Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La razón de la elección es que hemos sido elegidos para el servicio y la misión. El elitismo es convertir esa elección en una especie de derecho o privilegio.

Homilía i073007a, predicada en 20250226, con 7 min. y 33 seg.

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Transcripción:

Después de años de servicio en la barca de Pedro, yo creo que todos hemos identificado algunos temas que son como las principales preocupaciones del Papa Francisco, es decir, aquellas denuncias que una y otra vez el Papa hace para corregirnos como pueblo de Dios y para mostrarle un camino a la humanidad. Por ejemplo, el Papa habla mucho sobre el gran pecado de la indiferencia.

Eso de que llega el momento en el que no nos duele lo que le sucede a otros seres humanos, que hay diez mil muertos tratando de llegar a Europa, atravesando el Mediterráneo, metiéndose a través de las Islas Canarias. Bueno, pues entonces pues que mueran, esa es la indiferencia. Pero el Papa ha denunciado otros pecados también, pecados que son muy propios de nuestro tiempo, por ejemplo, el elitismo, del cual vamos a hablar en el Evangelio de hoy, el clericalismo, que es una forma de vanidad, una forma de arrogancia que tiene que ver con el poder dentro de la Iglesia.

El tema del clericalismo es muy serio y no siempre está relacionado con el orden sacerdotal, también hay un clericalismo de los laicos, aquellas personas que tienen una responsabilidad en el servicio de la Iglesia y a veces se adueñan y se apersonan tanto de su papel, que quieren a toda costa hacer valer su poder. El Papa también ha denunciado muchas veces el terrible crimen del aborto y así. Pero hoy quiero centrarme en uno, uno de esos defectos, uno de esos crímenes que tiene que ver con el Evangelio de hoy, porque ya en la primera comunidad cristiana había como esa especie de semilla, podemos decir una semilla, semilla de elitismo.

Básicamente, ¿de qué se trata? Se trata de convertir la elección en un privilegio. Observa esa palabra, que ahí está todo, el peligro de convertir la elección en un privilegio. Aquellos apóstoles y aquellos primeros discípulos del Señor claramente fueron elegidos, son elegidos de Dios, eso nadie lo puede dudar. Pero estos elegidos han sido elegidos para servir, han sido elegidos para la misión, han sido elegidos como testigos, esa es la razón de la elección. La elección es para el servicio, la elección es al servicio de la comunión, la elección es para la misión, para eso es la elección, para eso hemos sido elegidos.

¿En qué consiste el elitismo? El elitismo es convertir la elección en una especie de derecho y convertir la elección en una especie de privilegio. ¿Cómo se muestra en el Evangelio de hoy? Pues se muestra en que dice uno de los apóstoles: Nos hemos encontrado a alguien que estaba expulsando demonios en tu nombre, pero como no anda con nosotros, como no es de nuestro grupito, entonces se lo hemos querido impedir. Como quien dice, nosotros tenemos el monopolio, tenemos el monopolio, en ese caso el monopolio de los exorcismos, el monopolio de la liberación. Nosotros tenemos el monopolio, solamente nosotros podemos hacerlo.

Y esta es una tendencia muy fuerte, porque a veces uno cae en ese monopolio y uno cae en ese elitismo, pues básicamente porque uno dice: Nosotros somos los que más hemos estudiado, nosotros somos los que sí conocemos el Espíritu Santo, nosotros somos los que pertenecemos a este movimiento que sí evangeliza, nosotros somos los que tenemos la liturgia auténtica, nosotros somos los que conservamos la disciplina verdadera, nosotros somos los que sí atendemos a los pobres.

Fíjate cómo el ser humano, el ser humano es muy complicado porque el ser humano se agarra de lo que sea con tal de sentirse especial, con tal de sentir: Yo soy el elegido y, por consiguiente, yo soy el que tiene derecho, porque yo soy el elegido. Y la respuesta que te da Dios es: Correcto, tú eres el elegido, pero elegido ¿para qué? Elegido para servir, elegido para amar, elegido para dar testimonio, elegido para crear comunión y comunidad, para eso has sido elegido. Si tú consideras que tú has sido elegido como una especie de privilegio, como una especie de derecho, como una especie de grandeza que Dios te ha dado, perdiste la ruta, por ahí no es, por ahí no es.

Que tú tienes una gran experiencia del Espíritu Santo, hermoso, hermoso, tienes una experiencia del Espíritu Santo, conoces don de lenguas, has visto milagros, hermoso, hermoso. Pero no vuelvas eso un privilegio, piensa que es un regalo y es un regalo para que tú puedas servir. Que yo estuve en un retiro espiritual y ahora sí me convertí y ahora sí sé cómo es el Evangelio y ahora sí sé cómo es la vida cristiana y los demás no saben nada, no caigas en eso. Que hubo un retiro espiritual que tú hiciste con Emaús, o que tú hiciste con cursillos, o que tú hiciste con Juan XXIII, estoy hablando de algunos de los movimientos más conocidos hoy, hermoso, hermoso, dale las gracias a Dios.

Dale la gloria a Dios, pero piensa que fue un regalo y que es para servicio, es un regalo y es para servir, esa es la clave. Las dos palabras fundamentales aquí son regalo y servicio. Es un regalo inmerecido, mi vocación es un regalo inmerecido, que yo esté en este movimiento que evangeliza es un regalo inmerecido, que yo tengo experiencia del amor de Dios es un regalo inmerecido y son regalos para servir, son regalos para darle la gloria a Dios y para ayudar a mis hermanos.

Lo demás es puro elitismo y lo demás es desagradable a Dios, porque es deformar el don, el regalo que Dios te dio es deformarlo y es convertirlo en algo que ya no le agrada al Señor. Que Dios nuestro Padre, nos guíe con su Espíritu Santo para que aprovechemos todo lo bueno que hemos recibido, lo aprovechemos para su gloria y para bien de nuestros hermanos.

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