Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Mala noticia: se puede perder a Cristo. Buena noticia: hay siempre alguna pobreza nuestra que le puede servir de puerta.

Homilía i081004a, predicada en 20130527, con 4 min. y 12 seg.

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Transcripción:

Podemos decir que el pasaje del Evangelio de hoy contiene una noticia muy buena. Pero antes de ella, una noticia muy mala. Creo que por eso debemos empezar por la noticia mala. El texto, para que no se nos olvide, es el capítulo décimo del Evangelio según San Marcos. ¿Cuál es la noticia mala que se le puede decir no a Cristo? Y esa es una pésima noticia, porque perder a Cristo es perderlo todo. Perder a Cristo significa desechar la oferta de amor y salvación que Papá Dios nos ha enviado. Es perder demasiado. Y el texto de hoy nos muestra el caso de uno que perdió así a Cristo.

Este hombre, un hombre joven, un hombre rico. Y atención, un hombre bueno, bueno. Está demasiado apegado a lo que ya tiene. De modo que él empezó teniendo dinero y luego el dinero se adueñó de él. Ahora es el dinero el que lo tiene a él. Él empezó teniendo sus riquezas, pero parece que ahora las riquezas se han adueñado de él. Ya no es libre. No puede disponer de sí. No sabe cómo entregarse. Es un prisionero. Su jaula es dorada, pero es jaula. Y está aprisionado. Ni siquiera. Y esto es lo más doloroso. Ni siquiera la mirada de Cristo, cargada de cariño y cercanía, logra ser suficiente para derretir esos barrotes. El hierro frío de los barrotes es más poderoso que la calidez de la mirada de Cristo. Esta es una mala noticia. Y cuando este hombre da la espalda y se aleja.

Jesús dice: Qué difícil va a ser a los que son ricos entrar al reino de los cielos. A los ricos, en la medida en que están apegados a sus riquezas. Pero ahí escondida está la Buena Noticia. ¿Qué tal que ese rico se vuelva pobre? Puede suceder porque pierda sus riquezas. Entonces ya no puede estar apegado a lo que ya no tiene. Deseamos que no se quede simplemente prisionero de una nostalgia o de un recuerdo. Pero aunque no pierda sus riquezas, ¿qué tal que él se pudiera descubrir pobre de otra manera? A veces sucede que una persona es muy adinerada, pero pasa por una enfermedad y aunque tiene montañas de dinero, su dinero no le cura, no lo sana.

Entonces, ¿qué puede hacer? Entonces es pobre en ese sentido. Cuando Jesús dice que: el camino de la autosuficiencia, el camino de aquellos que ponen su certeza y su seguridad en las riquezas, no lleva a ninguna parte. Esa es una afirmación, pero también es una promesa, porque está diciendo que si nosotros descubrimos nuestra pobreza, si nosotros descubrimos aquello de lo que carecemos, entonces podemos también encontrar a Cristo. Y esta es la parte buena. Esta es la buena noticia. Así que si quieres aplicar el evangelio de hoy de alguna manera, busca cuáles son tus necesidades más profundas.

Busca en dónde está tu verdadera pobreza. Busca en dónde está tu necesidad más íntima e insatisfecha. Ahí, muy cerca, muy cerca, muy cerca, está Jesucristo.

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