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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En la cruz descubrimos al Niño Jesús, al inocente, al frágil, a Quien nos abre un futuro. Dios Padre se ha compadecido de nuestra fragilidad para que podamos ser inocentes de nuevo y nos abre no solo un futuro sino un espacio en el cielo.
Homilía i072009a, predicada en 20230221, con 6 min. y 25 seg. 
Transcripción:
Acoger al niño, acoger a Jesús, acoger al Padre. Esta es la secuencia que nos presenta a nuestro Señor Jesucristo al final del Evangelio de hoy. Un texto que tenía que resultar desconcertante, por decir lo menos, para los apóstoles. Porque ellos tenían conversaciones muy importantes. Ellos tenían discusiones fundamentales, básicas. Todo ese lenguaje que utilizamos los seres humanos para referirnos a lo que consideramos que es muy importante. Ellos estaban discutiendo precisamente quién es el más importante. Ellos estaban en las discusiones de organización. Esto hay que organizarlo. Necesitamos un buen plan. Necesitamos el proyecto perfecto. El organigrama tiene que estar en orden. El cronograma tiene que ser realizable. El presupuesto tiene que ser exacto. Y todas esas cosas tienen su importancia, no se la quiero quitar, pero para ellos eso era lo más importante y Cristo le sale con esa secuencia que ya he descrito. Acoger al niño, acoger a Jesús, acoger al Padre. Algo desconcertante.
¿Qué significa acoger al niño? ¿Qué encontramos en el niño? En los niños encontramos tanto. Pero creo que en este contexto hay sobre todo tres aspectos que sobresalen de lo que son los niños. La fragilidad. La inocencia. La esperanza. El niño es frágil físicamente, frágil mentalmente, está apenas en formación. Emocionalmente es duro decirlo, pero se le podría causar un gran daño si no obramos bien. Es frágil. El niño es también inocente. Y esta inocencia es importante porque hay personas que prefieren jugar con la maldad en lugar de corregirla en lugar de sanarla. A veces nos atrae el juego de las astucias. A veces nos dejamos seducir por el juego de las intrigas. A veces entramos en la dinámica de la murmuración y del chisme. Y una parte de nuestro ego siente, yo sé manejar esta marea de chismes, yo la sé manejar, estas murmuraciones, estas intrigas, esta astucia. Porque surge dentro de nosotros una especie de jugador y ese jugador que surge dentro de nosotros cree que puede ganar la partida, que aquí todos son soberbios, todos son orgullosos. Pues yo sé cómo navegar estas aguas y salirme con la mía. Que aquí son una manada de intrigantes, yo entro en el juego, pero yo sé con quién hablo. Es nuestro ego pretendiendo ganar. Tenemos que acercarnos a la simplicidad. Tenemos que acercarnos a la sencillez de la inocencia. Y en esa sencillez encontraremos cómo beber aguas de Evangelio.
Entonces el niño trae fragilidad, el niño trae inocencia y el niño trae futuro. Cuando vemos a un niño o niña por supuesto, cuando vemos a un niño o una niña, ocho o nueve o diez años, es algo tan interesante. Pues además de que muchas veces te trae alegría. Pero es algo tan interesante ¿por qué? Porque todo en ellos es futuro. Escúchale su lenguaje y verás cómo hablan del futuro, de lo que van a hacer y después van a hacer esto otro. Y cuando yo sea grande, tienen futuro. Entonces, acoger al niño es abrazar la fragilidad, es abrazar la inocencia y es abrazar el futuro. Y si tú no abrazas fragilidad, inocencia y futuro, no has entendido nada del Evangelio.
Acoger a Cristo. Cristo es el gran frágil. Míralo, míralo en la cruz. ¿Qué te encuentras ahí? ¿A un hombre blindado, un hombre acorazado, invulnerable? Su sangre es real. Sus llagas son reales. La traición que padeció es real, es frágil. Y míralo desnudo. Y mira en Él al Cordero inocente. Y míralo abriendo un futuro. Qué hermoso cuando dice, por ejemplo, en el Capítulo número Doce de San Juan. Ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera, va a ser. Es decir, Cristo es consciente de la liberación que trae el acto de la cruz. Sobre todo en la cruz descubrimos al Niño Jesús. Oye esa frase ¿te la repito? Sobre todo en la cruz descubrimos al Niño Jesús. ¡Qué belleza! Él es el frágil, Él es el inocente. Él es el que abre el futuro. Y solo así descubrimos al Dios que se ha compadecido de nuestra fragilidad, que ha sanado, que ha limpiado nuestra suciedad para que podamos ser inocentes de nuevo y que nos abre no solamente un futuro, sino espacio en su cielo.
Recuerda. Acoger al niño, abrazar la fragilidad, la inocencia y el futuro. Acoger a Jesús. Acoger al Padre. Que Dios te bendiga.

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