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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Revisemos profundamente nuestro corazón, cuáles son nuestras codicias y mentiras, porque el verdadero camino es el del servicio, el del amor compasivo, el del perdón, el del Reino de Dios.
Homilía i072008a, predicada en 20190226, con 5 min. y 27 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del Capítulo número Nueve de San Marcos. Este pasaje, me hace recordar aquel texto del profeta Isaías, donde Dios se queja y dice Mis planes no son vuestros planes. Mis caminos no son vuestros caminos. Esta diferencia, esta distancia entre Dios y su pueblo, se repite diría yo, dolorosamente cuando hablamos de Cristo y sus discípulos. También Cristo podría decir a sus discípulos, Mis planes no son los vuestros. Mis caminos no son los vuestros.
Efectivamente, ¿de qué habla Cristo? Cristo habla de humillación. Cristo habla de dolor, de cruz, de muerte. Es un camino de descenso. En cambio, ¿de qué hablan los discípulos? Se interrogan y discuten sobre quién es el primero. Ellos claramente ven el tiempo duro que están pasando junto a Cristo, lo ven como algo temporal. La idea que sin duda ellos tienen es que llegará el momento del ascenso al poder. Entonces, Cristo está hablando de un descenso que llega hasta la cruz y la muerte. Y ellos, en cambio, están hablando sobre un ascenso que llega hasta el triunfo y el poder. Hay una completa diferencia. Hay un abismo de comprensión entre unos y otros.
Y esto tiene que despertar una pregunta en nosotros ¿Por qué se da ese abismo? ¿Por qué hay esa distancia tan grande? Pero además, podemos hacer otra pregunta ¿Por qué estaba Cristo tan convencido, por qué estaba tan seguro de que el final de su misión iba a ser tan doloroso? Incluso podríamos decir tan trágico. ¿Cómo estaba tan seguro de ello? Tal vez esta segunda pregunta es un poco más fácil de responder. Sabemos que Cristo había entrado en colisión con los poderes religiosos de aquella época, ya se tratara de los fariseos, los escribas o los saduceos. Cristo había entrado en choque frontal contra ellos. Era evidente que lo odiaban. Era evidente que les estorbaba. Aún más, era evidente que veían en Él un peligro. Y estaban tan convencidos de que era un peligro, que no resultaba difícil para Cristo suponer que ellos, sus adversarios, iban a hacer todo lo posible por deshacerse de Él. Así que Cristo tenía buenas razones para pensar que efectivamente el final de su misión iba a ser trágico.
Ahora volvamos a la anterior pregunta. ¿Por qué se da esta diferencia de comprensión tan grande entre Cristo y sus discípulos? Él está hablando del descenso que va hacia la cruz, mientras que ellos están pensando en el ascenso que va hacia el poder. ¿Por qué esa diferencia? Si lo analizamos un poco, nos damos cuenta que la mentalidad de los discípulos no era demasiado diferente de la mentalidad de los adversarios de Cristo. Sé que estoy diciendo algo muy serio. En efecto, los adversarios de Cristo, por ejemplo, los fariseos, querían conservar el poder que ya tenían y acrecentarlo. Los escribas querían conservar su fuerza, su influencia y acrecentarla. Los saduceos estaban aferrados a su poder religioso y político y no querían soltarlo. Esa es la realidad. Y por eso podemos ver la idolatría del poder en fariseos, escribas, saduceos, herodianos y otros grupos de la época.
¿Y qué es lo que hay en el corazón de los discípulos? Ansia de poder, codicia de ese mismo poder. Lo que quiero decir entonces, es que no eran tan distintos los adversarios de Cristo y los discípulos de Cristo. En realidad, los unos tenían un poder que no querían soltar y los otros no tenían el poder, pero lo anhelaban y lo codiciaban. Y por eso el camino de Cristo hacia la cruz es especialmente doloroso, porque es un camino que claramente va también hacia la soledad. Es lo que encontraremos en la cruz. Cristo está espantosamente solo en la cruz, porque sus adversarios lo han excluido y sus discípulos lo han abandonado. Ahí se nota claramente que no eran tan distintos unos de otros.
Yo creo que estas reflexiones han de llamarnos a una revisión profunda de nuestro corazón. ¿Cuáles son nuestras codicias? ¿Cuáles son las mentiras en las que a veces vivimos? Porque el verdadero camino, que es el camino del servicio, que es el camino del amor compasivo, que es el camino del perdón, que es el camino del Reino de Dios. Ese a veces pasa al lado nuestro y ni siquiera lo reconocemos.

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