Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Todos podemos avanzar en la generosidad que empieza por dar de lo que sobra, pasando a apoyar pero sacando provecho, luego a ayudar a quien no pueda retribuir y como Jesús que ama sin certeza de ningún retorno.

Homilía i112012a, predicada en 20230620, con 8 min. y 24 seg.

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Transcripción:

La primera lectura hoy está tomada de la segunda Carta a los Corintios, y el tema es la generosidad. Generosidad, algo que tanto apreciamos en otras personas, pero que a veces nos cuesta trabajo vivirlo. ¿No es verdad? Ser generosos. Creo que vivimos en una época en la que, por el materialismo, el individualismo, el egoísmo, nos volvemos poco generosos, poco generosos especialmente con nuestro tiempo, poco generosos para escuchar, para entender, para apoyar, para ayudar a que otros crezcan. Por eso creo que esta primera lectura de hoy viene como a llevarnos a una dirección completamente diferente, porque nos está invitando a la generosidad, y el ejemplo es el de Cristo. Pero para que nos entendamos, en esta ocasión vamos a hablar de cuatro. Atención. Cuatro niveles de generosidad. Y en esto me apoyo, no solamente en la primera lectura que ya dije que es de la segunda Carta a los Corintios, sino que me apoyo también en algunas palabras de nuestro Papa Francisco, que precisamente nos ha invitado de muchas maneras a que seamos generosos con nuestro tiempo, repito, con nuestro amor y con nuestras cosas. Entonces, cuatro niveles de generosidad.

El primer nivel, el más bajito, es dar de lo que sobra. Bueno, casi que no se podría llamar generosidad. Es la actitud de aquella persona que tiene una cantidad de ropa que le sobra en la casa y entonces dice bueno, yo creo que esto le puede servir a alguien. Y sí en parte está ayudando a otra persona, pero en parte también lo que está haciendo es organizar su casa, es decir, como esto me sobra, entonces pues vamos a darlo. Hay una expresión muy dura que utilizó hace unos años el Papa Francisco y que a mí por lo menos me sacudió. Decía el Papa. Hay veces que damos limosna, sobre todo para deshacernos de la persona, es decir, para que no me canse más, tenga ahí su limosna. Y esa es una cierta generosidad muy bajita, pero ya es una generosidad.

Hay otra generosidad que es la que se conoce a veces en el mundo de los negocios como el gana gana. Es decir mira, yo te voy a apoyar, tú me vas a apoyar. Ganas tú, gano yo. Te va bien a ti. Me va bien a mí. En ese esquema se pueden lograr resultados muy interesantes. Un buen esquema de gana gana puede ayudar a que una persona que no tenía manera de acceder a un determinado servicio o a un nuevo nivel de formación lo alcance. Es algo interesante. Es el segundo nivel de generosidad. La diferencia que hay entre este segundo nivel y el primer nivel es que en el primer nivel, cuando damos de lo que nos sobra, siempre damos cosas. En cambio, en el segundo nivel ya seguramente damos un poco más de nuestro tiempo, de nuestro talento, de nuestras ideas y por consiguiente el esquema de gana gana, también ayuda a que la otra persona crezca, a que la otra persona salga, sobresalga, llegue a ser mejor. Es interesante, pero todavía se queda corto y se queda corto porque en el fondo está buscando una especie de retribución. Todavía no es una generosidad tan perfecta.

Entonces vámonos para el tercer nivel, son cuatro. El tercer nivel de generosidad es cuando nosotros apoyamos a una persona que no tiene cómo retornarnos el favor. Pero sabemos que esa persona lo va a aprovechar. Y este ya es un nivel muy, muy interesante de generosidad. Es, por ejemplo, el caso de las personas que apoyan una obra social. Hay un comedor para gente necesitada, hay un hogar de abuelitos, hay un refugio para niños huérfanos de la guerra, hay un lugar de rescate de migrantes y yo voy a apoyar en ese lugar. Todavía mejor, si apoyo no solamente con dinero, sino que apoyo también con mi tiempo, con mi esfuerzo. Oye, ese es otro nivel, como se dice popularmente, ese es otro nivel de generosidad. Y yo quiero, obviamente con estas palabras, pues yo lo que quiero es invitar a que nosotros avancemos en la generosidad. Entonces, mira cuánto bien podemos hacer apoyando a las personas que tienen una necesidad y que tal vez no pueden retribuir. He conocido, Bendito sea Dios. Yo he conocido mucha gente así, muy generosa, y muchos de ellos se comprometen, por ejemplo, con una donación periódica. Cada mes están dando de su dinero o hay personas que están ejerciendo un voluntariado y están ayudando y van a esos sitios.

Y es posible que tú pienses bueno, ya ese es el, como se dice popularmente, ese es el tope de la generosidad, eso es lo máximo. Hay todavía un nivel mayor y ese nivel mayor fue el que nos mostró Cristo y nos lo mostró en la cruz. Repasemos los tres niveles que hemos visto. El primer nivel, el nivel mínimo de generosidad, es bueno, doy de lo que me sobra. El segundo nivel es gana gana. Es decir, yo quiero que la otra persona crezca, pero yo también quiero sacar un provecho de esto. El tercer nivel es yo voy a apoyar una determinada obra. Tal vez esas personas no pueden retribuirme, pero yo tengo un compromiso social. Yo tengo una responsabilidad social y yo lo voy a hacer. Excelente. Muy bien.

Pero ahora vamos con el último nivel. Y para entender el último nivel de generosidad hay que entender primero esa frase que dice Cristo. El Padre Celestial hace salir el sol sobre malos y buenos. Hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Es decir, yo la llamo la generosidad que lo apuesta todo, porque el que está ayudando a una obra social, y repito, a mí eso me parece encomiable, me parece hermosísimo. Pero la persona que está ayudando a una obra social de alguna manera sabe que su donación de tiempo o de dinero no se va a perder. Pero es que tú piensas lo que hizo Cristo en la cruz. Cristo en la cruz estaba amando y qué iba a pasar con ese amor. Cuántas personas le iban a dar la espalda. Cuántas personas se iban a burlar de Él y se siguen burlando de Él. Cuántas personas iban a blasfemar y siguen blasfemando. Es decir, cuántas personas ni siquiera iban a entender lo que Él estaba haciendo. Amar así, amar incluso sin certeza de ningún retorno. Esa es la máxima generosidad.

Bueno, esa es la catequesis del día de hoy. Aprender la generosidad. Descubrir que todos podemos avanzar y descubrir, como nos dice San Pablo en el libro de los Hechos de los Apóstoles, que siempre habrá más alegría en dar que en recibir. Así se cumple en tu vida. Amen.

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