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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Al quedarnos solo con la ley y carecer de la gracia interior, la disposición legal exterior se convierte en una acusación contra nosotros, que simplemente señala lo imperfectos y pecadores que somos.
Homilía i103005a, predicada en 20190612, con 5 min. y 16 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios en el capítulo tercero. Hay una frase que destaca en el texto de hoy: La letra mata, el Espíritu da vida. Vamos a comentar dos modos equivocados de entender esa frase y dos modos correctos de entenderla.
Primer modo equivocado, hay gente que dice como la letra mata, eso quiere decir que si yo voy a celebrar la misa y hay una serie de disposiciones litúrgicas casi siempre escritas en pequeña tinta roja, esas disposiciones son como una camisa de fuerza que está impidiendo que se celebre con toda la fuerza y la libertad de la misa. Por consiguiente, hay que olvidarse de esas letras rojas. Como en latín rubrum significa rojo, esas disposiciones litúrgicas se suelen llamar rúbricas. Entonces, el que interpreta las cosas de este modo dirá: No necesitamos rúbricas, no necesitamos esa ley. Demos libertad, la libertad del Espíritu. Interpretación equivocada.
Segunda interpretación equivocada. Hombre, cómo hay gente que le quiere poner cadenas al amor. El amor, el amor es libre, el amor es grande. Qué importa si se ama a un hombre, a una mujer, que importa si se casa uno con una persona del mismo sexo o de otro sexo, lo importante es que haya amor. Y en cambio, estar pendientes, estar tan obsesionados con lo que dice la norma y el derecho canónico. Eso significa, eso significa que la letra mata, mientras que el Espíritu es el que da vida. Esa es la segunda interpretación equivocada.
¿Por qué se equivocan esas interpretaciones? Porque, en realidad, desconocen el pensamiento de San Pablo sobre el tema. El pensamiento de San Pablo sobre el tema no es que la ley por ser ley mata, sino que la ley mata, la ley hace daño, no por lo que tiene, sino por lo que le falta. Por favor, subrayar esa frase, el daño que hace la ley no es por lo que dispone. Las disposiciones de la ley, incluyendo las de la ley de Moisés, son sabias y buenas y prudentes. No, la ley no destruye por aquello que prevé y que dispone, sino por lo que le falta.
Y es tan grave lo que le falta a la ley que, si no la completamos, esa ley, incapaz de transformarnos interiormente, termina más bien siendo una pura acusación contra nosotros. Ese es el pensamiento de Pablo, lo malo de la ley no es lo que propone ni lo que dispone, sino aquello que le falta. Y ¿qué es lo que le falta? La capacidad de obrar interiormente en nosotros y no solo quedarse como una cosa escrita afuera. El problema de que esté escrito no es que ese escrito sea malo, el problema es que ese escrito que está ahí, no tiene fuerza adentro de nosotros, ese es el problema.
Entonces, primera interpretación correcta, cuando se dice que la letra mata se refiere a que si nos quedamos con la disposición exterior pero carecemos de la gracia interior, la pura disposición escrita simplemente se convierte en una acusación contra nosotros. Esa es la primera interpretación correcta. Y la segunda interpretación correcta es que cuando aquellos judíos del tiempo de Pablo se aferraban a esa ley y se cerraban a la gracia del Evangelio, en nombre de la ley, estaban perdiéndose lo mejor de las promesas de Dios y esa ley era ocasión de muerte para ellos.
De modo que hay que saber entender esta frase, la clave ¿cuál es entonces? La clave es, la ley no es mala por lo que propone, sino que es incompleta. Y si no la completamos con la gracia abundante del Espíritu Santo, simplemente se convierte en un dedo acusador que está señalando lo imperfectos y pecadores que somos.

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