Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La persona que es simplemente buena usa y disfruta; el discípulo del Señor usa, disfruta y ante todo administra lo que Dios le ha dado, buscando la gloria divina y el bien de su prójimo.

Homilía i081010a, predicada en 20230529, con 7 min. y 38 seg.

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Transcripción:

Hoy vamos a hablar de la tentación más extraña del mundo. Una tentación que es tan rara que tú puedes caer en ella y no darte cuenta de que caíste. Y tú puedes vivir en ella y estar convencido de que estás haciendo las cosas bien. A mí se me parece, esta tentación se me parece a esos envenenamientos que suceden, por ejemplo, por monóxido de carbono. Sabes que el monóxido de carbono es mortal para el ser humano. Pero el monóxido de carbono no huele a nada, no se detecta. El caso típico es cuando se dan ciertas circunstancias, ciertos escapes de gas dentro de una casa y la gente se muere. Y no se dio cuenta de a qué hora se había muerto. No detectaron nada. De esa tentación, de esa clase de tentación te quiero hablar hoy. La tentación más extraña de la vida humana. ¿En qué consiste? Yo la llamo así. La tentación de ser simplemente bueno. Dime si eso tiene cara de tentación, por favor. Dime si eso parece una tentación. Por definición, si soy bueno, pues estoy haciendo las cosas bien. Y si soy bueno, nadie me puede reprochar porque soy bueno. Lo grave sería que fuera malo, pero soy bueno. El problema es que eres simplemente bueno.

¿De dónde saco yo esta idea? Por supuesto, no es mía. Está en el Capítulo Décimo de San Marcos y es el Evangelio que encontramos en el día de hoy. Un joven se acerca a Cristo y le pregunta qué tiene que hacer para ganar la vida eterna. Y como hemos comentado en otras ocasiones, la pregunta de ese muchacho, porque era un muchacho. La pregunta a ese muchacho se parece en realidad a esta otra pregunta ¿Qué tengo que hacer para que mi vida siga siendo tan buena como ha sido? A ver, este no era un criminal, atención. Este no era un criminal. Cristo, la primera respuesta que le da es: Cumple los mandamientos. Y ya de hecho, cumplir los mandamientos no es cosa fácil. Cristo le dice Cumple los mandamientos. Y él le dice yo todo eso lo he cumplido desde pequeño. Es decir, que es una persona que ama a Dios, que santifica las fiestas, que honra padre y madre, que no mata, que no fornica, que no miente, que no calumnia, que no envidia. Oye, uno diría pues ya está para canonizar, ya está listo, ya es bueno. Pero repito, el problema está en que es simplemente bueno.

¿Y cuál es la diferencia entre ser simplemente bueno y ser un auténtico discípulo de Cristo? Pues ahí es donde está la sugerencia que le hizo Cristo a este hombre. Le dijo: Ya que has recibido tanto, da. Verbo dar. A que tú eres bueno. Tienes muchas cosas y eres bueno. Felicitaciones. Felicitaciones, eres bueno. Pregunta. Tú que eres así tan bueno. Mmm, a ver. Tú que eres así tan bueno, cuéntame una cosa. ¿Esas cosas que tú tienes realmente las tienes tú o esas cosas se adueñaron de ti? Por ejemplo, tienes una vida cómoda. La vida cómoda supone que has recibido muchas cosas. ¿Eres capaz de dar? ¿Eres capaz de compartir? ¿Eres capaz de entregar? Porque si no eres capaz de dar, entonces no es que tú tengas las cosas, sino que las cosas se adueñaron de ti. No se te olvide que las cosas también tienen garras. Dicho de otra manera, si lo que tú tienes no está al servicio de la gloria de Dios y del bien de tu prójimo, aunque tú no estés haciendo ningún mal, aunque tú parezcas bueno. Muy entre comillas. En realidad ya caíste en la tentación.

O sea, que ¿cuál es la diferencia entre ser simplemente bueno, como era este muchacho y ser un verdadero discípulo de Cristo? ¿Cuál es la diferencia? La diferencia es que la persona que se cree buena cuando se le pide que dé, siempre tiene una excusa, siempre tiene una mala cara, siempre tiene que prever algo, siempre necesita protegerse, siempre tiene que mirar primero por su futuro. La razón que sea. Pero es una persona que no da. El discípulo de Cristo tiene cosas, las utiliza pero no deja que las cosas se adueñen de su corazón. No permite eso. Sino que lo que hace esta persona, el que es discípulo de Cristo, es que lo que tiene lo administra. Es decir el simple, te lo digo de esta manera, el simplemente bueno, usa las cosas y disfruta las cosas, y eso no parece malo. En efecto, en sí mismo no es malo.

Pero el discípulo de Cristo añade otro verbo que es clave. Usa las cosas, disfruta las cosas lo mismo que el otro que el que es simplemente bueno. Pero además administra las cosas. Es decir, se pregunta ¿y para la gloria de Dios? es decir, para que Dios sea más conocido, más amado, mejor obedecido. ¿Qué puedo hacer yo con lo que yo tengo? con la inteligencia que tengo, con la belleza que tengo, con la juventud que tengo, con las fuerzas que tengo, con el conocimiento que tengo. ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo administrar esto, para que esto que yo tengo bien administrado haga crecer la gloria de Dios? Es decir, que Dios sea más conocido, más amado, mejor obedecido. ¿Qué puedo hacer con esto que yo he recibido para que otras personas puedan recibir una diferencia? Puedan encontrar una diferencia, una diferencia de bondad, una diferencia de bendición, una diferencia de amor en sus vidas. ¿Qué puedo hacer?

Resumen. El que es simplemente bueno, usa y disfruta. El que es discípulo de Cristo, usa y disfruta, pero ante todo administra lo que Dios le ha dado, buscando la mayor gloria de Dios y el mayor bien de su prójimo. Cuidado con la tentación está, que es tan escondida, que es tan sutil y que yo creo que en algún momento de la vida a todos nos ha llegado. Cuidado con eso. Que Dios te bendiga.

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