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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las bienaventuranzas describen la vida de Cristo, son la ruta que conduce a la verdadera felicidad, describen la vida de los santos y son el puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Homilía i101006a, predicada en 20190610, con 5 min. y 54 seg. 
Transcripción:
Terminada la gran fiesta de Pentecostés, termina también el tiempo pascual. Pero no sólo eso. Recordemos que Pascua es el complemento de lo que celebrábamos y preparábamos en la Cuaresma. Estos dos tiempos litúrgicos hay que verlos juntos. La Cuaresma nos invita a reconocer la profundidad de nuestra necesidad y la Pascua nos invita a reconocer la grandeza del amor de Dios que colma nuestra necesidad. Por eso no hay buena Pascua sin buena Cuaresma, y no hay buena Cuaresma si no culmina en un gozo profundo, un gozo verdadero gozo de Pascua. Estos dos tiempos litúrgicos, por favor mantenerlos conectados y ver la dinámica que va del uno al otro. Luego tenemos otros dos tiempos litúrgicos que están hacia el final del año civil. Es una dinámica parecida. Ahí tendremos Adviento y Navidad. El tiempo de Adviento prepara el tiempo de Navidad, celebra. Fíjate que Adviento y Navidad se concentran en la llegada del Hijo de Dios a esta tierra. Mientras que Cuaresma y Pascua nos invitan a mirar la salida, la partida a través de la cruz y a través de la gloria del Señor Jesucristo. Entonces Adviento y Navidad se concentran en la llegada. Cuaresma y Pascua, nos invitan a celebrar la salida del Hijo de Dios. Quitando estos cuatro tiempos litúrgicos, el resto del año es lo que llamamos tiempo ordinario, el tiempo ordinario. Y ese tiempo ordinario vuelve a empezar cuando ya termina Pentecostés. O sea que lo estamos empezando ahora mismo. ¿Cómo lo empezamos? Bueno, en este caso estamos en la semana décima de ese tiempo ordinario, porque ya ha habido unas semanas que estuvieron entre el final del tiempo de Navidad y el Miércoles de Ceniza y hubo unas semanas. Entonces, como ya hubo unas cuantas semanas de tiempo ordinario, ahora conectamos con el tiempo ordinario. Ya ha empezado en la semana número diez. En este caso tenemos el Evangelio de las Bienaventuranzas, capítulo quinto de San Mateo y comienzo del Sermón de la Montaña. ¿Por qué son tan importantes las bienaventuranzas para nosotros? ¿Por qué se mencionan tanto? ¿Por qué se le da tanto lugar a las bienaventuranzas? Te voy a dar cuatro razones muy poderosas. Primera, porque describen la vida de Cristo, es decir, el primero que vivió hasta el fondo cada una de estas bienaventuranzas, fue el mismo nuestro Señor Jesucristo. Es decir, que yo no puedo tener el perfil verdadero de Cristo sin estas bienaventuranzas, y que cualquier otra cosa que yo me imagine de Cristo, como decir que es un filósofo, un poeta, un líder social, si eso no coincide con las bienaventuranzas, hermano, te perdiste, te extraviaste en algún punto. Entonces las bienaventuranzas son un retrato del corazón de Jesús. En segundo lugar, las bienaventuranzas son importantes porque son una ruta que, aunque estrecha, nos conduce a la verdadera felicidad. Recordemos lo que Cristo nos dice en alguna oportunidad que el camino de la perdición es ancho. El camino de la salvación es angosto. Y ciertamente ese camino está bien descrito en las bienaventuranzas. De modo que al seguir este camino, pues estamos encontrando la verdadera felicidad como Cristo la ha deseado para nosotros. El tercer motivo es que las bienaventuranzas son la descripción de lo que son los santos. Si tú miras cualquier homilía de los Papas, cuando canonizan a una persona, hombre o mujer, siempre lo que van a destacar es cómo vivió las bienaventuranzas. Por supuesto, hay unos que destacan más en alguna de ellas, otros destacan más en otra. Así, por ejemplo, es evidente que los mártires, pues, destacan enormemente en aquella bienaventuranza final en la que Cristo dice: Bienaventurados ustedes cuando los persigan y los maldigan. Hombre, eso se cumple especialmente para los mártires. Luego tenemos otros que han vivido otro tipo de bienaventuranza, por ejemplo, los compasivos Bienaventurados los misericordiosos. Eso lo han vivido aquellos que centraron su corazón en servir, por ejemplo, a los indígenas o a los migrantes, o a los niños huérfanos o a los ciegos. De manera que las bienaventuranzas son también el criterio que la Iglesia utiliza para la santidad. Si en algo nos interesa la santidad, tienen que interesarnos las bienaventuranzas. Y finalmente, las bienaventuranzas son muy importantes desde el punto de vista bíblico, porque son el gran puente entre el tema final del Antiguo Testamento, que son los pobres de Yahvé, es decir, aquella gente desengañada del mundo pero apegada a Dios, y luego el mensaje de Cristo. De manera que el puente entre Antiguo y Nuevo Testamento hay que buscarlo en la clave de las bienaventuranzas. Felices nosotros si miramos a esta clave, felices nosotros si hacemos caso a Jesucristo.

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