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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La colecta que Pablo lidera para llevar a los cristianos perseguidos en Jerusalén es verdadera respuesta de amor a aquellos que menos le habían apoyado.
Homilía i112007a, predicada en 20150616, con 16 min. y 39 seg. 
Transcripción:
Hemos tomado esta semana como línea de reflexión en la Santa Misa, la primera lectura. Está tomada de la segunda Carta de San Pablo a los Corintios. Una de las razones por las que el pueblo cristiano, con sus legítimos pastores a la cabeza, quiso que estos textos de San Pablo se volvieran canon, es decir, referencia y norma para todos. Es porque, aunque se trata de circunstancias históricas puntuales, lo que aprendemos las luces, el discernimiento de San Pablo va mucho más allá de esas particularidades, de esas coyunturas que a él le tocó vivir. Mencionábamos en nuestra reflexión de ayer las características propias de aquel tiempo. ¿Por qué Pablo empieza a hablar tanto de sí mismo, de sus tribulaciones, de sus sufrimientos? No se trata de un exhibicionismo, no se trata tampoco de una especie de petición de atención o de consentimiento. No encontramos aquí a un hombre que está suplicando. Ténganme, cariño. Mimen. No, no es eso. La razón por la que él habla de su propio sufrimiento es porque está convencido que el sello del apóstol de Cristo es la cruz. Y lo que principalmente va a diferenciar a Pablo de los otros predicadores, aquellos que infundían confusión en muchas comunidades, es que para Pablo es evidente el lugar de la cruz como lugar de la gracia, Y él mismo es una expresión de esa cruz y de esa gracia de Cristo. Con ese contexto vamos a la lectura de hoy, que presenta ciertamente elementos nuevos. Aquí aparece una palabra que va a ser muy importante en la segunda Carta a los Corintios, la famosa colecta. ¿En qué consistió esta idea que Pablo reconoce que no es suya? Es una idea de un discípulo suyo llamado Tito. Él mismo de la carta a Tito que encontramos en el Nuevo Testamento. La idea que se le ocurrió a Tito la expresamos en el lenguaje contemporáneo como comunicación de bienes. El tema es este: los cristianos de Jerusalén son cristianos en extrema pobreza. En buena parte porque al dejar las prácticas judías o al mostrar a Cristo como el Mesías, han sido expulsados de las sinagogas, Y la expulsión de la sinagoga no es simplemente un hecho religioso. Eso tiene repercusiones en la vida social y también en la vida económica. Si ustedes quieren ver otro ángulo de este mismo problema de los cristianos en Jerusalén, lo encuentran en la Carta a los Hebreos. Recordemos cómo en la Carta a los Hebreos se dice: Ustedes fueron despojados de sus bienes. Para nosotros eso puede sonar un poco extraño, porque para nosotros la religión es algo como muy privado y hay claramente legislación laboral que impide que una persona sea despedida. Por ejemplo, si deja de ser católica y se vuelve testigo de Jehová. Ese no es motivo para que le despidan. Pero en el mundo judío, en el mundo de aquel tiempo, en general, la religión estaba entretejida con todas las realidades de la sociedad, de modo tal que si una persona tomaba una opción religiosa herética o incorrecta, se quedaba sin amigos y se quedaba sin bienes muchas veces. Por eso los cristianos en Jerusalén estaban pasando necesidad porque eran despojados de sus bienes. Además, el nombre cristiano estaba bastante desacreditado en Jerusalén después de la severa campaña de los sumos sacerdotes que querían a toda costa frenar, asfixiar la predicación del Resucitado, la predicación sobre Cristo resucitado. Entonces, fíjese lo que tenemos cristianos en Jerusalén, ricos en su vida cristiana, ricos en su espiritualidad, pero muy pobres materialmente hablando. Y por otro lado, tenemos cristianos en distintas partes del mundo de entonces, cristianos en Macedonia, es decir, en la comunidad de Filipos, cristianos en Acaya, o sea, en la comunidad de Corinto, cristianos que apenas están empezando en la fe, pero que tienen mejores posibilidades económicas. Para que nos entendamos y simplificando, vamos a decirlo de esta manera los cristianos venidos del judaísmo eran ricos en espiritualidad, pero pobres materialmente. Los cristianos venidos del paganismo eran ricos materialmente, pero pobres, pequeños todavía en su espiritualidad. Ahí es donde a Tito se le ocurre hacer un intercambio de bienes sin nosotros. Recibimos tantos tesoros de fe y de testimonio de los cristianos de Jerusalén. Es decir, si nosotros recibimos tantos bienes espirituales, es apenas justo que nosotros compartamos los bienes materiales, de modo que los bienes espirituales de ellos pasan a ser bienes de todos, y los bienes materiales nuestros pasan a ser bienes de todos. Fíjate que esto va muy en el espíritu de aquello del segundo capítulo de los Hechos de los Apóstoles, donde se dice referido a los individuos. Nadie pasaba necesidad porque los que tenían, vendían y ponían a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno según su necesidad. Pues bien, lo que en el capítulo segundo de Hechos de los Apóstoles se dice de personas, aquí se dice de comunidades. De modo que nadie pase necesidad. El que tenga mucha espiritualidad, el que tenga mucha fe, el que esté lleno de Espíritu Santo, que comparta esos testimonios con otros. El que tenga posibilidades económicas, el que tenga recursos materiales, que los comparta con los que están pasando necesidad. Esa es la idea de la colecta. Una idea muy bella, una idea que es muy necesaria en la evangelización. Ustedes, queridas dominicas, lo mismo que nosotros sabemos que siempre hay obras que necesitan ser subsidiadas. Es este mismo espíritu. Queremos hacer una presencia en un determinado lugar donde se sabe que hay gran necesidad. Los testimonios son hermosísimos. La obra que Dios está haciendo es maravillosa, pero seguramente tiene que salir dinero de aquí para allá, así como también esas personas nos comparten de su alegría y nos comparten de su testimonio. Eso lo llamamos nosotros comunicación cristiana de bienes y es un fruto visible, como dice San Pablo en el pasaje de hoy. Es un fruto visible de la caridad. Interesante ese dato que nos va a servir en el retiro, porque una de las características de la institucionalidad es la visibilidad. La caridad no puede quedarse en que siento mucho. No te imaginas cómo me he preocupado. No te imaginas el dolor que tengo. No es también mano al bolsillo, es también firmar el cheque, es también dar la ayuda concreta. Y eso es lo que está mostrando Pablo aquí. Bueno, esa es la idea de la colecta. Uno se da cuenta que es una idea brillante. Pablo la tomó como suya. Esta idea, que era de Tito, la tomó como suya y él que gozaba de la credibilidad y el apoyo y el cariño de tantos hermanos, pues estuvo recogiendo bienes y finalmente se hizo como había querido Tito. Es decir, él llevó esa cantidad de dinero, esa cantidad de recursos la llevó a Jerusalén. Pero además del tema de una cierta justicia distributiva, hay otros dos temas que tienen que ver con esta colecta. Ustedes pueden recordar que en la predicación de ayer decíamos que precisamente de Jerusalén había salido la amenaza a la predicación de San Pablo. Porque resulta que ciertos cristianos que se llamaban de los de Santiago, es decir, cristianos de Jerusalén, porque Santiago era cabeza visible del cristianismo en Jerusalén, ciertos cristianos de los llamados de Santiago, es decir, cristianos de Jerusalén, eran los que habían desacreditado la predicación de Pablo y los que habían ensuciado la predicación de Pablo y habían confundido a la gente después de que Pablo había predicado. Entonces, fíjate cuál es la respuesta que está dando San Pablo a ese desafío de evangelización. A ver si nos estamos entendiendo. De Jerusalén llegaron estos falsos predicadores a producir confusión. A producir desorden y hacerle un daño muy grande al apostolado de Pablo. ¿Y cuál es la respuesta de Pablo? Vamos a reunir recursos para llevarlos a estas comunidades. Es decir, de Jerusalén vino el ataque y a Jerusalén va la caridad en la mente de San Pablo. Este es un hecho que es muy interesante la manera como él está respondiendo. Es decir, no solo ofrece una respuesta desde la predicación y la teología. Si uno mira la carta a los Gálatas, toda esa carta es un documento de respuesta a la predicación de los judaizantes. Es toda una respuesta teológica fundamentada a toda esa confusión que causaban los supuestos enviados desde Jerusalén. Pero Pablo no se queda con una respuesta solo en la predicación, en el nivel teórico de las palabras, la predicación. Pablo quiere dar también una respuesta desde los hechos, desde la caridad efectiva y visible. De modo que imagínate qué sentirían aquellos cristianos en Jerusalén, algunos de los cuales habían salido y habían viajado muchísimos kilómetros solamente para arruinar la obra de Pablo, cuando el mismo Pablo se hace presente en Jerusalén. Y lo que trae entre manos es: Sé que están pasando necesidad, hermanos, aquí he traído estas donaciones. Entendamos cómo Pablo, con esto de la colecta, no solamente está haciendo un acto de justicia, sino está cumpliendo exactamente lo que nos dice el Evangelio de hoy. Nos decía el Evangelio de hoy Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen. Rezad por los que os persiguen. Esto es lo que está haciendo San Pablo, exactamente de esa comunidad cristiana de Jerusalén salieron los que lo atacaron a él, los que hasta cierto punto arruinaron su trabajo. Y a esa misma comunidad va San Pablo, no con las manos vacías, no con los puños listos para la pelea, sino con las manos llenas de caridad y de donaciones, porque sabe que están padeciendo mucho. Este es un. Este es un tema muy bello porque nos muestra la calidad del corazón de este apóstol que recibe semejante golpe y que responde con tantísima caridad. El otro punto que quiero destacar, y con esto terminamos nuestra reflexión, es darnos cuenta que muchas veces a través de esa clase de acciones prácticas. También nosotros podemos mostrar el verdadero rostro del Evangelio. Es verdad que todos tenemos que prepararnos en teología, en Biblia, en apologética, pero serán finalmente las obras de amor las que muestren cuál es el Cristo que reina entre nosotros. Repito, Pablo predicó y predicó con muchísima claridad, con diáfana claridad predicó, por ejemplo, en su carta a los Gálatas. Y hay quien dice que la mayor parte de la estructura de la Carta a los Romanos es también respuesta a este mismo desafío. Pablo predicó. Pero además de su predicación de palabras, fueron las obras de amor las que de algún modo vinieron a frenar esta situación. Y de hecho, si uno mira la historia, uno se da cuenta de que el problema de los judaizantes llegó, hizo muchísimo daño, pero llegó hasta aquí. Es decir, la solución del apóstol podemos creer fue efectiva lo que iba a ser una espantosa división entre Jerusalén y las iglesias, las comunidades cristianas recién fundadas, lo que iba a ser espantosa división no sucedió. Un acto sublime de caridad, un acto fantástico de generosidad de este apóstol logró frenar esa riada de odio que pretendía destruirlo todo. Yo creo que el Señor nos llama también a nosotros en esta dirección, frente a tantos desafíos que nos plantea una sociedad colapsada. Como veíamos en la predicación de la tarde, frente a tantos desafíos, frente a tanta destrucción, frente a tantas grietas que llegan a lo profundo de los corazones. Es verdad que hay que prepararse con buenos argumentos, buena apologética, pero son sobre todo las obras de amor. Y en esto es donde más nos insiste el Papa Francisco. Que nosotros seamos lugares de acogida, lugares de misericordia, lugares de sanación. Que nuestros corazones y nuestras instituciones sean lugares de sanación. Que partamos de la base, por favor, de que la inmensa mayoría de las personas que llegan a nuestras instituciones llegan colapsadas, llegan agrietadas, llegan desmoronadas. Y que desde esa convicción, lo mismo que Pablo, nosotros respondamos con obras de amor. Esa es la mejor manera de callarle la boca a los detractores y es la mejor manera, sobre todo de extender el reino suave, bello y glorioso de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

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