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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Para llegar a la verdad dentro de nosotros necesitamos tomar distancia frente a opiniones y pareceres: ¿Cómo soy cuando no tengo que ser nada?
Homilía i113004a, predicada en 20130619, con 4 min. y 29 seg. 
Transcripción:
Una de las expresiones más frecuentes, pero también más extrañas que utiliza Cristo en el Sermón de la Montaña, es aquello de lo escondido: «Tu Padre que ve en lo escondido». Esa expresión ha hecho su aparición, por ejemplo, en el texto de hoy, tomado del capítulo sexto de San Mateo. Claramente, estamos todavía en nuestra reflexión sobre el Sermón de la Montaña, el cual se encuentra en los capítulos 5, 6 y 7 de este evangelista Mateo.
«Tu padre que ve en lo escondido», otras traducciones hablan de lo secreto, lo secreto, lo escondido. ¿De qué se trata? Se trata de un Dios que nos espía, se trata de una especie de superyó en el lenguaje del psicoanalista Sigmund Freud, es decir, como imaginarse siempre una cámara de circuito cerrado de televisión que me está vigilando, es una vigilancia permanente. Es Dios como una especie de perpetuo prefecto de disciplina que me va siguiendo con sus ojos, como cámaras de circuito cerrado, y está viendo lo escondido y nada se le puede ocultar.
Es evidente que Dios lo sabe todo, es evidente que ese conocimiento es perfecto, pero eso no tiene nada que ver con esta enseñanza que nos está dando Jesús, más bien es una enseñanza liberadora. El filósofo Jean-Paul Sartre veía en la mirada como una especie de vigilancia, de control y de opresión, y él sentía que a través de la mirada se pretende controlar, se pretende vigilar y, por lo tanto, dominar a las personas. O sea que Sartre tenía que sentirse terriblemente incómodo con la idea de un Dios que lo sabe todo, por algo Sartre era un ateo.
Pero aquí no se trata de esa clase de vigilancia ni esa mirada es opresora, el lenguaje de Cristo es profundamente liberador, al contrario. Porque, en realidad, lo que nos está diciendo Jesucristo es que para llegar al espacio de verdad, para llegar al recinto y a la casa de la verdad en el propio corazón, hay que tomar una distancia de tantas opiniones, de tantos pareceres, de tantos intereses. Cuando Jesús dice que, por ejemplo, entremos a nuestra habitación y cerremos la puerta, en realidad nos está invitando a hacernos esta pregunta.
Cómo soy yo cuando no tengo que aparentar nada, cuando no tengo que complacer a nadie, cuando no tengo que defenderme de nadie, ni darle gusto a nadie ni demostrarle nada a nadie. Cómo soy yo cuando mi vida no está determinada por esa clase de presiones, porque esas son las verdaderas presiones. Entonces, ese espacio que se llama lo escondido, que se llama lo secreto, en realidad es un espacio de libertad.
De lo que se trata es de encontrar esa verdad de lo que yo soy, independientemente de lo que otros han querido que yo sea, han pretendido que yo sea, han temido que yo sea. Es una palabra de libertad, es una palabra liberadora la que nos da Jesús y hay que acogerla así. Y hay que practicar esa búsqueda del Señor en lo más íntimo de nuestra alma, lo que el Papa Juan Pablo II llamaba el santuario de nuestra conciencia.

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