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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El alma, por su propio peso va hacia Dios

Homilía i081001a, predicada en 19970526, con 8 min. y 9 seg.

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Transcripción:

Bueno, las dos lecturas que nos regala la Iglesia en esta tarde nos presentan el itinerario desde el pecado hasta la santidad. Retorna al Altísimo. Dice el libro de Eclesiástico: Vuelve al Señor, abandona el pecado. Cuando uno cae en la cuenta de eso, imaginémonos una persona que quiere ir a Barranquilla, por ejemplo, por cualquier razón quiere ir a Barranquilla, pero no quiere dejar Bogotá. Entonces llega hasta La Caro y dice no es que me va a tocar dejar Bogotá. Entonces llega hasta la puerta del aeropuerto y si no es que me va a tocar dejar Bogotá. Ser realista en la vida espiritual es caer en la cuenta de que para ganar algo hay que perder algo.

Y uno no progresa porque le falten ganas de avanzar, sino porque le faltan ganas de dejar lo que tiene que dejar. Eso es lo que amarra. Lo que amarra no es tanto que a uno le falte una apreciación o un gusto por lo bueno, a quien no le va a gustar. Lo bueno, lo bueno gusta. El problema es que lo malo también gusta. Ese es el problema. El problema es que las cosas malas tienen su propio gusto y que el gusto bueno de lo malo hace que uno no deje lo malo. Entonces uno no se pone en camino. La palabra que pone en camino no es la palabra sí, sino la palabra no. Cuando uno dice esto no ahí empieza a avanzar. El corazón humano. El corazón humano funciona aquí como funcionan las cosas según la ley de la gravedad.

¿Cómo funciona la ley de la gravedad? Aquí tenemos un metal pesado. Este misal, por su propio peso, tiende hacia el suelo. Si no hubiera un obstáculo en este caso, mi mano que impide que el misal caiga. Si no lo retengo, él por su propio peso, se iría al suelo. El alma, por su propio peso, se va hacia Dios. Dios tiene suficiente atractivo. Dios tiene suficiente fuerza para seducir, para cautivar el corazón. Por eso la palabra que pone en marcha la vida espiritual no es tanto la palabra. Sí. El esfuerzo por ser bueno no es tanto eso, sino la palabra no, es decir voy a quitar el obstáculo y por mi propio peso. Hay personas muy pesadas. Por mi propio peso, iré hacia Dios. El corazón humano tiene una tendencia natural hacia Dios. Y una vez que la palabra del Evangelio ha sido pronunciada en nuestras vidas, toda la fuerza cautivante del amor de Dios está a nuestra disposición. Lo que se necesita es empezar a decir no. Vuelve al Señor. Eso se entiende.

Abandona el pecado. Hay que abandonar el pecado. Suplica en su presencia, eso lo hacemos y disminuye tus faltas, eso no lo hacemos tanto. El pensamiento semita muchas veces funciona así como por paralelos. Retorna al Altísimo, eso queremos hacerlo. Aléjate de la injusticia y detesta de corazón la idolatría. La injusticia es aquí como el resumen de todos los pecados contra el prójimo y la idolatría es como el resumen de todos los pecados contra Dios. Retorna al Altísimo. Eso queremos retornar al Altísimo a una vida genuinamente cristiana, una vida en el Espíritu. Pero deja la injusticia. Detesta de corazón la idolatría. Bueno, yo quería que saliera y salió la palabra detesta, detesta.

Santa Catalina de Siena habla de la fuerza del odio para poner en marcha el corazón. Ella dice que no hay amor que no tenga odio, ni hay odio que no tenga su amor. Amor y odio son como las dos caras de un cuchillo afilado. Y uno tiene que saber que uno se mueve por amor y por odio. Lo que pasa es que el arte está en que el amor esté dirigido a quien debe estar y el odio esté dirigido a quien debe estar. Mira, retorno al Altísimo y detesta de corazón, detesta de corazón. Mire, si nosotros comprendiéramos toda la fuerza que sale de odiar el pecado, porque no es ni siquiera odiar al demonio, odiar al demonio es un ejercicio estéril. La Eucaristía, la Escritura, quiero decir, en ninguna parte presenta odio al demonio. El demonio sabemos su acción y sabemos que estorba. Y sabemos que, sabemos que le toca hacer caso a Dios. El problema no es de odio al demonio. Detesta el pecado odiar el pecado.

Yo creo que odiando el pecado vamos a avanzar. Vamos a avanzar. Y fíjate que los retiros espirituales en este sentido se quedan cortos, porque casi todos los retiros espirituales empiezan es a repetir los motivos para amar el bien, donde uno ya sabe que el bien es bueno. Lo interesante de un retiro espiritual. Lo interesante de un predicador es que haga que la persona deteste el pecado, que le fastidie su pecado, que nunca más quiera cometer su pecado, que sienta asco, repulsión, aversión, odio, fastidio de su pecado. Eso quita el obstáculo que la gravedad, el amor que nos atrae, nos llevará hasta Dios. ¡Qué grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que vuelven a Él! Quitado el obstáculo, Dios no tiene ningún inconveniente. Él no tiene obstáculos. Los obstáculos están de parte de nuestros pecados. Pues vamos a poner eso en práctica.

Cada quien pregunte ¿qué es lo que me está estorbando, qué es lo que me está estorbando a mí? Y voy a obviar eso. Como ya sé que se trata de alejarse de la injusticia y por lo tanto de no cometer pecado contra el prójimo, jamás cometeré el infantilismo de decir: ay, es que lo que no me deja ser bueno es fulanito de tal, es que fulanita no me deja ser bueno. No, nosotros estamos llamados a amar al prójimo. No le echaremos la culpa a nadie, mucho menos a Dios. Nuestro problema es odiar el pecado, fastidiarnos de una vez del pecado, decirle a Dios nuestro Señor quiero quitar ese obstáculo para que sea tu gracia, tu misericordia y tu perdón el que se apodere de mí y llegue con fuerza hacia donde Tú quieres.

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