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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios no se deja ganar en generosidad.
Homilía i082006a, predicada en 20130528, con 4 min. y 59 seg. 
Transcripción:
Tengo una tía que es religiosa. Su testimonio de vida y el testimonio de su comunidad, que son las Hermanas Dominicas de la Presentación. Ese testimonio me hizo mucho bien. En cierto sentido marcó positivamente mi infancia. Y esa huella profunda luego tuvo su parte, cuando yo tenía que elegir un estado de vida. Con gusto reconozco que el testimonio de las Hermanas de la Presentación ayudó para que yo sintiera como vida mía, como estado de vida, el estar en una comunidad religiosa. Dios tiene sus caminos. Dios nos lleva a unos de una manera y a otros de otra. En mi caso eso fue muy importante.
Estoy recordando esto por las palabras que dice el apóstol Pedro en el Evangelio de hoy, Capítulo Décimo de San Marcos. Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos va a tocar? Esa pregunta, en su escandalosa sinceridad, esa pregunta, en cierto sentido tan primaria, nos ayuda a descubrir cómo eran de imperfectos estos apóstoles. Pero también cómo los evangelios los retratan, tales cuales eran. Qué tal preguntarle eso a Cristo. Como una especie de negocio. Yo le estoy invirtiendo mucho a este negocio. ¿Qué me va a tocar? Es una pregunta humana, profundamente humana. Y por cierto, esta es una de las características más repetidas del apóstol San Pedro. Una característica que de hecho lo hace muy atractivo a muchos de nosotros, porque la mayor parte de nosotros no somos tan demasiado espirituales y tan demasiados santos. Muy al contrario, a menudo sucede que nos identificamos con palabras como las de Pedro. Sentimos esa clase de temores y tenemos esa clase de preguntas. Si este Dios me está exigiendo tanto, y si Dios espera tanto de mí, entonces al fin ¿qué va a pasar conmigo? Ese es el tipo de pregunta.
Y es aquí donde viene a mi mente el recuerdo de una frase que oí varias veces a mi tía religiosa. Se la he oído varias veces. Dios no se deja ganar en generosidad. Esa frase tiene buen sustento en el Evangelio de hoy. Dice Jesús: Al que haya dejado padre, madre, tierras, campos, posesiones recibirá cien veces más en parientes y en casas, y en riquezas y en bienes, eso durante esta vida, con persecuciones y luego la vida eterna. Es una respuesta perfecta. Por un lado, nos habla de la generosidad divina. Como sacerdote y como religioso lo he podido experimentar muchas veces. Más que hablar de bienes materiales, yo quisiera referirme, por ejemplo, al amor. El amor, la amistad, la cercanía, el cariño de tantas personas. Es impresionante la manera como muchas personas llegan a descubrir en el sacerdote, en la medida sobre todo, que trata de vivir su vocación. Llegan a descubrir en el sacerdote, una persona tan cercana y a amarlo tan entrañablemente. Y eso lo recibe no solo de unos cuantos, sino de muchísimos, literalmente, cien veces más. Cuando algunas veces me ha tocado predicar delante de grupos inmensos y tú puedes sentir el cariño de esas personas y la manera como oran por ti. Necesariamente te acuerdas de Marcos, Capítulo Décimo. El Señor no se deja ganar en generosidad.
Nosotros le entregamos un poco de nuestro amor, pero ¿cuánto es lo que recibimos? Sin embargo, Jesús advierte que están las persecuciones. Jesús advierte que no es simplemente amontonar bienes o amontonar prestigio. Se recibe mucho, pero no te amarres a lo mucho que recibes, porque siempre pesa una especie de espada de Damocles sobre eso que recibes. Está ahí, pero no lo consideres tan tuyo. Considera más bien lo que dice el salmo. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa. Así terminó aprendiéndolo Pedro, y así debemos aprender los sacerdotes y religiosos.

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