|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Invitación a ser generosos de corazón.
Homilía i113006a, predicada en 20150617, con 18 min. y 23 seg. 
Transcripción:
Siguiendo nuestro propósito para esta semana, reflexionemos sobre la primera lectura que como en los días anteriores, ha sido tomada de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios. Quiero subrayar tres frases que hemos oído hoy. Primera: «El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará». Segunda: «Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores». Y tercera: «Siempre seréis ricos para ser generosos». Son las tres frases que quiero destacar en esta ocasión.
Primera, el que siembra tacañamente, tacañamente cosechará. Claramente este pasaje del capítulo noveno de la Segunda Carta a los Corintios es una invitación a la generosidad. Hemos explicado en las otras homilías de esta semana por qué Pablo invita a la generosidad, está haciendo una colecta, está reuniendo algunas donaciones para llevar a los cristianos perseguidos de Jerusalén. Y es interesante que Pablo llama a esas donaciones, las llama una siembra. Y por eso advierte: El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará, es una siembra.
Esa imagen de Pablo la podemos aplicar a muchas realidades de nuestra vida. Por ejemplo, podemos preguntarnos ¿qué es lo que estamos sembrando? Podemos preguntarnos qué sembramos a partir de nuestras actitudes, nuestro comportamiento, nuestras palabras. Podemos preguntarnos qué sembramos a partir de nuestros actos, nuestras actitudes, nuestros hábitos. Precisamente Santo Tomás de Aquino, refiriéndose a los hábitos, dice que son algo que uno cultiva. Cada acto que se repite amorosamente, persistentemente, es como semilla que se va sembrando y la cosecha que se recoge es el buen hábito.
De esa manera, seguramente desde niños aprendimos unos cuantos buenos hábitos. Hábitos que tienen que ver, por ejemplo, con nuestra higiene o que tienen que ver con la urbanidad. Dice Tomás de Aquino que los hábitos se convierten como en una segunda naturaleza para nosotros, de modo que ya uno no tiene que pensar demasiado para realizar aquellos actos que son propios de los hábitos adquiridos. Una persona que se ha acostumbrado a ser decente y bien educada no le cuesta ningún trabajo, cuando llega, saludar y cuando se va, despedirse.
No tiene que pensar mucho qué era lo que yo tenía que hacer, ahora que entré aquí y vi esta gente, qué es lo que yo tenía que hacer, qué era, qué era, ah tenía que saludar. No, es algo que se vuelve casi automático. Me parece que esa perspectiva con respecto a la siembra es interesante porque esos hábitos que vamos cultivando, son también las cosas con las que nos vamos quedando. Vi una conferencia muy interesante donde una señora cuenta el drama de su papá. El drama consiste en que este hombre padece la enfermedad de Alzheimer.
Como seguramente sabemos, el Alzheimer es una enfermedad que va quitando la memoria de la persona. Pero resulta que la memoria humana se parece mucho como una cebolla por capas, de modo que la persona que empieza a padecer de Alzheimer empieza a perder primero la memoria de las cosas más inmediatas. Y a medida que la enfermedad avanza, cada vez se acuerda de menos cosas, pero las cosas que recuerda son las que están más adentro y son las que están más profundo y son las que, en cierto sentido, caracterizan más, las que marcan más a la persona.
Lo más interesante de esa conferencia es que esta señora decía: Yo vi a mi padre en el proceso de la enfermedad. Y para ella ver a su papá en esa condición fue como ver que su corazón, el del papá, cada vez quedaba más desnudo, porque al quitar todas esas capas, lo que va quedando es lo que la persona ha sembrado más profundamente.
Entonces, a ella le llamaba mucho la atención que su papá cuando ya la enfermedad estaba muy avanzada, seguía siendo un hombre amable y un hombre bondadoso, y un hombre que se preocupaba por los demás. A veces se le olvidaban las palabras, pero él sabía que, si llegaba un extraño a la casa, había que darle algo de comida. Había olvidado mucho, pero era tan profunda la raíz del bien en el corazón de ese papá, que aunque se le olvidaran muchas cosas, no se le olvidaba ser bueno.
Yo amé mucho y amo mucho a una tía mía, también madrina mía de bautismo. Murió prematuramente por un aneurisma. Siempre fue una persona muy piadosa. Esta tía mía lamentablemente, bueno estaba así en el plan de Dios, un día empezó a quejarse de un modo acelerado y violento, de un dolor de cabeza terrible, estaba a segundos de que estallara el aneurisma. Estalló efectivamente, el daño cerebral fue prácticamente inmediato, perdió la conciencia, perdió todo control sobre su cuerpo.
La llevaron a la clínica, cuando llegó a la clínica, el diagnóstico era muerte cerebral. Por una circunstancia inesperada, mi papá estaba en esa casa, que es distinta de nuestra ciudad, mi papá estaba en esa casa haciendo una visita. Y, por supuesto, cuando se presentó esta tragedia, mi papá se fue con mi tía a la clínica. Mi tía estaba completamente inconsciente, el diagnóstico era muerte cerebral. Respiraba pausadamente, a veces se agitaba un poco, pero en la palabra de los médicos, ya había que esperar lo peor.
Y ahí estaba mi papá. Mi madre, hermana de esa tía, mi madre no estaba ahí. Mi madre estaba con nosotros aquí en Bogotá. En esas circunstancias, en medio de la noche, mi papá está con esta mujer que ha tenido su crisis neurológica terrible. De repente, en medio de la noche, se oye una voz. La tía habló, lo cual no tiene explicación médica alguna. Lo que dijo mi tía en ese momento fue: Sagrado Corazón de Jesús en vos confío, unos minutos después murió.
Cuando uno se pone a pensar eso, uno se da cuenta hasta qué raíz profunda del corazón estaba la fe y la confianza en Jesús, en esta mujer. Según los médicos, los centros del habla y todo lo que explican ellos del cerebro, ya eso estaba muerto. Pero por lo visto el Sagrado Corazón estaba más adentro, más adentro que todo. Algo parecido le sucedió a mi madre. Mi madre tuvo que ser operada del cerebro por un tumor, nunca se recuperó, nunca recuperó la conciencia. Precisamente la tía mía, muy amada, que es de la Presentación, vino, por supuesto, a acompañar a mi madre en esa convalecencia, después de la operación.
Todos con gran esperanza de que la operación saliera bien, pero salió mal, así pasa. Mi mamá no articuló una palabra en esa convalecencia, o mejor dicho, sí. Durante todas esas semanas que muchas personas la acompañaron, yo fui de los que la acompañé menos, en esa época era Prior en el convento de Chiquinquirá y tenía que dividir mi tiempo, correr de un lado a otro, a mi madre la tenían aquí. Yo fui de los que menos la acompañé, hice todo lo que pude en mis circunstancias.
Bueno, mi tía, la hermanita de la Presentación, estaba ahí. Y he aquí otro caso parecido, en un momento dado, esta tía mía, que por supuesto merece toda la credibilidad, escuchó de mi madre que no había hablado semanas enteras y que no volvía a hablar más, estas palabras, tres palabras: Saludos a Chicho, Chicho es el nombre que toda la vida se le ha dicho a mi papá. Saludos a Chicho, esa fue su despedida. Unos días después, murió mi mamá, de esto va a ser unos cinco años. Por supuesto, eso fue un motivo de gran consuelo, pero también un motivo de mucha reflexión.
Hasta dónde amaba mi madre a su esposo, que en esas condiciones las palabras que le salieron como de un modo automático fueron: Saludos a Chicho y se murió mi mamá. Entonces, esta doctora, ahora vuelvo a la conferencia. Esta doctora decía: ¿Cuáles son los pensamientos que usted más repite? Porque esos son los que usted tiene en el centro. Y el día que usted como me puede pasar a mí, como le puede pasar a cualquiera, el día que usted tenga un Alzheimer, eso es lo que va a quedar a la vista.
Es que nosotros, los adultos, somos bastante hábiles en ponernos todo tipo de maquillajes, máscaras y disfraces. Pero, a veces, la fuerza de la vejez, a veces la fuerza de la enfermedad y a veces la fuerza de una operación en el cerebro, dejan desnuda el alma. Y el alma desnuda de mi tía dijo: Sagrado Corazón de Jesús. Y el alma desnuda de mi mamá dijo: Denle un saludo a Chicho. ¿Qué dirá mi alma, la mía, cuando esté desnuda? Porque yo ahora hago lo que puedo, ¿no? Yo trabajo y subo, bajo, viajo.
Pero yo no voy a ser siempre así, qué enfermedad me espera a mí, cuál será mi operación cerebral, cuál será la aneurisma que me espera a mí o a ti. Y cuando mi alma quede desnuda ¿qué va a decir? Pues lo que va a decir es lo que esté realmente en lo profundo de mí, lo que yo esté sembrando con abundancia, no con tacañería. Entonces, decía esta mujer: Llenen su alma, llenen su vida, llenen su cerebro de amor. Y decía ella: Lo que me ha enseñado mi padre con Alzheimer es que finalmente uno no engaña a nadie. Finalmente, lo que uno es, es. Y eso es lo que aparece ante Dios.
Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores, nos dice San Pablo. Qué importante esto para no economizar tanto, para no economizar tanto las sonrisas, los abrazos, las oraciones, los perdones, tiene Dios poder. La idea que yo tengo de hace muchos años sobre el amor al prójimo, yo no sé ni dónde la leí o la escuché, es la idea de un tubo, a veces pienso en un tubo, a veces pienso en una cuerda. Y cuando una persona espera amor de mí, es como si me pidiera cuerda, que yo le dé cuerda, que entregue de esa cuerda.
Y siempre el temor de uno es que se le va a acabar la cuerda, como cuando Pedro dijo: Pero cuántas veces tengo que perdonar. Cuando Pedro habló así, lo que estaba diciendo es: Se me está acabando la cuerda de los perdones. Y Jesús le dice: Todavía hay mucha cuerda. Lo que está diciendo Jesús es que, si tú das de esa cuerda, más te llega. Lo del tubo es bonito, porque el tubo que no da agua está condenado a que se le fermente el agua. Por eso, en algunos lugares de Colombia se utiliza la expresión: podrido como agua de florero.
Porque el agua de florero que no circula se fermenta y se daña. El agua para hacer agua parece que necesita correr, darse, entregarse. Y esto es tan importante porque para que me llegue más agua tengo que dar la que tengo, para recibir más cuerda, tengo que dar cuerda. Y Pablo nos dice: Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores. Y la última frase me llama la atención, sobre todo por su estructura en la lengua griega. Yo no sé suficiente griego, vamos a tener que preguntarle a la hermana Ana Francisca y algunos otros expertos.
Pero dice aquí: Siempre seréis ricos para ser generosos. Pero si uno mira el texto, ¿qué va primero? Esto es como el huevo y la gallina, ¿no? Será que Pablo está diciendo, procura ser rico para que seas generoso, o será que Pablo está diciendo, procura ser generoso para que seas rico. Yo me inclino a pensar, porque es que la construcción griega es un poco ambigua. Yo me inclino a pensar que el sentido en realidad es ese, procura ser generoso para que seas rico, para que seas rico. Y esto en todo, esto en todo.
Si tienes capacidad de oración, generoso con la oración, por favor, qué harta falta hace. Si tienes buena salud, generoso, por favor, en desgastarte por otros. Mi Dios te dio inteligencia, generoso en repartir sabiduría. Mi Dios te dio capacidad de acogida y de misericordia, generosos con lo que hemos recibido, siempre seréis ricos para ser generosos. Mucho me parece que el sentido de la frase es, cuando somos generosos nos vamos volviendo ricos. Y por eso termina San Pablo diciendo: Así Por medio de ustedes se dará gracias a Dios.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|