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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En medio de la amargura no debemos permitir que la puerta de la muerte nos seduzca sino que hemos de descubrir la oración, por la cual se abre otra puerta donde descubrimos un bien mayor.
Homilía i093006a, predicada en 20150603, con 4 min. y 56 seg. 
Transcripción:
Esta semana nos está acompañando el libro de Tobías. Es una narración, una especie de parábola, pero parábola gigante, porque las parábolas que ofrecía Cristo eran apenas historias breves. Tal vez la más larga, si no me equivoco, será la parábola del hijo pródigo, en los Evangelios. Pero nada impide que se utilice una narración más amplia, en un estilo parecido al de las parábolas, para ofrecer unas cuantas preguntas bien interesantes y quizás darnos también algunas respuestas que nos hacen mucho bien.
Hoy, por ejemplo, nos encontramos, en el capítulo tercero de Tobías, nos encontramos con una afirmación que a mí personalmente me parece muy bella y es muy sencilla también, muchas veces de dos males puede salir un bien, de dos males un bien. Solo Dios puede hacerlo, pero la manera como lo hace nos enseña mucho porque nos ayuda a confiar, por una parte, en el poder de la oración y por otra parte, en su infinita misericordia y en su infinita providencia. Básicamente lo que sucede es que tenemos a dos familias más que personas, dos familias en desgracia.
Una de esas familias es la que tiene el problema de la ceguera de un hombre llamado Tobit, la ceguera de Tobit, eso es algo muy lamentable en esa familia. Más lamentable todavía por el hecho de que Tobit era un hombre piadoso, un hombre caritativo, un hombre solidario y le ha caído esta desgracia. Y luego tenemos otra familia en la que hay otro problema, un problema muy extraño, quizás suena demasiado raro a nuestros oídos, es el caso de una mujer llamada Sara. Una mujer acosada por un espíritu perverso por un demonio, incluso se da el nombre del demonio Asmodeo.
Y Sara está al borde de la desesperación. Y, por supuesto, la familia de Sara está llena de tristeza y de confusión. Mientras tanto, a muchos kilómetros de distancia, Tobit está lleno de amargura, está lleno de frustración. Y es muy impresionante ver que en estas dos familias lo único que parece que puede ser una puerta para salir de tanto dolor es la muerte. Entonces, Sara incluso considera el suicidio, esta Sara, no confundirla con la esposa de Abrahán, considera incluso el suicidio. Y luego, Tobit también se siente hundirse en la tristeza hasta la muerte.
Pero hay algo bueno que ambos hacen y eso bueno que hacen estas dos familias y que hace en particular Tobit y que hace también Sara es orar. Es decir, en medio de su dolor no se quedan encerrados lamentándose. O sea que aquí hay una enseñanza potente, cuando uno se queda solamente encerrado en su dolor, se lo traga la muerte. Pero ellos, en medio de su dolor y sin quitarle nada a la amargura que padecen, ellos oran. Y esa, tal vez, es una de las enseñanzas más preciosas de este libro, que en medio de la amargura no debemos dejar que la puerta de la muerte nos seduzca, sino que hemos de descubrir la oración.
Y a través de la oración se abre otra puerta y de dos males espantosos va a salir un bien muy bello, es la historia de Tobías. Tú tienes ese libro en tu Biblia, allá en la casa, léela completa. Aquí vamos recorriendo algunas escenas, pero es Dios el que nos está invitando a que nos acerquemos a su Palabra. No nos quedemos con los breves pasajes que se escuchan en la Santa Misa, vayamos al libro mismo y descubramos esta hermosura. ¡Qué bello es sacar de dos males un bien inmenso! Solo Dios puede hacerlo, pero lo hace a través de la oración.

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