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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Anunciar a Cristo llevando una vida como la de Él, cooperando con la gracia Divina, siendo partícipes del bien de nuestros hermanos y del sacrificio de Cristo.
Homilía i111005a, predicada en 20150615, con 5 min. y 52 seg. 
Transcripción:
La primera lectura del día de hoy está tomada de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios. Esta carta, y particularmente el capítulo sexto en el que nos encontramos, nos permite asomarnos a la realidad de la vida de un apóstol, de un evangelizador. La síntesis es: el que anuncia a Cristo ha de llevar una vida como la de Cristo. No se puede presentar el evangelio de salvación. No se puede presentar la realidad de lo que Dios ha hecho en nuestra vida. Si nosotros no somos una expresión de lo que Dios sigue haciendo. Es algo parecido a lo que nos enseña Santa Catalina sobre el fuego y el hierro en su estado natural, como lo conocemos en la tierra, el hierro resulta frío a nuestro tacto, pues el hierro quiere hablar de fuego, tiene que estar lleno de ese ardor, tiene que estar lleno de ese calor, tiene que brindar esa misma luz. El hierro que hable del fuego mientras permanece frío no nos convence. El cristiano que pretende hablar de Cristo mientras permanece frío no nos convence. Hay que estar ardiendo. Tiene que verse el fuego, tiene que verse el amor. Eso es lo que nos cuenta Pablo aquí y por eso nos dice: No echen en saco roto, la gracia de Dios. Se trata de cooperar con la gracia. Se trata de secundar la obra de la gracia. Se trata de acoger a Dios en nuestra vida, acoger su gracia, acoger su bondad y trabajar con esa misma bondad. No nos asuste esa expresión que es tan propia de Santo Tomás de Aquino, la gracia cooperante y nosotros cooperando con la gracia. No nos asuste esa expresión. Es verdad que el comienzo. Es verdad, que la conversión la podemos tranquilamente entregar al poder de Dios y solo a Él. Es verdad que Él, y sólo Él, es el que hace la obra cuando empieza la conversión. Pero una vez que Él toma el trono una vez que Él está en el centro de nuestra vida como verdadero dueño de casa. Quiero utilizar lo que hay en la casa. Qué piensas de una persona que compra una casa y cuando ya está en ella no puede cambiar nada, No puede disponer nada, no puede mover un mueble, no puede comprar un cuadro, no puede abrir la llave del agua. Tú dirías que esa no es su casa, si acaso sería su prisión. Pues Cristo quiere llegar a nuestra vida como verdadero dueño de casa y por eso quiere disponer de los talentos que nosotros tenemos y de las facultades que Dios, su Padre, nuestro Creador, nos ha dado. Por eso Cristo quiere tomar también nuestra voluntad. Y por eso la exhortación de Pablo viene muy bien. No hay que desperdiciar la gracia. Lo cual significa que yo tengo que poner algo de mí. Ahí entra la famosa frase de San Agustín: El que te creó sin ti, no te salvará, sin ti, no te salvará, sin tu colaboración, no te salvará sin que tú secundes, sin que tú apoyes, sin que tú pongas de ti para que esa gracia sea eficaz. Y esto se expresa en dos cosas dentro del texto de la segunda carta a los Corintios que estamos reflexionando. Se expresa en el hecho de evitar aquello que pueda ser un obstáculo para la fe de otros. Es decir, lo que pueda ser escándalo. Movidos por una caridad, movidos por la caridad que nosotros mismos hemos recibido de Cristo, no queremos ser estorbo para la fe de nadie. Y por otro lado, se muestra en que aquel camino que siguió Cristo. Un camino que tiene privación, un camino que tiene renuncia, un camino que tiene cruz. Ese también ha de ser nuestro camino. El que está con Cristo tiene que andar de continuo como Él anduvo. Nos dice la primera carta del apóstol San Juan: Esto significa que la voluntad nuestra transformada, renovada, ardiendo en amor por la gracia divina, nos hace partícipes de esa solicitud tierna por el bien de nuestros hermanos y a la vez nos hace partícipes de ese sacrificio. Por eso también del sacrificio de Cristo. Por eso también dice Pablo en otro lugar: Yo completo en mi carne, lo que falta a la Pasión de Cristo. Que ese sea el amor que dé fruto en nosotros. Y no se te olvide. Hay algo que se espera de ti. Hay algo que tienes que hacer tú, hay algo que si no haces tú, queda sin hacer.

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