|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿Sucede la conversión en el ámbito de la vida religiosa y sacerdotal? He aquí un par de testimonios elocuentes.
Homilía i081003a, predicada en 20110228, con 7 min. y 8 seg. 
Transcripción:
Hermanos, la primera lectura y el salmo que hemos tomado como respuesta relacionan la alegría y la conversión. Jesús dijo en alguna oportunidad: Hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión. Pero esa alegría no solamente está en el cielo. En primer lugar, está en el corazón de la persona que se abre a Dios. Y una pregunta que uno puede hacerse es ¿cómo sucede la conversión entre nosotros? ¿Será que eso es posible? ¿Será que un religioso que un sacerdote puede llegar a convertirse? Quiero recordar con ustedes brevemente, dos casos de conversión. Uno que tiene que interesarnos mucho es el del padre Enrique Higuera. No hay memoria de que él fuera nunca un gran o terrible pecador, pero todos los que lo conocieron coinciden en decir que desde que ese hombre recibió la ordenación sacerdotal, su vida tomó un nuevo vuelo. Y lo único que él hizo fue tomar en serio lo mismo que hacemos todos los días. Él creyó en los medios los que tenemos a mano. Tenemos una capilla donde hay un santísimo. Toma en serio que ahí está Jesús. Tenemos unos salmos que son palabra de Dios dados por el Espíritu. Toma en serio que ese espíritu te puede recorrer y limpiar por dentro. Tenemos sobre todo la Eucaristía, la Divina Eucaristía. Tómala en serio con la seriedad del amor, no con una seriedad amarga, sino con la seriedad agradecida del que se rinde ante Jesús. Tenemos la presencia de nuestra Madre, nuestra amiga y maestra, la Virgen Santísima. El padre Enrique Higuera tomó en serio esa presencia, la convirtió en bandera de su predicación. Su vida fue transformada, su palabra fue transformada. Son muchos los testimonios que se están recogiendo sobre lo que este hombre hizo. Fue prior de este convento. Como muchos de ustedes saben. Toda su conversión consistió simplemente en creer que esas cosas tan sencillas como el silencio, como la oración, que esas cosas tan sencillas pueden cambiar una vida y la vida de él ciertamente cambió. El otro caso es un poco más dramático. Tiene que ver conmigo. Y no se trata de un sacerdote dominico. En mi proceso vocacional yo iba por otro lado. Algunos de ustedes saben, yo estaba estudiando física y matemáticas en la Universidad Nacional. Estando allá empieza como esa curiosidad, esa curiosidad por el Señor y por la Virgen y por la Misa. Y empecé a asistir a una cierta capilla, una cierta iglesia que yo no sabía ni qué era, solo sabía que era católica. Ahí predicaba un padre, celebraba la misa regularmente, tenía su horario de misas y este padrecito realmente no era un buen predicador. Se trababa muchas veces, como esos aviones que no logran aterrizar. Así le pasaba a él. No era un gran predicador de ninguna manera. Pero lo que a mí me impactó de él es que hacía su mejor esfuerzo, no sólo para predicar, que se veía que no tenía mayores dotes, sino que hacía su mejor esfuerzo para todo, para la manera de atenderlo a uno. Yo varias veces me confesé con él y me impactó su manera de acoger a todo el mundo y de tratar distintas personas. Pero para hacer la historia corta, este sacerdote que les estoy contando estuvo involucrado en problemas de pederastia. Tenía un pasado oscuro, negro y procesos judiciales. Pero si a mí me hubieran preguntado en esa época, o incluso muchos años después, ¿qué vi yo en él? Lo que yo vi fue un hombre tratando de hacer las cosas bien, bien, lo mejor posible. Y todo lo que hacía lo hacía lo mejor posible. Tenía un pequeño grupo de oración en torno al Sagrado Corazón y hacía lo mejor posible su grupo. A todos acogía. Yo vi tanta gracia de Dios en este Padre. Tanto, tan vivo estaba el carisma del sacerdocio en él, que una inquietud que yo había traído de niño resucitó en mí gracias a este convertido, porque ahora entiendo que el hombre se había convertido. Sus caminos habían sido oscuros, tortuosos. Solo Dios podrá juzgarlo, pero él, que ya empezaba a ser un hombre mayor, quería empeñar el resto de su vida en servir a Jesús y en servir a la Iglesia lo mejor que podía. Caso de una conversión, lo mejor que podía vivir en el agradecimiento y en el amor a Jesucristo. Pidamos al Señor que esas historias se sigan repitiendo entre nosotros aquel que ya va empezándose a torcer. Recapacite por Dios, recapacite. El que ve que le está gustando mucho el cigarrillo, que le está gustando mucho el trago. El que ve que empieza a jugar con unos límites extraños en el trato con hombres o con mujeres. Párese y recapacite. Descubra la riqueza que Dios le ha dado. Levántese. Todos tenemos que levantarnos de nuestros propios lodos y miserias. Y ya sea que hayamos caído en cosas más o menos graves o muy graves, como le pasó a ese padre que sin embargo me ayudó tanto. O ya sea que nuestra vida sencillamente esté en la tibieza, que sea el poder de Dios el que brille en nosotros. Descubriremos una alegría serena, una alegría que no engaña y una alegría que la gente va a poder reconocer y va a decir: Ahí está la buena Nueva de Jesucristo, ahí está el Evangelio de salvación.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|