Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El saber adaptar nuestras palabras, el buscar la mejor manera de llegar a los corazones e iluminarlos hace que nuestro comportamiento cristiano no vacile.

Homilía i102005a, predicada en 20210608, con 5 min. y 24 seg.

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Transcripción:

Una de las razones por las que admiro tanto al apóstol San Pablo es porque a este hombre le tocaba en el mejor sentido de la palabra, ir improvisando. Él no tenía un manual que le dijera ahora tienes que hacer esto y después esto otro para fundar una comunidad cristiana. Él no tenía lo que nosotros tenemos, esa claridad y belleza que hay en un catecismo, por ejemplo. Él no tenía eso. Él no tenía tampoco la claridad y al mismo tiempo, la caridad que aparece en el derecho canónico en nuestra Iglesia Católica. Él no tenía eso. Entonces, si no tenía ninguna de esas cosas en el mejor sentido de la palabra, le tocaba improvisar. Tomaba decisiones sobre la marcha. ¿Qué tengo que hacer ahora? ¿Vuelvo a visitar a tal comunidad, vuelvo a Jerusalén, tomo esta ruta, tomo esta otra? Además, muchas veces tuvo que experimentar amarga traición.

Él se queja en algunas de sus cartas y dice He tenido que luchar contra peligros contra salteadores. Sí lo robaron, atracos, contra todo eso ha tenido que pelear. Pero indudablemente, lo que más le dolía era la oposición de los propios judíos. Y también las trampas de los falsos hermanos, de aquellos que parecían cristianos, pero no lo eran. Fue muy dura la vida de este hombre y por eso, por ese estar modificando sus planes y tratar de buscar cuál era la mejor manera de servir a Cristo. Algunos decían de él que era dudoso su proceder. Que a veces era una cosa y otras veces era otra. Que a veces era muy rígido y a veces era muy flexible. Que a veces era implacable y a veces era solo compasión y que además continuamente estaba modificando su ruta o sus planes. Parece que le estaban pidiendo el imposible de tener, como una especie de proyecto acabado, cuando todo estaba por hacer en la Iglesia.

¿Por qué cuento esto? Cuento esto porque la primera lectura de la Segunda carta a los Corintios nos presenta un poco de la defensa que Pablo hace de su propio proceder. Y entonces él dice: Nosotros no hemos sido primero sí y luego no. Era un poco una de las acusaciones que le hacían. Que este es, pero luego no es, pero luego parece que sí, pero luego parece que no. Y él dice no, en Cristo, nosotros lo que hemos encontrado, nosotros lo que hemos recibido, es el sí definitivo de Dios. Y también nos muestra con su lenguaje, que nuestra vida cristiana tampoco puede ser esa vacilación entre sí y no. Ilustrémoslo con unos dos o tres ejemplos. Piensa en la persona que en su grupo parroquial o en su grupo de oración es muy cristiano y muy fervoroso, pero luego en su trabajo, luego entre sus amigos, que no se note, que no se note que soy cristiano. Ahí lo tienes. Primero una cosa y luego otra cosa. O piensa también en aquella persona que dice. Que ese caso lo he conocido yo, casi diría personalmente. Aquella persona que dice yo estoy en contra del aborto, pero luego resulta que su propia hija queda embarazada y ese embarazo, entre comillas, va a arruinar la carrera universitaria de esa muchacha o una oportunidad de trabajo magnífica. Y entonces, en ese caso, calladito la boca. Vamos a deshacernos del problema. Es decir, vamos a asesinar al niño. Eso es la incoherencia. Eso es ser sí y luego no.

Pablo dice: La vida cristiana no es eso. La vida cristiana no es estar jugando entre el sí y el no, y sin embargo, la vida cristiana sí requiere adaptación. Adaptación ¿en qué sentido? Adaptación en el sentido de que, por ejemplo, para ser claro, no tengo que ser agresivo. Hay gente que confunde la sinceridad con la brusquedad o la claridad con la agresividad, no. Entonces, el saber adaptar nuestras palabras, el buscar la mejor manera de llegar a ese corazón e iluminarlo, hace que nuestro comportamiento, como el de Pablo, no siempre tenga que ser el mismo, pero en el fondo, en lo que tiene que ver con la fe, con la sana doctrina, en lo que tiene que ver con la esencia de nuestro ser de católicos. No somos primero sí y luego no, porque Cristo es el perfecto sí de Dios. O como dice el texto original, es el Amén de Dios para nuestra vida.

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