Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cuando es más escasa nuestra fuerza Dios nos da alivio, alegría, esperanza y compañía en abundancia para poder ayudar y consolar a nuestros hermanos que también sufren.

Homilía i101008a, predicada en 20230612, con 6 min. y 5 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada de la segunda Carta a los Corintios y nos trae sobre todo dos enseñanzas: la primera, la realidad del sufrimiento. El sufrimiento del apóstol San Pablo y el sufrimiento que en general tiene el cristiano. Pero en segundo lugar, y esto es lo más importante, la respuesta de Dios al sufrimiento del cristiano. Podríamos decir que ese es el título de esta pequeña reflexión. Repito la respuesta de Dios al sufrimiento del cristiano. ¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Por qué es tan difícil el tema del Evangelio o las dificultades son muchas? Uno encuentra dificultades adentro de uno mismo porque uno mismo muchas veces experimenta rebeldía frente al plan de Dios. Porque el plan de Dios nos está hablando de conversión, nos está hablando de santidad, y la conversión y la santidad significa dejar el pecado, pero el pecado trae sus propios deleites.

Entonces, si uno está mal acostumbrado por el pecado, uno no quiere conversión. Es así de sencillo. Uno no quiere conversión, porque porque uno le encuentra gusto al pecado, ya sea pecado de codicia, pecado de envidia, pecado de resentimiento, pecado de lujuria, pecado de robo. Uno le encuentra ventajas al pecado, y la conversión significa dejar esas ventajas y por eso implica una especie de sacrificio. Y por eso uno encuentra oposición dentro de uno mismo, es decir, por dentro la carne se rebela. Luego también hay mucha oposición porque el mundo no ayuda, el mundo aplaude y celebra lo que es torcido. Muchas veces lo que es pervertido. El mundo impone leyes y luchar contra esas leyes es muy difícil.

El mundo impone sistemas educativos que a veces son un dolor de cabeza para los papás, para las mamás. Hace poco me hablaba una mamá y me decía ¿qué hago? A mi hija de tres años, de cuatro años ya le quieren meter ideología de género. Ya las cartillas que se están dando en el colegio ya son precisamente en esa dirección, ya van en esa línea. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Qué podemos hacer los padres de familia? Y no hay una respuesta sencilla sobre lo que tienen que hacer los padres de familia. O sea que también hay combate no solo por la propia carne que se rebela, sino también por el mundo.

Y luego, pues no se nos olvide que hay otro enemigo temible que es el demonio mismo. El demonio muchas veces considera que ya nos tiene seguros en sus fauces y en sus garras, ya nos tiene seguros y el demonio va a dar la pelea. Demonio va a dar la pelea para que nosotros no nos convirtamos. El demonio va a dar la pelea para que nosotros no respondamos realmente al querer de Dios y por consiguiente, pues va a haber dificultad. Ese es dificultad. Y esa, ese ataque del demonio, del mundo y de la carne, a veces se concreta en auténticas persecuciones como las que vivió el apóstol San Pablo. Por eso podemos asegurar que ha habido y que habrá sufrimiento. Pero repito, lo más interesante es cómo responde Dios a este sufrimiento. Y esto es absolutamente precioso, porque Dios responde con una fuerza que San Pablo llama el consuelo.

Dios nos da un consuelo, un consuelo, que es como un alivio y a la vez una alegría y a la vez una esperanza y a la vez una compañía. Todo eso está en la palabra consuelo. Dios te da todo eso alivio y te da, cómo se llama esto te da fuerza y te da alegría y te hace sentir su presencia. Pero lo más maravilloso. es que Dios te da todo eso en tanta abundancia que tú incluso puedes ayudar a los que están decayendo, ayudar a los que están sufriendo, ayudar a los que se están hundiendo. ¡Qué cosa tan hermosa! Es decir, que en el momento en el que es más escaso el recurso interior porque sentimos que nuestras fuerzas se agotan en ese momento, Dios es tan bello, Dios es tan grande, Dios es tan fuerte que te da y te da con tanta abundancia que tú puedes consolar a otros.

Solo te voy a dar un ejemplo. ¿Tú te acuerdas de aquel mártir franciscano de los franciscanos conventuales San Maximiliano María Kolbe? Fue condenado a muerte en cierto sentido. Él mismo escogió esa muerte por salvar a otro de la muerte. Maximiliano escogió la muerte y Maximiliano recibió la muerte. Así como Cristo recibió la muerte y la muerte era espantosa, porque la muerte era básicamente dejar morir de hambre y de sed a estos pobres condenados. Y en esa situación tan terrible, Maximiliano no solamente conservó la fe, sino que ayudó a sus compañeros de tortura, a sus compañeros de prisión y tortura hasta la muerte. De hecho, el último que murió de ese grupo fue el mismo Maximiliano. ¿Te das cuenta lo maravilloso cómo Dios nos da en abundancia cuando es más escasa nuestra fuerza? Dios nos da en abundancia.

Esa es la grandeza de la fe de los santos. Eso es lo que nos muestra San Pablo, y eso es lo que tú y yo también podemos llegar a vivir si somos verdaderos creyentes. Que el Señor te bendiga. Estamos empezando la lectura de la Segunda Carta a los Corintios.

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