Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Evangelio no nos presenta a un dios imposible que exige demasiado y tampoco un dios inútil que no exige nada y me deja en el fango de mis pecados. Jesús me acoge imperfecto como soy, pero me pone en camino de conversión.

Homilía i082011a, predicada en 20230530, con 6 min. y 38 seg.

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Transcripción:

Si hay algo que a mí personalmente me maravilla de Cristo, es la paciencia con que acoge nuestra imperfección. Y es en ese punto en el que quisiera insistir esta vez. Repito. La paciencia con que Cristo acoge nuestra imperfección. Mira, por ejemplo, esa pregunta que en el Evangelio de hoy le hace el apóstol San Pedro. Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido ¿Qué nos va a tocar?

Esa es una pregunta interesada por supuesto, es una pregunta absolutamente interesada. ¿Qué nos va a tocar? O sea, en este negocio, ¿qué gano yo? Eso es lo que está preguntando Pedro. ¿Cuál es mi ganancia aquí? ¿Cuál es mi lucro aquí? Y Cristo le da una respuesta. La respuesta es: Vas a recibir cien veces más en esta vida con persecuciones y luego la vida eterna. Quizás la parte de la vida eterna no la entendió mucho Pedro, pero lo de cien veces más, probablemente si le gustó. Vas a recibir cien veces más, cien veces más. Y además la vida eterna. ¡Guau! Bueno, está bien. Me gusta ese negocio. Voy a seguir adelante contigo. Él no entendió ni en qué consistía la vida eterna ni en qué consistía eso de recibir tanto con persecuciones.

Pero te repito esta vez, quisiera que nuestra atención se concentrara fundamentalmente en un punto. Y el punto es que Cristo acoge nuestra imperfección. Ese dato me hace recordar lo que le decía Dios a Santa Catalina de Siena. Bien sé yo que el alma es primero imperfecta y después perfecta. Es decir, Dios acoge nuestra imperfección. Y a partir de nuestra imperfección nos va formando, nos va llevando, nos va modelando hasta que lleguemos a ese punto que siempre será más y más alto de unión con Él y de santidad. ¿Qué significa que Dios acoge mi imperfección? El verbo acoger es importante aquí, porque es distinto acoger a aprobar. Una cosa es acoger y otra cosa es aprobar. Por eso esa frase, que me gusta repetir. Cristo me recibe como soy, me acoge como soy, pero no me deja donde estoy.

Fíjate que en la predicación del Evangelio, nosotros podemos cometer dos errores gravísimos. Podemos presentar a un Dios tan exigente que finalmente no tiene para los imperfectos otro lenguaje, sino el rechazo. Como quien dice tú eres demasiado malo para mí. Realmente no me sirves de nada. ¡Lárgate! ¡Vete! ¡Púdrete! Un Dios rigorista, un Dios perfectísimo y sobre todo, exigentísimo. Si ese verbo existe, si esa palabra existe. Un Dios súper exigente, al que nunca puedo tener contento. Ese Dios me desalienta. Y un poco de desaliento fue lo que sintió, por ejemplo, el mismo Pedro cuando vio la santidad de Cristo en acción en aquella pesca milagrosa, cuando vio que ya habían recogido tantos peces que ya se hundía en las dos barcas donde estaban. Pedro sintió desaliento y dijo Apártate de mí, yo soy un pecador. Sí, uno puede sentir ese desaliento, uno lo puede sentir frente a ese Dios. Pero observa en ese mismo pasaje como le habla Cristo a Pedro. No temas, desde hoy serás pescador de hombres, no temas. Es decir, Cristo acogió a Pedro, así que cuidado con presentar a ese Dios tan súper exigente que uno nunca le va a dar la medida y que uno finalmente cae en desaliento y desesperación.

Pero cuidado con el otro extremo también, porque el otro extremo es el Dios complaciente, es el Dios que solo te da palmaditas en la espalda y te dice ¡Ah, estás en pecado! Bah, no importa, no importa, vamos a cambiar eso, ya no lo vamos a llamar pecado. Como un presidente que tenemos en Colombia, que dice que si nosotros reformamos el Código Penal y dejamos de llamar crímenes a una cantidad de cosas bárbaras, entonces va a haber menos criminales. Si dejamos de llamarlo crimen, entonces ya no habrá criminales. Eso dice un presidente que tenemos en Colombia. Y entonces algo parecido es lo que están haciendo algunos sacerdotes. Mira, no te preocupes, eso que tú estás haciendo, no te preocupes. No es tan grave. No te preocupes. Sigue viviendo así, en el fondo Dios te bendice. Dios te bendice y empiezan a bendecir el pecado.

El Evangelio no quiere ni que nosotros presentemos a un Dios imposible, porque exige demasiado desde el principio. Ni tampoco que presentemos a un Dios inútil porque no exige nada y en el fondo me deja en el fango de mis pecados. Lo que nos muestra el Evangelio es el Dios que me acoge, imperfecto como soy, pero me pone en camino. Y ese es Cristo. El Dios con nosotros.

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