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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿Cuándo y por qué se resolvió Cristo a subir a Jerusalén, camino de su pasión?
Homilía i083003a, predicada en 20130529, con 4 min. y 57 seg. 
Transcripción:
Los Evangelios llamados sinópticos son tres: Mateo, Marcos y Lucas. El cuarto evangelio, el de Juan, tiene una estructura distinta y también da testimonio de la vida de Cristo siguiendo un orden diferente. La palabra sinóptico quiere decir lo que puede ser abarcado con una sola mirada. Y se llaman así estos tres Evangelios porque cuentan el ministerio público de Cristo, siguiendo un orden bastante similar, de modo que con una sola mirada se puede abarcar en paralelo lo que van contando los tres Evangelios que llevan ese apelativo, sinópticos.
Y en los evangelios sinópticos hay una escena que es la que aparece en el pasaje de hoy, en este caso coincide con el capítulo décimo de San Marcos. Una escena que yo me la alcanzo a imaginar como algo bastante dramático, en medio de su sencillez. Es la resolución que toma Cristo de ir a Jerusalén. ¿Por qué tanto drama? Pues porque los enemigos de Cristo estaban acumulados en Jerusalén, un poco utilizando la expresión conocida ir a Jerusalén, era algo así como meterse en la boca del lobo.
¿Quiénes eran enemigos de Cristo? Pues el grupo de los saduceos, que eran los sumos sacerdotes, administradores del templo de Jerusalén. Estaban también grupos muy importantes de escribas, estudiosos de la ley, que desconfiaban de Cristo, porque Cristo no se veía bien de qué escuela era, trataban de matricularlo, trataban de ligarlo a alguna lectura, alguna interpretación de los textos, pero Cristo siempre resultaba mucho más libre. Entonces, los escribas le miraban con desconfianza. Y por supuesto, había también grandes grupos de fariseos que habían sido denunciados por Cristo en razón de su hipocresía y estos fariseos tampoco podían estar felices de ver a Cristo.
O sea que ir a Jerusalén era buscar problemas, era meterse en problemas. Y, sin embargo, por lo menos el Evangelio de Lucas y el Evangelio de Marcos destacan la actitud resuelta de Cristo. No es solamente que va caminando hacia Jerusalén, sino que va caminando de una manera resuelta, voluntaria, firme, visiblemente firme. Hoy, por ejemplo, escuchamos cómo el Señor va caminando y se les adelantaba como alguien que tuviera prisa y pregunta uno, prisa de qué, prisa de que lo maten, porque él mismo habla de lo que le va a suceder, ¿por qué va con prisa? Pues, es que se trata de un combate.
Se trata de que todo el camino que la alianza de amor de Dios ha hecho en el pueblo elegido, todo ese camino, todo eso que Dios ha escrito pacientemente en el corazón y en la vida de su pueblo, todo eso está terriblemente borroso, porque el plan de Dios, el templo de Dios, las obras de Dios, e incluso la Palabra de Dios, está prácticamente secuestrada, secuestrada por estos hombres. Entonces, Cristo tiene dos alternativas. Él puede abrir una pequeña secta en Galilea, o puede irse para Transjordania o puede irse para la sección, qué sé yo, más al norte, puede irse para muchos lugares.
Pero, y lo que hizo Papá, lo que hizo Papá Dios, la historia que ha escrito Papá Dios con el pueblo, ¿eso no importa? A Jesús le importa mucho. Jesús no quiere simplemente lucirse echando discursos elocuentísimos o haciendo milagros espectaculares o presentando una doctrina nueva. Más que una doctrina nueva, lo que a Él le interesa es llevar a plenitud la obra que Papá Dios ha venido haciendo. Y esa obra es la que está secuestrada, es la que está en el poder de estos usurpadores. Y por eso Él va al combate y sabe que la única manera de vencer en ese combate es entregarlo todo, hasta la vida misma. Qué ejemplo dramático, pero sobre todo, qué testimonio de amor.

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