Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La vida está en la Biblia.

Homilía i092002a, predicada en 20010605, con 24 min. y 39 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Amados hermanos. La primera lectura puede resultar un poco incómoda o difícil para nosotros. Es la continuación de la historia de un hombre bueno. Apasionadamente bueno que le va desesperadamente mal. Ese hombre se llama Tobías. Y el comienzo de sus grandes desgracias es lo que hemos escuchado en la primera lectura. No es una lectura simpática. Porque no nos cuenta nada espectacular, sino simplemente un accidente que le echó a perder la salud a este pobre hombre. Además de una manera absurda y humillante como son los accidentes. Él, preocupado por la ley de Dios, es un hombre que se dedica a hacer obras buenas, incluso poniendo en peligro su propia vida. El contexto del libro de Tobías es el destierro. Los israelitas estaban desterrados.

Y en medio de ese destierro, Tobías no soporta la humillación a que los están sometiendo sus opresores, que cuando mataban a un israelita dejaban el cuerpo al aire libre para que fuera comido por los buitres, comido por los chulos, decimos en mi país. Esos animales que se alimentan de carroña. Tobías no quiere esa humillación. Y entonces, cómo hemos oído, tal vez en la lectura del día de ayer, él iba y recogía esos cadáveres los llevaba a su casa esperaba que fuera de noche y entonces enterraba los cadáveres. Un hombre valiente. Hasta llegar a poner en peligro su propia vida con tal de ser obediente a Dios. Este hombre es el que nos cuenta lo que oímos en la primera lectura. Cansado, se recuesta, se tapa la cara y entonces la cosa más ridícula y humillante del mundo, cae excremento de aves que traspasa el que le daña los ojos. Y en medio de esa desgracia, pues la falta de entendimiento con su esposa, la actitud de él no es buena.

Él juzga a la esposa y el libro de la Biblia es honesto en mostrar el error que él comete. La esposa le toca ponerse al frente de los gastos de la casa y en un momento feliz le dan un animalito, un cabrito de regalo y Tobías no le cree a la esposa que sea un cabrito de regalo, sino piensa que es un cabrito robado y ahí se forma una pelea y ahí es donde la esposa entonces se burla cruelmente de él. Ahora sí se ve claro. Le dice a su esposo que ya está ciego. Ahora sí se ve claro en dónde fueron a parar todas sus limosnas. Señor. Es una escena, como diría Nietzsche. Humana, demasiado humana. A veces uno cree que en la Biblia todo lo que aparece es espectacular, maravilloso, sobrenatural. Y resulta que en la Biblia está retratada la vida. Aquí hay muchas personas que están casadas. Y estoy seguro de que si leyéramos aquí las historias de las peleas de los casados, también nos parecerían de pronto injustas y ridículas. La Biblia nos retrata de una manera, si se quiere, demasiado fuerte, demasiado clara. Nos retrata la realidad humana.

Primera enseñanza de este día entonces, la Biblia no es un cohete que nos hace escapar de las realidades de este mundo. No es una especie de droga, llámese éxtasis o lo que sea. No es una droga que nos saca por allá a una estratosfera donde no se ven los problemas. El que quiera leer la Biblia, el que quiera escudriñar la Palabra, se encontrará con las realidades de la vida humana crudamente expuestas muchas veces. Y ahí apareció una realidad profundamente humana. Ahí apareció un hombre que tuvo un accidente. Y como todos los accidentes, ridículo, absurdo, humillante. ¿Por qué pasa eso? Pero qué bueno que peso en la Biblia. Porque si la Biblia no nos contara de accidentes ridículos y humillantes. ¿Qué haríamos nosotros? Porque en nuestra vida hay cantidad de accidentes ridículos y humillantes. Además, si no nos hubieran acontecido. ¿Quién de nosotros tiene un seguro en contra de accidentes ridículos y humillantes?

Esta mañana estaba viendo un programa de televisión que hablaba sobre los riesgos y los accidentes, precisamente. Y decía que en los Estados Unidos de América, donde se ha hecho esa encuesta, no sé cómo serán los datos en otros países. En los Estados Unidos de América en promedio. Óigame, cada hora, cada hora muere una persona en un accidente dentro de su casa. Óigame, eso, parece la cosa más ridícula del mundo, pero es así. Gente que se resbaló en la escalera. Gente que se intoxicó con monóxido de carbono. Gente que se ahogó en la bañera. Gente que se resbaló. Se dio un golpe. Se desnucó mientras se lavaba los dientes. Cualquier cosa de esas. Los accidentes están en nuestra vida. Por eso los accidentes están en la Biblia.

En nuestra vida hay discusiones estúpidas. Por eso en la Biblia aparece esta discusión estúpida. En nuestra vida sucede que juzgamos a las otras personas y no llegamos a creerles lo que nos dicen. Por eso en la Biblia se cuenta que hay gente que juzga a otras personas y que no llega a creerles lo que dicen. En fin. Primera enseñanza para el día de hoy, la Biblia no nos va a ayudar a escaparnos de la vida. La Biblia no es un cohete que me escapa de la vida. La vida está en la Biblia y la Biblia me ayuda a leer la vida. La Biblia me ayuda a mirar mi vida de otra manera, a encontrar la óptica de Dios sobre mi vida. La Biblia no es un velo para que yo no vea la vida, sino es una mirada, la mirada de Dios que me acerca a mi vida de otra manera. La historia de Tobías no termina en la estúpida pelea de marido y mujer que oímos al final de la lectura de hoy. La historia de Tobías continúa. Lo que hemos leído hoy es el final del capítulo segundo. Es una pequeña novela el libro de Tobías.

Y en esta pequeña novela hay muchísimas enseñanzas que tienen que ver sobre el amor humano, sobre la amistad, sobre la presencia providente de Dios a través de sus ángeles y otra cantidad de cosas hermosas y apasionantes que ya no las podremos compartir así juntos, pero que usted sí las puede leer ahí en la Biblia y que las va a seguir escuchando si asiste con la bondad de Dios a la Santa Misa durante estos días. De manera que le invito a que no se pierda el desenlace de la historia de Tobías. Pero no se la voy a contar. Yo solamente le quiero decir que en la Biblia está la vida, pero la vida puesta para que la aprendamos a leer con los ojos de Dios. Además, esto tiene una gran ventaja. Precisamente porque en la Biblia aparece esa realidad de la vida. Nada tanto como la Biblia nos prepara para vivir. Hay veces que cuando las condiciones económicas han mejorado dentro de una familia, los papás empiezan a sentir que nada es suficientemente bueno, hermoso y seguro para sus hijos y quisieran encerrarlos como en una burbujita, que no les pase nada en la casa, que no les pase nada en la calle, que no les pase nada en el colegio, que no. Es normal, es plenamente humano.

El problema de esto es que a veces la burbuja queda tan bien, tan perfectamente hecha, que cuando el muchacho o la niña de pronto tiene que enfrentarse solo con otras realidades de la vida, simplemente no tiene elementos, no tiene cómo defenderse, no tiene cómo entender y no tiene cómo servir. Por eso la predicación viva desde la Biblia, la lectura de la Biblia en sus pasajes aburridos también. No nos quedemos solo con los pasajes bonitos, la lectura de la Biblia en sus pasajes aburridos también y en sus pasajes difíciles, también ayuda a que nosotros entendamos que más allá de nuestras burbujas, siempre está el accidente, siempre está la maldad humana y siempre está ese grado de estupidez que parece que todos nosotros tenemos y que surge en un noviazgo, en un matrimonio o en la rebeldía de un muchacho. O en la terquedad de un papá. Es sorprendente. Es, digamos muy contrastante que hayamos escuchado esta lectura que habla de cosas tan aburridas, tan fastidiosas y tan parecidas a la vida nuestra a veces y al mismo tiempo hayamos proclamado el Salmo ciento once, un salmo que canta la bondad y la verdad y la sabiduría de las obras de Dios.

Yo sé que este salmo, porque uno está acostumbrado a cantar las obras de Dios, cuando las cosas salen a la manera de uno y cuando uno puede entenderlas. Ese es un amor muy pobre, ese es un amor muy interesado y muy pequeño. Imagínate toda esa historia triste que hemos oído de Tobías. Y luego el salmo. Las obras del Señor son imponentes, son grandiosas, son dignas de meditarse. Y uno dice pero por Dios, que puede haber para meditar, en el caso de esos pájaros que dejaron ciego a ese pobre hombre. Ahí ve uno cómo la Biblia lo va educando a uno. Ahí ve uno como la disposición de las lecturas en la Iglesia le va ayudando a uno a madurar.

Yo por eso tengo por norma leer siempre, casi siempre habrá alguna excepción, siempre a dónde voy. Leer las lecturas que están dispuestas para la misa del día. ¿Por qué? Porque no me gusta escoger mucho. Y por qué no me gusta escoger mucho. Porque si yo me pongo a escoger, me pongo a buscar lo que a mí me gusta y no siempre lo que a mí me gusta es lo que Dios más quiere decirme y con lo que Dios más quiere alimentarme. Sugerencia: En muchas partes yo creo que también aquí venden folletitos, libritos. Se llama a veces el ambón donde están las lecturas de la misa para cada día. Es un modo espectacular para conocer la Biblia. Saliéndose de los cuatro o cinco pasajes que a uno le encantan, por favor, no nos quedemos solo con la parte de Dios que a nosotros nos gusta. Hay que ver también esos otros pasajes.

Bueno, dejemos ahí la primera lectura y el salmo y digamos otra palabra sobre la segunda lectura tomada del Evangelio según San Marcos, un pasaje que nos muestra a Jesucristo en polémica en discusión con los fariseos. La pregunta que le hacen los fariseos en realidad era una trampa, una gran trampa. Le dicen bueno ¿y tenemos que pagar el impuesto o no? Cualquier respuesta que dijera Cristo era una trampa. Si Cristo decía si hay que pagar el impuesto, ¿eso qué significaba? Ah, entonces tú estás de acuerdo con la dominación de los romanos. Si Cristo decía No hay que pagar impuesto, Ah, entonces tú eres uno de los rebeldes. uno de los guerrilleros y te podemos acusar frente a la autoridad romana. Verdaderamente era una trampa. La respuesta de Cristo nos deja sin saber qué hacer. Lo que es del César devuélvanselo al César y lo que es de Dios, a Dios. Bueno, impresionante la inteligencia de Cristo. Ahí no supieron qué más hacer. Se quedaron asombrados y se fueron y no pudieron hacer nada.

Ahora preguntémonos. ¿Este pasaje qué nos dice a nosotros hoy? ¿Qué significa para nosotros este pasaje? ¿Cuáles son los imperios que dominan en este momento y qué actitud debemos tomar nosotros frente a esos imperios, frente a esos poderes que gobiernan también en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestra tierra? Pero debemos de aplicar con la bondad de Dios, con la luz de Dios. Tratemos de aplicar este pasaje a nuestra propia situación. ¿Qué hemos de hacer nosotros? Es un tema bien complicado. Yo creo que por lo menos igual de complicado que en la época de Jesucristo. Hablemos, por ejemplo, de la tecnología. Hay una secta nacida en el ambiente de la Reforma protestante, los amish. Ellos no utilizan nada de tecnología, no tienen luz eléctrica, no tienen teléfono, no tienen fax. Desde luego no tienen internet. No tienen nada de eso. Ellos viven de la agricultura, de la ganadería. Es decir, viven como hace trescientos cincuenta o cuatrocientos años.

¡Bueno, eso parece absurdo a la mayoría de nosotros! ¿Cuál ha de ser la postura de un cristiano frente al avance de la tecnología frente a los imperios? Una de las cosas interesantes de viajar es ver cómo el mundo se va volviendo igual en todas partes. Prueba de que estamos en un imperio. Hace unos días me invitaron a un colegio. Bueno, por la impresión que tengo por las camionetas cuatro por cuatro que manejaban los muchachos de último grado. Supongo que es de los colegios, de gente de buenos ingresos. Muy buenos ingresos. Bueno, estuve allá en ese colegio compartiendo alguna reflexión con los muchachos. La parte que pude, porque claro, ellos se distraían fácilmente, miraban así como a distancia. A ver este personaje con que va a salir a ver que digamos, va a ver con qué va a salir.

Y yo llegaba a una conclusión: estos muchachos son idénticos a los muchachos de los colegios de clase alta de mi país. Igualitos, igualitos. Qué poder tan grande tiene el imperio o los imperios que nos están manejando. Hace diez años resultaba absurdo pensar que una persona se abriera huecos en la piel para meterse piezas metálicas. Hoy no sé si incluso aquí mismo. Piercing. Te abres un hueco, te acomodas aquí en la aleta de la nariz. Una cosita ahí. Y eso es normal. Eso es normal. Los zapatos, las modas, las niñas elegantes de todos los países se empiezan a parecer inmensamente. Se parecen todas entre sí y se parecen todas a las portadas de Glamour Vogue. No sé, hay otras. Pero las que recuerdo son esas. Esas grandes revistas internacionales. Todas son igualitas. Segunda enseñanza de hoy. Si estamos en un imperio, créanme que yo viajo un poco. No mucho, sí, pero si viajo un poco y en meses puedo pasar de de México a Paraguay, a Ecuador, a Bolivia, Venezuela, Estados Unidos y créanme que es todo un espectáculo. Además no soy el único que lo ve.

Muchos de ustedes seguramente viajan lo mismo o más que yo y es un espectáculo ver eso, ver cómo la gente se va volviendo igualita, igualita, en todas partes. Eso se llama un imperio. La mirada es la misma, las costumbres son las mismas. Es decir, alguien nos está dictando a través del telecable, a través del internet y a través de las revistas y a través de los chats, me imagino. Alguien nos está diciendo cómo tenemos que vivir, qué tenemos que comer. Las preocupaciones son las mismas. Es la famosa globalización. Cuando se invita a un sacerdote que tiene fama de carismático tal, tal vez esa fama me acompaña, por lo menos en parte. Cuando se invita a un sacerdote para una misa con una serie de grupos carismáticos, pues se espera un evento personal, no, la sanación de cada persona. Y resulta que este padre aquí con la globalización, ¿Qué es esto? ¿Qué pasó? Llamaron al que no era. Se le confundió el casete. ¿Qué pasó? No, mis hermanos, no mis hermanos No, no es eso. Es que el reinado de Jesucristo. Y eso es lo que nos muestra el Evangelio de hoy. El reinado de Jesucristo no es solamente en cada persona. Ese es el modelo protestante que me encanta describirlo. Dios y yo dentro de una botella, Él me sana, yo lo alabo. Él me curó de la depresión. Yo le bendigo, estoy bien. Todo listo para salir. Luchar contra el mundo. Ese es el modelo protestante.

Nosotros, católicos. Y creo que puede decir católicos carismáticos. Sabemos que esa es verdad. Que esa es la verdad. Pero esa no es toda la verdad. Cristo. ¿Donde reina Cristo? ¿Dónde? ¿En donde está reinando Cristo? Sí, por todas partes vemos a los muchachos hacerse los mismos tatuajes y sufrir los mismos problemas afectivos y perforarse las mismas partes del cuerpo para verse iguales a las mismas revistas. ¿Es que Cristo no tiene un lugar en la globalización? No habrá una globalización de la santidad. ¿Qué tal? Será que no podremos lograr una globalización de la santidad de manera que sea Cristo, que sea el imperio de Cristo, que sea el estilo de Jesucristo el que llegue, el que reine, el que impregne. Hermanos, yo creo que tengo alguna idea mirándolos a ustedes, sus trajes, sus carros, su mirada inteligente. Yo creo que tengo una idea de quiénes estoy hablando y por eso sé que es aquí donde hay que decir qué estamos haciendo por la globalización del mensaje de Jesucristo. Qué estamos haciendo para que por todas partes y en todos los lugares Jesucristo se conozca.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM