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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Así como Moisés sacó al pueblo elegido de la esclavitud de Egipto, así Cristo nos ha liberado del dominio del pecado, grabando por acción del Espíritu Santo sus leyes en nuestro corazón.

Homilía i103003a, predicada en 20150610, con 5 min. y 16 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo quinto de San Mateo y, de esa manera, vamos continuando la escucha del Sermón de la Montaña. Recordemos, se llama Sermón de la montaña a una colección de predicaciones de nuestro Señor Jesucristo, que San Mateo, el evangelista, ha recopilado y que presenta en los capítulos 5, 6 y 7 de su Evangelio, 5, 6 y 7, en este momento estamos en el capítulo quinto y durante algunas semanas vamos a ir pasaje por pasaje, fragmento por fragmento, con este Sermón de la Montaña.

Hoy, por ejemplo, encontramos un mensaje, un mensaje muy concreto, muy bello de Cristo, sobre la relación entre su enseñanza y la ley de Moisés. Démonos cuenta que no es fácil describir esa relación. Cuando introduje el tema de las bienaventuranzas, que fue el primer pasaje que escuchamos en esta semana décima del Tiempo Ordinario, comentaba que Jesús aparece en el Evangelio de San Mateo como un nuevo Moisés, es un nuevo Moisés. Esto es muy bello, porque nos está mostrando que, así como Moisés sacó al pueblo elegido de la esclavitud de Egipto y lo llevó a la tierra prometida, así Cristo nos ha liberado del dominio del pecado.

Nos ha liberado de alguien mucho peor que el faraón, es decir, nos ha liberado de Satanás, y nos lleva por el desierto de esta vida, por la aridez que a veces tenemos que padecer, nos lleva hacia algo mucho mejor que la tierra prometida, nos lleva hacia el cielo prometido. El paralelo es muy sugerente y es muy hermoso, pero entonces eso nos obliga a preguntarnos las palabras de Cristo ¿qué son? Cristo está repitiendo, podemos decir, las palabras de Moisés o es una continuación, es una ampliación, es una negación. Fíjate que no es tan fácil describir esa relación entre la enseñanza de Cristo y la enseñanza de Moisés.

Repito las alternativas que he dicho, es una ampliación, es una continuación, es una contradicción. Si tomas cualquiera de estas palabras, de estos vocablos que he utilizado, te das cuenta de que son inapropiados para describir la relación entre Cristo y Moisés. Por ejemplo, decir que Cristo continúa a Moisés, no corresponde con lo que dijeron algunos profetas como Jeremías o Ezequiel, que hablaron de una nueva alianza. Se necesita una nueva alianza que escriba la ley, no en tablas de piedra, como hizo Moisés, sino que la escriba en nuestros corazones. Entonces, no puede ser simplemente una continuación.

Por la misma razón, tampoco puede ser una simple ampliación de las palabras de Moisés. Como dicen algunas caricaturas presentando los mandamientos, algo así como un primer capítulo. Y entonces, luego vendría el mandamiento número once, el doce, el trece y así sucesivamente, eso no es Cristo. Pero tampoco es contradicción, porque Cristo llega al pueblo de la Alianza como cumplimiento de las promesas. Y por eso es tan importante la palabra que aparece en el Evangelio de hoy, Cristo es el que da plenitud a la ley.

Es decir, que el sentido mismo de la ley de Moisés, lo que se quería con esa ley, que tenía un propósito muy bello, el propósito de formar nuestra conciencia y de ayudarnos a descubrir qué es lo bueno y qué es lo malo, lo que se quería con esa ley de Moisés, eso es lo que logra Jesucristo, lo que anunciaba, pero no podía cumplir la ley de Moisés, en la dirección en la que iba, pero a donde no podía llegar la ley de Moisés, ahí es donde llega el mensaje de Cristo.

Y la novedad que trae Cristo es que su mensaje no es una palabra que queda afuera, sino que, por el poder, por la hermosura de la acción del Espíritu, se plasma, se graba en cada uno de nosotros, esa es la verdadera relación. Lo que quería, pero no podía lograr, hacia donde se dirigía, pero donde no alcanzaba la ley de Moisés, allí es donde está el mensaje de Cristo. Pero allí es donde está sobre todo su sacrificio de amor y el don de Espíritu que trae a nuestras vidas.

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