Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Recibe la misericordia del Señor y dile: “Tú conoces quién soy, no permitas que por mi impaciencia y debilidad te traicione, aprecio lo que me das mientras llego a la meta, tu casa”.

Homilía i082008a, predicada en 20170228, con 5 min. y 19 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado del Capítulo Décimo de San Marcos. El apóstol Pedro hace un comentario, que nos va a servir para descubrir una dimensión muy profunda de nuestra vida cristiana. Pedro le dice a Cristo Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. Es simplemente un comentario. Pero hay ocasiones en que un comentario en realidad esconde una pregunta. Efectivamente, textos paralelos en otros evangelios nos muestran cuál es la intención de Pedro. ¿Qué nos va a tocar a nosotros? Pedro, en la versión de San Marcos simplemente dice hemos dejado todo y te hemos seguido. Simplemente lo dice.

Pero en otros evangelios aparece la pregunta ¿Qué nos va a tocar? Qué difícil es para el ser humano salir de la lógica de la transacción. Qué difícil es servir a Dios de todo corazón, simplemente porque Él merece ser servido. Siempre estamos pensando cuál va a ser mi ganancia, cuál va a ser mi pago, cuál es mi contraprestación, cómo voy yo en este negocio, qué va a pasar conmigo, qué va a pasar con mis planes. Parece que es una herida muy fuerte la del pecado original, una herida que hace que continuamente estemos volviendo a nosotros mismos, volviendo a nuestros intereses, volviendo a nuestras preguntas, volviendo a nuestras inquietudes. ¿Qué va a pasar conmigo? Es algo de lo que nos cuesta demasiado desprendernos.

Cristo le responde. Cristo le dice: Todo aquel que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre o padre, recibirá cien veces más en el tiempo presente y en la edad futura la vida eterna. Es decir, Cristo, con gran condescendencia, baja hasta el nivel en el que Pedro pone la conversación. Y en ese nivel lo que le dice Cristo es ya que estás tan preocupado por cuál va a ser tu ganancia, qué vas a recibir de todo lo que has invertido, déjame decirte que vas a recibir muchísimo, es decir, estás haciendo una buena inversión. A mí me da ternura que Cristo haya tenido tanta compasión de ese lenguaje de Pedro, pero me da más ternura ver que no solo con Pedro, sino con cada uno de nosotros. El Señor nos va dando metas volantes, nos va dando consuelo en el camino, nos va dando ánimo mientras somos peregrinos para que alcancemos a llegar a la meta. Eso me conmueve mucho.

La manera como el apóstol San Pablo llama a esos consuelos, a esas metas volantes, a esa especie de estímulo en el camino, es con la palabra arras. Las arras del Espíritu Santo. A través del don de su Espíritu Santo, Dios nos promete. Por supuesto y nos asegura la meta final. Pero también nos va dando pequeños consuelos, también nos va dando ese pequeño premio que hace que uno siga caminando. Y eso es parte de la condescendencia de Dios. En rigor, Dios podría decir tú esfuérzate, sufre, trabaja, recibe persecución, haz penitencia toda tu vida, y al final la gloria celestial. Así no obra Dios. Dios es compasivo. La ternura de Dios se derrama en cada uno de nosotros. Y como a Pedro, también Dios nos dice yo entiendo lo que está pasando contigo, sé que necesitas algunos adelantos, sé que necesitas algunos aperitivos antes del gran banquete. Sé que necesitas arras antes de recibir la plenitud, porque eso es lo que significan las arras. Las arras son como un adelanto en un negocio. Te voy a dar algo por ahora. Qué bondadoso es Dios. Qué tierno.

Para entender nuestra limitación y la miopía y el cansancio tan frecuente en nuestra vida. Recibamos, pues, esa Misericordia del Señor y digámosle Tú conoces quién soy. No permitas, Señor, que por mi impaciencia, por mi debilidad, yo vaya a traicionarte. Quiero apreciar lo que me das en el camino, pero sobre todo quiero caminar hasta la meta, quiero llegar hasta tu casa.

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