Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La única cuenta que hay que llevar es el infinito amor de Dios

Homilía i112010a, predicada en 20190618, con 8 min. y 9 seg.

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Transcripción:

El día de ayer encontrábamos en la liturgia la ley del Talión, que tiene que ver con las cosas malas. Me dañaste un ojo, te daño un ojo. Me dañaste un diente, te daño un diente. Podemos decir que la ley del Talión es una especie de transacción en lo negativo. El tamaño del daño que tú me haces es el tamaño del daño que yo te voy a hacer. Cristo el día de ayer nos invitaba a superar esa ley del Talión. A través de una actitud generosa, una actitud que también es práctica en el sentido más alto de la palabra, porque es liberadora para nosotros. No te quedes revolcándote en el pasado, llevando cuentas del pasado, eso te esclaviza, te hace daño a ti mismo. Es decir, que Cristo quiere que salgamos de ese llevar cuentas de los daños.

Hay una relación muy profunda entre esas recomendaciones, esos mandatos de Cristo ayer y lo que aparece hoy. Porque hoy tenemos exactamente la misma idea, pero ya no con las cosas malas, sino con las cosas buenas. Dice Cristo: Si ustedes aman a los que los aman, si ustedes saludan a los que los saludan. Fíjate que la misma persona que lleva cuentas y dice este no me saludó, mañana no los saludo. Es la misma persona que también sigue llevando cuentas y dice este me saludó, este otro me saludó, entonces mañana tengo que saludarlo. En ambos casos estamos llevando cuentas y estamos marcados por una especie de transacción. Entonces Cristo quiere que tampoco seamos esclavos de las cuentas cuando se trata de las cosas buenas. Si ustedes aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Si ustedes saludan a los que los saludan, ¿qué mérito tienen? Vayan más allá.

Una manera de condensar esta enseñanza, tanto para lo malo que era el caso de ayer, como para lo bueno que es el caso de hoy, es utilizar dos palabras. La palabra transacción y la palabra gratuidad. La lógica de la transacción es la que lleva las cuentas. No me quiere, tampoco lo quiero. Pero este otro sí me quiere. Ah, bueno, estoy atento para entonces también quererlo. Eso se llama transacción. Yo doy lo que me den, respondo como me traten. Fíjate que la lógica de la transacción es reactiva, es obrar uno por reacción. Cristo propone, en cambio, otra lógica que es la lógica de la gratuidad, tanto para lo malo como para lo bueno. Con respecto a lo malo, dice mire, le dijeron que caminara mil pasos. Camine dos mil. Suelte eso, libérese con respecto a lo bueno, nos dice. No se limiten ustedes a ser buenos con los que son buenos con ustedes. Vaya más allá. Ese ir más allá es propio de Dios. Es entrar en la lógica de Dios. Es la lógica de la gracia. Es la lógica de la gratuidad. Y este es el gran paso que propone el Sermón de la Montaña. Es una de las cumbres del Sermón de la Montaña, pasar de la lógica de la transacción y de estar llevando cuentas de lo malo y de lo bueno a la lógica de la gratuidad que es sobreabundante, como es sobreabundante el amor de Dios.

Terminemos esta breve reflexión, recordando que esa misma lógica está en los escritos de los apóstoles. Por ejemplo, el apóstol San Pedro dice en su primera carta. Siervos, sean leales y buenos con sus amos, no sólo con los que son amables y buenas personas, diríamos, sino también con los que son ásperos y rudos. ¿Qué está diciendo Pedro ahí? No se queden en la lógica de la transacción. Sean buenos aunque los traten mal, respondan con una bendición, les dice también. Mientras tanto, el apóstol San Pablo tiene esa expresión absolutamente poética de la primera carta a los Corintios, Capítulo Trece, en el llamado himno a la caridad. Una de las características del amor cristiano es: no lleva cuentas. El amor no lleva cuentas. El amor de transacción siempre lleva cuentas. Quién es mi amigo para yo ser su amigo. Quién es mi enemigo para ver cómo le hago el daño.

La lógica nueva de nuestra fe cristiana, que es la misma que propone San Pablo en el Himno a la Caridad, no lleva cuentas. Todo se lo deja a Dios y sigue adelante. Eso no es posible para la carne humana. Eso no es posible para las fuerzas humanas. Nuestra naturaleza humana realmente obra en esto. ¿Cómo obran los animalitos? los animalitos, con todo lo agradables, cariñosos que puedan ser son pura lógica de la transacción. Tratas bien al animalito, el animalito te quiere, es leal, te defiende. Tratas mal al animalito, el animal se retira de ti. Incluso puede ser hostil contigo. Entonces la lógica de la transacción está marcada en nuestra carne, en nuestra naturaleza humana herida por el pecado. La llevamos adentro. Lo que uno quiere es la lógica de la transacción. Vivir reaccionando como me traten trato. La lógica de la gratuidad nos levanta, nos lleva al plano divino, nos lleva a la realidad del Evangelio, nos lleva a la altura de la caridad.

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