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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Explicación sobre por qué las biblias de los protestantes carecen de algunos de los libros sagrados.
Homilía i072003a, predicada en 20130521, con 5 min. y 15 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos. El capítulo segundo del libro eclesiástico es el que hemos escuchado. Bueno, una porción de él. Hemos escuchado en la primera lectura de hoy. Yo ante todo quiero recordar que si tú tienes noticia de este libro de la Biblia, por favor alégrate y por favor dale gracias a Dios y a nuestra Santa Iglesia Católica, porque sucede que hay muchos cristianos no católicos que han sido privados de este libro. En efecto, las Biblias protestantes, por ejemplo, la Reina Valera, no tienen este libro de la Biblia. Las Biblias protestantes tienen sesenta y seis libros, mientras que la Biblia católica tiene la plenitud de la revelación en setenta y tres libros. O sea que hay siete libros que están faltando en la Biblia protestante. Y uno de esos libros que falta es este libro del Eclesiástico o el libro eclesiástico. ¿Por qué falta este libro? Realmente por una decisión caprichosa de un hombre llamado Martín Lutero. Lutero dio origen a lo que se llama la Reforma Protestante. Ciertamente el mundo que conoció Lutero y la iglesia que conoció Lutero podían producir y produjeron grandes decepciones en muchos corazones. Era un tiempo, políticamente hablando, muy convulso, muy tenso. Y podemos decir que una buena parte de los pastores de nuestra Santa Iglesia Católica, incluyendo papas de aquella época, dejaban mucho que desear. Es la época en la que lamentablemente debemos recordar algunos papas muy corruptos. Y debemos recordar también papás que parecían tener un interés muy grande por las cosas de este mundo, olvidando las frases y la enseñanza misma de Cristo. De modo que es humanamente explicable que Martín Lutero quisiera distanciarse de la Iglesia Católica y quisiera distanciarse sobre todo de esos pastores. Eso se puede entender humanamente, se puede explicar. Pero creo que no necesariamente se puede justificar. Creo que nosotros más bien podemos decir que los pecados de la Iglesia tienen que movernos a conversión y no tienen que empujarnos en la línea del capricho. Fundar mi propia iglesia no es la manera de servir a Jesucristo. Tampoco era quizás lo que quería Lutero, pero fue en la práctica lo que terminó haciendo. Porque al romper la obediencia con Roma, pues en vez de ayudar a lo que hubiera podido ser una reforma saludable, lo que hizo fue producir una división de donde han salido innumerables sectas protestantes y en ese camino, no teniendo una autoridad frente a la cual pudiera responder o con la cual pudiera resolver sus dudas, pues Lutero echó sobre sí mismo una cantidad de decisiones como esta de cuáles eran los libros de la Biblia, de modo que el criterio suyo fue el que se impuso, y él consideró que tenían más autoridad aquellos judíos de los primeros siglos de nuestra era, de la era cristiana. Esos judíos tenían más autoridad que la Iglesia católica en comunión con el Papa. Fíjate hasta dónde se puede llegar entonces, como algunos judíos no consideraban como libros canónicos, como libros inspirados, por ejemplo, a los Macabeos o algunas partes del libro de Ester, o del libro de Daniel, o este libro, el libro eclesiástico, como no lo consideraban un libro inspirado. Entonces Lutero tomó ese criterio y dijo que si ellos no consideraban inspirado ese libro, entonces es que ese libro no era inspirado. O sea, él siguió un criterio judío, básicamente no siguió un criterio cristiano. Y de ese capricho depende que las Biblias protestantes sean incompletas. Bueno, durante estos días vamos a leer algunos pasajes de ese libro eclesiástico y a medida que lo vamos saboreando y lo vamos aprovechando, no dejemos de pensar en cuán deseable es la unidad entre los cristianos, sanar estas divisiones, dejar atrás tantas cosas y recuperar la unidad del cuerpo de Cristo, que eso, sin embargo, no aplace el gusto y el provecho que podamos sacar de una lectura tan deliciosa como es este libro. El libro de Ben Sira se le llama también el libro Siracida, el libro eclesiástico. Que Dios nos bendiga.

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