Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La luz de Dios nos guía, nos ayuda a evitar obstáculos y a comprender la vida con claridad y sentido. Como discípulos, estamos llamados a ser luz para los demás, transmitiendo alegría, esperanza y dirección en su camino.

Homilía i102007a, predicada en 20250610, con 7 min. y 49 seg.

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Transcripción:

Creo que era San Gregorio Magno, quien nos enseñaba que la Palabra de Dios crece a medida que nosotros también vamos creciendo. Y me estoy refiriendo, por supuesto, a aquel crecimiento del que nos habla el Evangelio de San Lucas, cuando dice de Cristo que iba creciendo en edad, sabiduría y gracia. Esto quiere decir que a medida que con la bondad de Dios vamos creciendo en edad, sabiduría y gracia, también nosotros. Entonces, también el sentido de la Palabra de Dios se va volviendo más amplio, se va volviendo más bello, se va volviendo más cierto, más nítido en nuestros corazones.

Menciono todo esto porque el Evangelio de hoy, tomado de San Mateo. Concretamente del Sermón de la Montaña, en el Capítulo Quinto. Nos presenta una de las frases más conocidas y más predicadas de toda la historia de la Iglesia. Ustedes son luz del mundo, ustedes son sal de la tierra. Estas son palabras que hemos escuchado muchas veces, pero son palabras que van creciendo también con nosotros. Por ejemplo, preparando este breve mensaje me ponía a pensar ¿Qué es la luz en este momento de mi vida? Y me daba cuenta que hay tanto significado en esta palabra que tal vez yo mismo no lo había encontrado. Por ejemplo, la luz te ayuda a evitar obstáculos. Si uno entra a una habitación que uno no conoce y está todo completamente a oscuras, seguramente va a terminar golpeándose, tropezándose, lastimándose con las cosas que están ahí. No sería extraño que terminara dando tumbos y acabar en el suelo. Cuando hay luz, se pueden evitar obstáculos. La luz de Dios que llega a nosotros, precisamente nos ayuda a evitar esos obstáculos. Y si nosotros estamos llamados a ser luz, estamos llamados a llevar una vida que con el testimonio, con el ejemplo y también con las palabras, ayude a que otros hermanos eviten obstáculos.

A mí esto me parece muy bello, por ejemplo, en grupos de oración en comunidades de fe católica, y me refiero en este caso a la vida de los laicos. Para mí es muy significativo cuando empiezan a formarse lazos de auténtica, muy bella amistad en Dios entre las personas. Y es que tengo en mi mente, el ejemplo de una señora ya de algunos años, parecida a la edad mía. Esta señora que ha tenido algunos amigos y amigas en un grupo de oración que yo conozco. Y me encanta la manera como ella aconseja a estos muchachos, a estas niñas. La manera como aconseja, yo diría que esta mujer es luz. Ella misma tiene toda una historia de conversión. Toda una historia. Pero precisamente por lo que ha conocido y por aquellos lugares de donde Dios Buen Pastor la ha sacado a ella, precisamente por esa riqueza, ella tiene palabras para decir no te tropieces con esto, no caigas en este error, no te desvíes de este camino. Eso es ser luz, eso es evitar obstáculos.

Otro aspecto que es muy bello de la luz y que realmente no lo había pensado mucho, es que siempre requerimos de la luz para poder leer. Ya sea de esas nuevas pantallas electrónicas. Hay libros electrónicos que tienen una luz tenue para que puedas leer incluso en la más perfecta oscuridad o con alguna lamparita, pero necesitas luz para poder leer. Y eso también me parece muy bello, porque la luz de Dios también nos permite leer, leer en sentido amplio, leer la Palabra de Dios, correcto. Pero también leer situaciones, leer rostros, leer nuestra propia historia, leer los signos de los tiempos. Para todo eso necesitamos luz, necesitamos mucha luz. A mí me sorprende con gran dolor que a veces suceden tragedias y las personas dicen nunca nos imaginamos que esto iba a pasar. Luego resulta que sí había signos que estaban mostrando que una tragedia se iba a iba desenvolver. Y estoy hablando de tragedias como aquellas personas que se quitan la vida y luego tú escuchas a los papás, a los amigos y dicen es que no lo vimos venir, es que no presentíamos que esto podía suceder. Necesitamos luz para leer los signos, repito, para leer los rostros, para leer la palabra, para leer nuestra historia. Y es muy hermoso cuando una persona está llena de la luz de Dios y puede ayudar a otro, para que ellos también puedan darse cuenta de hacia dónde van las cosas. Cuáles son los cuidados que tienen que tener, cuáles son las oportunidades que se les están abriendo. La luz nos permite leer.

Y un último punto sobre la luz. La luz trae alegría. Yo creo que un contraste muy bello es el que se da en el amanecer. Y yo recuerdo con mucho amor, el tiempo en que estuve sirviendo en el Santuario Mariano Nacional aquí de Colombia, ese santuario queda en la ciudad de Chiquinquirá. A mí me correspondió varias veces celebrar la Santa Misa, pero no en el templo. También celebraba en el templo, claro, en la Basílica. Sino celebrar en distintos lugares del campo, lo que aquí en Colombia llamamos las veredas. Llamamos veredas a esos lugares que pertenecen a un municipio, pero que quedan así en el campo. Y esa celebración siempre era muy, muy temprano en la mañana, tan temprano que cuando uno llegaba era noche cerrada. Pero mientras se iba celebrando la Misa, sobre las cinco o cinco y media de la mañana, pues por supuesto, empezaban los primeros rayos de luz. Y al terminar la Eucaristía y al saludarnos al final de la Eucaristía, en ese campo, el esplendor de toda esa naturaleza, esas flores, árboles, la alegría que trae la luz. Estamos llamados a ser luz también en ese sentido.

Estamos llamados a ser luz, mostrando también lo positivo. Hay muchos profetas de desastres. Hay muchas personas que casi parecen regocijarse en ser portadores de malas noticias. Pues sin quitar nada en realismo de las cosas malas que suceden en el mundo, hay que dar también espacio para la alegría, para la gratitud, para la esperanza y para la alabanza. Y todo eso lo trae la luz, que trae también con sus rayos la oportunidad de ver el color de la vida. Así que estamos llamados a ser luz. Cristo quiere que nosotros seamos luz. Cristo quiere que nosotros hagamos una diferencia en la vida de nuestros hermanos. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.

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