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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Allí donde Dios se reconoce como Señor de nuestra existencia, como dueño de nuestra vida hay una fuerza sobrenatural que nos sostiene aunque lleguen los peores tiempos.
Homilía i093009a, predicada en 20230607, con 7 min. y 36 seg. 
Transcripción:
Hoy vamos a hablar de un tema muy delicado y muy doloroso. Se trata de la ideación suicida, es decir, de ese momento difícil, complejo, en el que una persona empieza a considerar y después, seguramente, avanza en el diseño de su propia muerte, ¿cómo acabar con mi vida? La ideación suicida lamentablemente se está extendiendo como una especie de epidemia en nuestro tiempo. Ya es preocupación para muchos gobiernos, hace poco leía noticias de España donde se habla de una auténtica epidemia de suicidios. Las cifras de suicidios en todos los sectores de la sociedad van creciendo, incluyendo niños y jóvenes, incluyendo religiosos, religiosas, sacerdotes.
No podemos, no debemos cerrar los ojos frente a este auténtico drama que tiene repercusiones muy profundas, porque no es únicamente la persona que se elimina, sino el desconcierto, el dolor, la soledad, la profunda tristeza que se produce en los amigos, en los conocidos y, sobre todo, en los parientes más cercanos. Es tan grande el dolor que causa la pérdida de alguien que se han detectado patrones de lo que podríamos llamar contagio de ideación suicida en familias o en grupos.
Conocí el caso, por ejemplo, de un colegio en donde una chica lamentablemente se suicidó y después de ella, en ese colegio, sucedieron otros dos o tres suicidios. Eso es lo que llamamos un contagio de ideación suicida. El tema merece mucha atención, pero es que hay una razón bíblica para que hoy estemos hablando de ideación suicida. Y es que, en la primera lectura de hoy, tomada del libro de Tobías, nos encontramos con dos personas que se desearon la muerte.
Esas dos personas son Tobías papá, también llamado Tobit, y una mujer que va a tener un lugar muy importante en el relato de este libro bíblico, una mujer llamada Sara. No la vamos a confundir con Sara, la esposa de Abraham, que vivió muchos siglos atrás. Tobit se desea la muerte porque vive en el destierro, porque ha tratado de practicar el bien y se encontró con un accidente que lo dejó ciego. Y encima de estas desgracias, los reproches y las humillaciones de su propia esposa, le llevan al límite de sus fuerzas emocionales y él piensa realmente que todo debería acabarse, esa es la situación de Tobit, esa es la ideación suicida de Tobit.
Mientras tanto, la condición de Sara, que es una jovencita en aquel momento del relato, la condición de Sara es muy compleja. Compleja porque lo que ella más anhela, teniéndolo todo en casa de su papá, es poder realizarse en un matrimonio. Pero ese matrimonio parece imposible, no porque ella no se haya casado, sino porque al consumar, al momento de consumar el matrimonio, es decir, de la unión entre su esposo y ella, pues los esposos han muerto de una manera inexplicable y el relato atribuye esas muertes a un espantoso demonio llamado Asmodeo, que es el que le va matando los esposos a Sara.
Entonces, Sara se siente rodeada, podríamos decir, acosada por la desgracia, no sabe qué hacer y en medio de su soledad, de su frustración y por qué no decirlo, de su rabia, ella llega a una conclusión: Yo debería ahorcarme, yo debería quitarme la vida. Tiene ideación suicida, lo mismo que Tobit. En la Biblia encontramos algunos otros casos de personas que llegaron al límite de sus fuerzas emocionales.
El libro de Job, que ya he dicho que tiene algunos paralelos con cosas del libro de Tobías, el libro de Job nos cuenta también cómo este hombre, un hombre justo, un hombre bueno, al verse enfrentado con tantas desgracias, siente que no puede más. Y hay un momento en donde suelta una expresión terrible: Mejor que me hubieran abortado, y se desea la muerte. Otro que también llegó al límite de sus fuerzas fue el profeta Elías. El profeta Elías, cuando ya se sintió acosado por todos, olvidado, despreciado incluso por la gente que se supone que tenía fe en Yahvé, perseguido por el rey, no aguanta más y entonces hay un momento en el que el profeta Elías dice: No aguanto más, y quiere morirse.
Pero hay una gran diferencia entre estos personajes y otros personajes de la Biblia que sí se suicidaron. Efectivamente, nos cuenta el Antiguo Testamento que un hombre llamado Ajitofel se suicidó, él vivió en la época del rey David y no le salieron bien sus jugadas políticas. Y entonces la descripción que hace la Biblia es: Dejó en orden las cosas de su casa y se mató. Y lo mismo, pues el caso tal vez más conocido de la Biblia es el de Judas Iscariote, que también se suicidó.
Pero estas personas, es decir, Elías, Job, Tobit, el que aparece en la lectura de hoy, Sara que aparece en la lectura de hoy, estas personas no se suicidaron, tuvieron la conciencia de que no daban más, que no les daban más las fuerzas, pero no se suicidaron. Y yo creo que la frase de ellos, tanto de Tobit como de Sara, es muy ilustrativa de cómo lucha un cristiano, cómo lucha un creyente cuando llega al límite. Fíjate que lo máximo que ellos dicen es: Quítame la vida, tú, Señor. Es decir, no le quitan el señorío a Dios, no le quitan la autoridad a Dios.
El reconocimiento de que Dios es el Señor, aunque mis fuerzas se hayan agotado, aunque mi tristeza esté en el tope, aunque mi depresión sea total, la vida le pertenece a Dios, Dios sigue siendo el Señor de la vida. Y esa proclamación sostuvo vivo y le permitió a Tobit ver la victoria de Dios, eso sostuvo la vida de Sara y le permitió a ella ver la victoria. Son lecciones para nosotros, allí donde Dios se reconoce más y más como Señor de nuestra existencia, como dueño de nuestra vida hay una fuerza sobrenatural que nos sostiene, aunque lleguen los peores tiempos.

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