|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El verdadero servidor de Dios está dispuesto a sufrir por su causa, es fiel a su mensaje, es alegre porque ama con libertad y es generoso porque está dispuesto a hacer más.
Homilía i111007a, predicada en 20170619, con 6 min. y 6 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy ha sido tomada del capítulo sexto de la segunda Carta de San Pablo a los Corintios. Como hemos comentado en otras oportunidades, esta carta es realmente única en cuanto que nos ayuda a entrar en el mundo real lo que vivió en su realidad un hombre tan generoso con el Evangelio como fue San Pablo. La segunda Carta a los Corintios trae varios recuentos de las dificultades, de las persecuciones, de las torturas, de los problemas que tuvo que enfrentar este apóstol para ser verdaderamente testigo de Cristo. Y es muy interesante que en el texto de hoy San Pablo nos habla de cómo él se considera un verdadero ministro de Dios. Él considera que tiene las credenciales de un verdadero servidor de Dios. A mí esto me interesa mucho porque en la época en la que estamos, muchas veces la bendición de Dios o la presencia de Dios se mide con unos criterios un poco extraños. Por ejemplo, dentro de un sector del protestantismo, resulta que la bendición de Dios se mide en proporción a la plata, en proporción a la prosperidad. Sí, ha llegado mucha prosperidad, sí hay mucho dinero. Entonces quiere decir que verdaderamente Dios me bendice. En cambio, si estoy pasándola mal económicamente, quiere decir que estoy lejos de Dios. Esto por decir que hay algunas personas que tienen esa confusión y que asocian el estar con Dios, con la prosperidad material simplemente. ¿Cuáles son los criterios que nos da un hombre como San Pablo para reconocer que de verdad estamos con Dios y somos servidores de Dios? En el texto de hoy, que repito, fue tomado del capítulo sexto de la segunda Carta a los corintios. Lo que nos dice San Pablo se puede condensar en cuatro palabras primera: sufrimiento. El verdadero servidor de Dios está dispuesto a sufrir por la causa de Dios, lo cual se parece mucho a lo que nosotros sabemos del amor. Efectivamente, el amor se muestra muchas veces en la capacidad de esforzarse y sufrir por la otra persona. Es muy difícil creerle a alguien que lo ama si no hace ningún esfuerzo por apoyar, por ayudar, por acompañar. En cambio, cuando una persona tiene que hacer muchos esfuerzos, pero en ese esfuerzo nos está mostrando su presencia, decimos esta persona realmente me ama. Muchos de nosotros tenemos recuerdos hermosos de nuestra infancia, porque cuando estábamos enfermos, cuando pasábamos noches de enfermedad, había alguien, por ejemplo, el papá o la mamá que estaba cerca. Evidentemente, pasar una noche en vela junto a un enfermo no es algo agradable, pero el sufrimiento de ese papá o de esa mamá se convierte como en la señal de que verdaderamente me ama. Lo mismo sucede en el Evangelio. El que no esté dispuesto a sufrir algo por Cristo, que no diga que ama a Cristo. Lo segundo que menciona San Pablo es la fidelidad y constancia en el verdadero mensaje. La persona que no ama verdaderamente, la persona que no sirve verdaderamente a Dios, se parece a lo que Cristo llamaba los mercenarios, aquellos que en realidad no cuidan el rebaño, sino que simplemente están ahí por el sueldo. Y si ven que llega el lobo, lo primero que hacen es proteger su propio interés, su propio pellejo. No les interesa el rebaño. En cambio, la persona que es verdadero servidor de Dios sabe que tendrá muchas veces que permanecer fiel allí donde otros dan la espalda, allí donde otros se retiran, allí donde otros cambian el discurso. Entonces la segunda palabra es: la fidelidad. El servidor de Dios permanece en la enseñanza del Evangelio cuando el Evangelio es aplaudido y celebrado, o cuando el evangelio es vilipendiado y es objeto de burla o de persecución. La tercera señal del servidor de Dios es: la alegría. San Pablo muestra el don de la alegría que lleva dentro de sí y el don de la alegría es importante porque es la señal del que ama con libertad. Una persona que se esfuerza, por ejemplo, pero que tiene esa cara de amargura, esa cara como de esfuerzo permanente, como que me voy a reventar. Eso es muy difícil creer en un amor de esos. Si estamos amando a Dios verdaderamente. Una de las señales es que la persona, aún en medio de las dificultades, manifiesta alegría, y esto lo vemos particularmente en los mártires. Finalmente, la cuarta señal es: la generosidad. Generosidad que se expresa en que la persona como que nunca considera que ha hecho demasiado. Es decir, siempre está dispuesto a hacer más porque ama, porque quiere servir, porque quiere ayudar. Dice San Pablo en la primera Carta a los Corintios, capítulo trece. Que el verdadero amor nos lleva a cuentas. La persona que tiene poquito amor siempre está llevando cuentas de todo lo que ha hecho y por eso no es generoso. El que tiene en cambio un amor serio y profundo no lleva cuentas. Siempre le parece que ha hecho poco. A mí me llama la atención eso de San Vicente de Paúl, uno de los hombres más llenos de caridad en la historia de la Iglesia. Y él siempre consideraba hay otros más a los que también debemos servir. Bueno, que estas señales de los verdaderos servidores de Dios se puedan hacer presentes en nosotros, que se vean en nosotros, porque Dios las ha puesto y porque nosotros las dejamos florecer. Así sea.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|