquella bondad, en aquellos talentos, en aquellos recursos que ya están en tus manos. Este énfasis en lo que ya tienes, es exactamente lo opuesto de lo que sucede en el corazón egoísta, en el corazón tacaño o en el corazón codicioso. El corazón codicioso o tacaño se concentra en lo que no tiene, porque precisamente, en la medida en que se fija en que yo debería conseguir tal automóvil, yo debería tener tal casa, yo debería vestirme con tal marca de ropa, yo debería, yo debería.
Esa persona se concentra de tal manera en lo que no tiene, que su vida se vuelve profundamente amarga. No es un secreto para nadie que la tacañería es una receta para la amargura, para la tristeza, incluso para la ira. Además, piensa una cosa, en la medida en que te concentras en lo que no tienes, tú mismo estás cerrando puertas. El generoso, al concentrarse en lo que sí tiene, está preparando sus ojos y su mente para ver oportunidades, para ver qué puede seguir, qué puede hacerse con lo que sí tengo.
Mientras tanto el otro, el tacaño, al concentrarse en lo que no tiene, tapa sus ojos a las oportunidades que la vida le va dando. Entonces, la generosidad trae una enorme bendición y es que te ayuda a tener muy claro el inventario de tus bienes, de tus recursos, de tus capacidades, y así te abre camino hacia las oportunidades.
En segundo lugar, la generosidad, como lo dice San Pablo en la primera lectura de hoy, capítulo noveno de la Segunda Carta a los Corintios, la generosidad nos hace imitadores de Dios. No se nos olvide que nuestra primera vocación es precisamente, ser imagen y semejanza de Dios. Y por eso, la persona generosa, sobre todo si la generosidad no depende tanto de una respuesta, sino que brota con abundancia de un corazón que quiere dar, esa persona generosa se va haciendo semejante a Dios.
Y en la medida en que se hace semejante a Dios, alcanza una plenitud humana, porque la realidad es esta, y lo decía muy claramente el Papa Benedicto, jamás alcanzaremos la plenitud humana si no miramos hacia Dios, somos imagen suya. Entonces, hay un crecimiento personal, hay una especie de plenitud que ya la puedes empezar a experimentar. De hecho, la alegría que se siente al dar, la alegría que se siente al compartir, es una alegría que inmediatamente nos trae la noticia de un bien.
Dice Santo Tomás: La alegría surge ante la noticia del bien. Practica la generosidad y descubrirás cómo inmediatamente te sientes más cerca del Señor. No es casualidad que tantas obras buenas, como decir hospitales, escuelas hayan surgido en un contexto de caridad y de vida cristiana, es normal, es la semejanza con Dios.
El otro aspecto de la generosidad es que la generosidad es amiga de la paz. Observa que la persona tacaña, la persona egoísta, en la medida en que se concentra solamente en lo suyo, está siempre listo a iniciar una pelea, cuando cree que le van a quitar algo o cuando cree que puede adueñarse de algo y puede tomarlo para sí. Y si otro está interesado en lo mismo, pues vamos a la pelea. La generosidad es amiga de la paz, la generosidad produce esa capacidad de entender la necesidad del otro y de no entrar en disputas innecesarias.
Sigamos, pues, el consejo del gran apóstol Pablo y sobre todo el ejemplo que nos ha dado Cristo. A ver, a mejorar esa generosidad, a mejorar esa generosidad, mis hermanos.

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