Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La generosidad cristiana no es simple solidaridad o filantropía, es verdadera caridad que busca reconstruir la especie humana, como lo hizo Cristo en la cruz.

Homilía i113007a, predicada en 20170621, con 6 min. y 2 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy ha sido tomada de la segunda Carta a los Corintios en el capítulo noveno, seguimos con el tema de la generosidad, un tema que no es simplemente asunto de solidaridad económica o de filantropía en la mente de San Pablo. A ver ¿qué entendemos por solidaridad económica? Es un acto de justicia social. Por ejemplo, no es justo que una proporción enorme de la población esté recibiendo salarios de hambre. Entonces, nosotros nos solidarizamos con la causa de aquellos que son explotados porque queremos que sus derechos sean respetados, eso es solidaridad.

O por ejemplo también, un sector de la población ha padecido una catástrofe porque se desbordó un río, porque hubo un terremoto. Entendemos que es grande su necesidad y entendemos que no es justo que las personas que sufrieron esa calamidad tengan que verse expuestos a tan graves daños sin nadie que les ayude, entre otras cosas porque entendemos que cosas parecidas nos podrían pasar a nosotros. Eso es solidaridad y la solidaridad es bella, pero San Pablo está hablando de algo más alto todavía.

Entonces, tomemos otra palabra, la palabra filantropía. Filantropía es una palabra que viene de la lengua griega. El verbo phileo quiere decir querer, amar, y ánthropos quiere decir hombre, ser humano. Entonces, la filantropía es como amor a la humanidad. Y hay personas que han sido llamadas precisamente filántropos, porque son personas que apoyan con generosidad algunas causas. Por ejemplo, una persona que ha tenido enormes ganancias económicas dice: Yo quiero ayudar a solucionar el problema del agua potable en tal sitio, y dona tres millones de dólares para que esa situación se pueda arreglar.

O también hay filántropos que apoyan a artistas o que apoyan otro tipo de obras culturales y a esas personas ciertamente las admiramos porque hacen posible que otros alcancen su plenitud a través de talentos o a través de la superación de dificultades. Pero, lo que Pablo nos propone es todavía más que filantropía. Fíjate que estamos haciendo como una escalera, el escalón más bajo es la simple solidaridad que prácticamente se funde con el lenguaje de la justicia. El segundo escalón es el escalón de la filantropía.

La filantropía supone ya un acto, una iniciativa, para mejorar la vida de otras personas que, quizás, no tienen ninguna relación conmigo o para apoyar una obra cultural, científica o artística que no podría llegar a su meta sin esa clase de auxilio. Eso está muy bien, esa es la filantropía. Pero es que el modelo que tiene Pablo es el modelo de la caridad, es decir, la generosidad cristiana no es simplemente solidaridad, no es simplemente filantropía, es verdadera caridad. Y ¿cuál es la novedad que trae la caridad?

Se nota especialmente cuando, en el esfuerzo por ayudar a una persona, nos enfrentamos con cosas muy duras, como, por ejemplo, la ingratitud o el mal uso de los recursos. Es verdad que hay muchas personas que son generosas, generosas con generosidad y filantropía, pero si ven que se está haciendo mal uso de los recursos, pues entonces se le cierra la llave a esa gente, no los vamos a ayudar más y vamos a ayudar en otras partes. Digamos que es algo que uno humanamente entiende perfectamente.

Es decir, cerramos aquí y nos vamos a otra parte porque ahí no saben administrar los recursos o se los están robando. Lo mismo pasa con el tema de la ingratitud, si estamos tratando de hacer el bien a una persona y esa persona, al contrario, responde con violencia, por ejemplo, o con amargura, pues no quedan muchas ganas de ayudar. Tristemente, algo de eso sucedió no hace mucho en Alemania. Alemania es uno de los países que ha recibido un mayor número de refugiados del Medio Oriente.

Y resulta que una de las personas que trabaja en la Cruz Roja fue apuñalada por uno de estos refugiados. Y uno no entiende, uno se lleva las manos a la cabeza y uno dice: Bueno, pero ¿cómo así? Es decir, no tiene sentido que esta persona está recibiendo ayuda y la manera de pagar es con violencia o con ese tipo de atentados. Ahí es donde aparece la caridad, ahí es donde brilla con toda su fuerza el amor que Cristo ha manifestado, por ejemplo, en la cruz. Ahí es donde aparece, porque la caridad no se detiene ni siquiera frente a las perversiones de la ingratitud o del mal uso de los recursos.

Entonces, ¿qué, la persona caritativa es una persona tonta que se deja explotar? No, no estamos diciendo eso. Estamos diciendo que la caridad es como un diluvio, pero no un diluvio de destrucción, sino como un diluvio de reconstrucción de la especie humana. O sea que la respuesta a la que llega la solidaridad y a la que llega la filantropía es, si no vas a aprovechar lo que te estoy haciendo, la manera como te estoy ayudando, entonces pues allá tú con tu problema.

La caridad, en cambio, no obra así. La caridad es, me rechazaste, no entendiste, voy a buscar otro modo, voy a buscar otro modo. La caridad siempre está buscando otro modo. Y eso es lo característico del Buen Pastor, el que busca la oveja perdida. Y esa es la manera como Dios nos ha amado y es la clase de amor que ha de caracterizar a los verdaderos cristianos.

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