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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo por su sacrificio en la cruz es señal de fidelidad de que Dios no se arrepiente de amarnos. Pidamos a Él que nos afiance en la fidelidad porque Él mismo es fiel.
Homilía i102004a, predicada en 20170613, con 5 min. y 59 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada de la segunda Carta a los Corintios, en el Capítulo Primero. Ya hemos dicho que un tema central dentro de este documento es la persecución. El apóstol Pablo, prácticamente en la mitad de esta carta, que no es breve, nos cuenta sobre lo que vive interiormente y por eso es importante el texto que aparece hoy. Porque la fidelidad de Pablo no es simplemente su decisión personal, sino que es el fruto de la fidelidad de Dios. Es lo que expresa este apóstol cuando dice Dios no fue primero sí y luego no. Es decir, nuestro Dios permanece. La palabra de salvación, la palabra de perdón, de liberación, la palabra de gracia y de victoria que nos ha dado no es una palabra que cambia y por eso, apoyados en la fidelidad de Dios, nosotros podemos crecer también en fidelidad.
Cristo, sobre todo Cristo en la cruz, es decir, Cristo hasta el extremo de la cruz, es precisamente la señal de esa fidelidad, la señal de que Dios no da marcha atrás. La señal de que Dios no se arrepiente de amarnos como nos ama. Y por decirlo con un lenguaje que es muy común hoy, aunque no es mi favorito. Dios no se cansa de apostar por nosotros. Ahora bien, esa certeza que Cristo nos da exteriormente, la necesitamos como fuerza dentro de nosotros. Necesitamos llegar a tener fortaleza interior. Y la fortaleza interior es exactamente lo que nos da el Espíritu Santo, el sello imborrable, inamovible del Espíritu es el que nos confirma en esa propia fidelidad. O sea, que el cristiano, en medio de sus combates puede ser fiel, porque Dios es fiel. Y la fidelidad de Dios la encuentra el cristiano exteriormente cuando contempla el sí de Cristo en la cruz. Interiormente, cuando se abre a la acción del Espíritu y recibe de continuo de una manera continua, pero sobre todo a partir de su bautismo, recibe la fuerza de esa fidelidad que viene de Dios. Esa fidelidad es muy necesaria hoy, porque hay muchos que están traicionando su fe.
De un modo muy breve quiero referirme a las tres grandes traiciones que están aconteciendo hoy. Una es el creer que si yo disminuyo la dosis de Evangelio, voy a llegar a un punto en el que mi evangelio va a ser aceptable por la gente. Es lo que se llama el cristianismo de rebajas. Así como cuando un almacén no logra vender una determinada camisa por su modelo, por su color, y entonces dicen estamos en rebajas y disminuyen el precio de esa camisa para ver si con un precio menor logran salir de ella. Hay evangelizadores que están haciendo eso. Es decir, quitémosle al cristianismo lo que es antipático y de esa manera vamos a tener un cristianismo que sí es aceptable. Si el problema para que aceptes el cristianismo o para que sigas siendo cristiano es que tú estás en adulterio, entonces quitemos esa palabra, quitemos esa denuncia y a ver si un cristianismo, mutilándole esa partecita, te resulta aceptable. Esa es una manera de traicionar el Evangelio.
Otra manera de traicionar el Evangelio es el creer que nosotros podemos tomar palabras como cristianismo o catolicismo y llenarlas de lo que nos parezca. Así, por ejemplo, en la República de Colombia se debatía no hace mucho el tema de la adopción de niños por parte de las llamadas parejas gay. Y entonces el lugar donde se debatía la Cámara de Representantes del Congreso de la República de Colombia presenció el caso de algunos de nuestros elegidos, de nuestros congresistas, diciendo yo como católico. O sea, ponían por delante su nombre de católicos, considero que hay que obrar de esa manera. Y daban sus argumentos de una religión barata, con una misericordia mal entendida. Cosas de ese género. Entonces, ese es otro modo de traicionar la fe.
Otro modo, el tercer modo, que con mucho es el más frecuente, es el seguir llamándonos católicos, pero ya no practicar. Entonces no practicamos nuestra fe, somos solo de nombre, somos solo de labios para afuera. Es muy importante vencer estos tres tipos de traición. Hay que vencer la traición del cristianismo de rebajas. Hay que vencer la traición semántica de los que se llaman católicos, pero no lo son. Por ejemplo, hay una organización horrorosa, pro aborto que se llama Católicas por el derecho a decidir o una cosa parecida. No tiene nada de católicas, pero utilizan, prostituyen esa palabra, la profanan. Y lo tercero, pues hay que tener cuidado con el hecho de que muchos de nosotros, con nuestra incoherencia, hacemos, como dice el profeta Ezequiel, que se ha profanado el nombre de Dios. Pidamos al Señor que, como a Pablo, también a nosotros, nos afiancen la fidelidad, porque Dios mismo es fiel.

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