Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La sabiduría no es simplemente acumulación de conocimientos.

Homilía i073005a, predicada en 20130522, con 4 min. y 57 seg.

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Transcripción:

La primera lectura del día de hoy está tomada del capítulo cuarto del libro Eclesiástico. Ya hemos explicado que es una fortuna o si lo digo mejor, es una gran bendición contar con este libro, porque, por ejemplo, los protestantes, los evangélicos, algunos de los cuales ahora pretenden llamarse simplemente cristianos, pues no, no les queda bien ese nombre, porque ellos no están aceptando la plenitud de la fe cristiana, pero bueno, así dicen ellos que quieren llamarse cristianos.

Entonces, ellos no tienen estos libros, no tienen, por ejemplo, los libros de los Macabeos, no tienen este libro Eclesiástico, no tienen algunas partes del libro de Daniel, del libro de Ester, son algunas de las obras de las que ellos carecen. Bueno, pero dejando atrás ese tema, vamos a la primera lectura de hoy, capítulo cuarto. Y como es frecuente en la literatura llamada sapiencial, este capítulo cuarto contiene un elogio de la sabiduría. Creo que es una buena oportunidad para recordar lo que se entiende por sabiduría dentro del conjunto de la revelación cristiana. No es simplemente acumulación de conocimiento.

Hace poco escuché a un amigo muy querido que decía: Hoy el oráculo es Internet. Y con esa expresión este hombre quería decir que en Internet están todas las respuestas. Él decía, hay épocas, hubo una época en que los niños pequeños le preguntaban, por ejemplo, al abuelito que era el sabio de la casa. Le preguntaban: Abuelito, ¿qué quiere decir tal palabra, dónde queda este lugar, cómo se hace esto? El abuelito era el gran consejero, era el manantial de sabiduría. Y decía él, el abuelito ya quedó superado. porque ahora las respuestas las tiene Internet.

Uno podría pensar que Internet es entonces muy sabio, pero resulta que Internet en realidad es, como su nombre lo indica, una red de redes, es una conexión pues propiamente global, donde se puede acceder a muchos centros de información y, por consiguiente, se pueden recibir muchas respuestas. Pero tener muchas respuestas no necesariamente es tener mucha verdad y tener muchas verdades, no necesariamente sabiduría, eso es lo que queremos explicar hoy. Por lo pronto, nótese que, si yo voy a internet con una pregunta, me voy a encontrar todo tipo de respuestas.

Por ejemplo, si yo tengo una inquietud, se puede o no se puede permitir el aborto en el caso de una violación, ese es un dilema moral muy serio que mucha gente se plantea, si se puede o no se puede. Si yo voy a internet, me voy a encontrar centenares, probablemente miles de respuestas y de argumentos que van en una dirección y miles de respuestas que van en otra dirección. Habrá muchos que van a decir: Sí, debe permitirse el aborto en ese caso. Y habrá otros que presenten argumentos y que digan, como personalmente yo también lo creo: ¿Cómo se va a castigar al niño por ese crimen? El niño, fruto de la violación, no fue el violador, luego no se puede castigar al niño.

Pero internet no me va a resolver esa duda, internet me dará un conjunto, un elenco de respuestas y tener mucha información entonces, no es tener mucha verdad. Pero ni siquiera tener muchas verdades es tener sabiduría, porque como explica Santo Tomás de Aquino, lo propio de la sabiduría está en la jerarquía de las verdades. Es decir, no solo en distinguir lo verdadero de lo falso, sino dentro de lo verdadero, distinguir aquello que es fundamental, aquello que es raizal, aquello que es profundo, que es básico, y aquello que es secundario, aquello que se sigue como una consecuencia, aquello que se sigue de una manera, podemos decir derivada.

Entonces, la verdadera sabiduría, según Santo Tomás y según la Biblia, no es acumulación de información, es más bien un gusto, es un saborear la verdad hasta buscarla en sus raíces más profundas, hasta buscarla en las causas más hondas y hasta encontrarla finalmente en Dios. Y eso es lo que nos proponen los libros de la Biblia, como el libro de la Sabiduría o el libro Eclesiástico. Si eres católico, si tienes esos libros, aprovéchalos, abre tu Biblia, lee, saborea, disfruta, aprende. Para eso está, para eso quiso el Espíritu Santo que quedaran esos textos.

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