Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesús sembró semillas que no iban a florecer inmediatamente, de igual forma la Iglesia en cada predicación en este momento no son valoradas, pero son semillas que darán su belleza y su fruto.

Homilía i083005a, predicada en 20210526, con 6 min. y 46 seg.

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Transcripción:

Vamos a hacernos un par de preguntas con el Evangelio de hoy. Ya sabemos de qué se trata, Cristo habla a sus discípulos y les cuenta que van de camino a Jerusalén y anticipa lo que va a suceder en Jerusalén. Es decir, que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los escribas, los sacerdotes, y realmente les anuncia la Pasión. Las preguntas que queremos abordar son estas. Primera, ¿por qué si Cristo les hablaba con tanta claridad, ellos no entendían? Y segunda, ¿por qué si ellos no entendían, Cristo le seguía hablando de lo mismo? Porque varias veces les habló de su Pasión, aunque ellos no querían, ni no podían entenderle.

Yo creo que con esto que acabo de decir está por lo menos parcialmente la primera respuesta. ¿Por qué no le entendían? Pues básicamente porque el plan de ellos era otro, porque ellos tenían otro deseo, porque sus sueños, su anhelo, en el fondo, no era el Reino de Dios. Recuerda que cuando estábamos celebrando la Ascensión del Señor, hay una palabra que los apóstoles le dicen a Cristo. Cristo ya resucitado, ya resucitado, atención a eso, le dicen: ¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel? El reino de Israel, ¿te das cuenta?

Ellos estaban pensando en el reino de Israel, durante todo su tiempo de discipulado, viendo los milagros más espectaculares, incluyendo resurrección de muerto, viendo los exorcismos más potentes, escuchando las palabras más sabias y elocuentes que se han dicho en esta tierra, las que dijo el Divino Maestro, estando frente a esa experiencia, podríamos decir, estando sumergidos en la fuente misma de la gracia, que es el Corazón de Jesús, su proyecto era más fuerte que lo que veían que lo que olían, que lo que gustaban, que lo que tocaban, que lo que escuchaban.

La primera carta de Juan dice: Lo que hemos oído, lo que hemos visto, lo que tocaron nuestras manos. Pero más fuerte que todo eso, antes de la Pascua, antes de la Pascua, más fuerte que todo eso era su proyecto, y su proyecto se llamaba el Reino de Israel. Lo mismo que tantísimos otros judíos de aquella época y tal vez de nuestra época también, lo mismo que muchos otros judíos, lo que ellos estaban deseando era el Reino de Israel, es decir, una reedición mejorada y aumentada, una reedición del reino de David.

David había reinado unos mil años antes de Cristo y los ecos de ese tiempo, un tiempo de paz, de prosperidad, un tiempo quizás un poco idealizado también, porque David también tuvo sus errores. Pero el hecho es que en la memoria colectiva del pueblo de Israel, lo que quedaba es que ese había sido el tiempo bueno, esos habían sido los viejos y buenos tiempos. Y ellos querían que volvieran los viejos y buenos tiempos, una edición mejorada y aumentada. Eso era el reino de David, como dicen ahora recharged, recargado de nuevo el reino de David, una reedición del reino de David.

Y ellos pensaban que ese reino de David, pues ahora iba a ser reemplazado por el descendiente de David, del Mesías, o sea Cristo. Y ellos querían estar ahí, muy cerquita, muy cerquita. No pretendían reemplazar a Cristo, no, no, no, claro que no, pero sí estar muy cerquita. Por eso, lo de Santiago y Juan: Queremos estar el uno a la derecha, el otro a la izquierda. Y ahora la otra pregunta, y entonces ¿por qué Cristo le seguía hablando si se veía que ellos no entendían? Bueno, es más difícil esta pregunta y realmente tiene que responder uno en un tono casi especulativo, digamos.

Voy a dar solamente una opinión. En el Evangelio de Juan, Cristo les dice: Para que cuando esto suceda, se acuerden de que yo lo dije. Es decir, hay palabras que Cristo dijo que él sabía que no iban a ser entendidas en ese momento, pero después sí, después sí, después sí. Yo recuerdo el caso de un señor que era muy aficionado a la lectura. Entre sus obras le gustaba esta que es muy famosa, la del Principito. Y hay una frase del Principito que se ha difundido mucho, es una frase muy bonita: «Lo esencial es invisible a los ojos».

Bueno, cuando este hombre se estaba muriendo, pues tuvo ocasión de despedirse de sus hijos y de sus nietos, uno de sus nietos era un adolescente. Imagínate en qué piensa uno normalmente, pues normalmente qué piensa uno en la adolescencia. Y este hombre le dice a su nieto adolescente, le dice: Acuérdate la frase que leímos una vez «lo esencial es invisible a los ojos». Y el muchacho se queda mirando a su abuelo que se está muriendo. ¿Qué le podía decir esa frase en ese momento? Seguramente algunos muchachos y algunos jóvenes sí. Pero ¿qué le podía decir en ese momento a él? Date cuenta. Y entonces, pues se murió este hombre.

Muchos años después, ese muchacho que ya no era muchacho, se acuerda de esa frase y se acuerda que no la entendía y se acuerda del amor que tuvo el abuelo para decirle esa frase. Yo creo que algo así hizo Cristo, Él sembró semillas que no iban a florecer inmediatamente. Y de algún modo, la Iglesia en cada predicación sigue haciendo lo mismo. Hay cosas que no serán valoradas en este momento, pero son semillas que un día darán su belleza y su fruto.

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