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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Tenemos que ser inexplicables como San Pablo; rodeados de persecuciones y sin embargo felices, generosos y sin cansarnos.
Homilía i111011a, predicada en 20230619, con 6 min. y 20 seg. 
Transcripción:
La primera lectura el día de hoy está tomada de la segunda Carta a los Corintios. Y como suelo hacerlo, también en esta oportunidad quiero recomendarles que lean el texto completo. Sobre todo es impresionante la descripción que hace San Pablo sobre lo que fue su labor de apóstol. Impresionante por la cantidad de bondad y de amor que él tenía que dar como testigo de Cristo y la cantidad de injusticia y de maldad que le tocaba soportar como discípulo de Cristo. Las dos cosas. Y esto me hace pensar en lo que sucede cuando una persona busca un trabajo. Usualmente cuando una persona busca un trabajo tiene que acreditar su formación. Es lo que suele hacerse con una hoja de vida, un curriculum vitae. Es decir, la persona dice; estudié esto, me he certificado en esto, tengo esta maestría, trabajé en tal parte. Esa es la carta de presentación con la que una persona llega a un trabajo.
Pero es hermoso preguntarse ¿Cuál es la hoja de vida? ¿Cuál es la carta de presentación de un hombre como San Pablo? Y lo que él tiene para presentar es: me azotaron aquí, me rechazaron acá, me metieron a la cárcel en este sitio, me han despreciado en muchas partes. Pero claro, esa podría ser la manera de resumir la vida de un criminal. Lo asombroso es: me han hecho todo esto y yo lo que he hecho es predicar el Evangelio. Dicho de otra manera, lo que acreditó a San Pablo y lo que nos acredita a nosotros como discípulos del Señor es la capacidad de aguantar el mal sin rendirnos y al mismo tiempo ofrecer el bien. Si una persona solamente aguanta el mal pero no ofrece el bien, pues es discutible que es lo que quiere realmente esa persona. Es muy discutible. Porque posiblemente lo que está aguardando es la hora de salirse con la suya. Pero cuando una persona aguanta tantas cosas duras, tantas cosas malas y en retorno, lo que hace es dar el bien, predicar el bien, ofrecer bondad.
Tú dices ¿cómo la logra? Y esto a mí me encanta porque me lleva a una palabra que significa mucho para mí, y esa palabra es inexplicable. El buen discípulo de Cristo. Y esto vale muy, muy particularmente para nosotros los sacerdotes. El buen discípulo de Cristo tiene que ser una persona inexplicable. La gente viéndonos tiene que preguntarse ¿Cómo lo hace? ¿Cómo puede vivir así? ¿Cómo puede sufrir tanto sin amargarse? ¿Y cómo puede amar tanto sin cansarse? Ese es el resumen. Sufrir sin amargarse y amar sin cansarse. Ese es el discípulo de Cristo. Esa es la carta de presentación del discípulo de Cristo. Si la persona sufre mucho pero no se le ve la bondad, eso causa suspicacia. ¿Qué se estará tramando éste? Si la persona es muy buena, muy generosa, muy alegre, pero se cansa pronto y cualquier obstáculo le desanima. Tampoco nos convence porque entonces decimos en realidad está buscando de nuevo su propio provecho. Lo interesante es la gente como Cristo, como San Pablo. La gente que recibe mal y da bien, eso es lo que es inexplicable. Y volvernos inexplicables es la carta de presentación de que pertenecemos al Evangelio.
Si yo veo a una persona feliz y resulta que está llena de salud, tiene buen dinero, tiene buenos amigos, tiene su pareja, todo le sonríe. ¿Qué misterio hay? Pero si yo veo a una persona que está padeciendo, que es calumniada y es una persona feliz o como le pasaba a nuestro fundador, a Santo Domingo de Guzmán, que cuentan los biógrafos que cuando él estaba en peor condición de salud es cuando se le veía más risueño, más alegre. A ver cómo lo explicas. Una persona que está sufriendo más y que está más feliz. Tenemos que ser inexplicables. Ese es el resumen. Tenemos que ser inexplicables, como San Pablo. Rodeados, anegados de calumnias y de persecuciones. Y sin embargo, feliz, generoso, incansable. Yo digo estas palabras y por supuesto, pienso en primer lugar en mi propio caso. Y entonces digo ¿Cuánto me falta? ¿Cuánto nos falta para ser auténticos, auténticos servidores de Cristo? Pero bueno, vamos en camino. Poco a poco vamos avanzando y lo interesante es no cansarnos, seguir sin prisa y sin pausa en el seguimiento de Cristo. Que Dios te bendiga.

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