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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En el nombre de la verdad Dios nos prohíbe que le aprobemos el pecado a alguien y en el nombre del amor Dios nos prohíbe despreciar o sentir asco por alguien.
Homilía i052010a, predicada en 20230207, con 7 min. y 4 seg. 
Transcripción:
Hay dos maneras de leer el libro del Génesis. Una es la que casi no sirve y otra es la que sirve muchísimo. La que casi no sirve es ponerse uno a pensar que el Génesis nos habla simplemente del pasado. Por ejemplo, cuando la gente dice si eso corresponde a las eras geológicas. Mira, la verdad es que el libro del Génesis, más que enviarnos hacia el pasado, nos quiere enviar hacia lo profundo. Esa es la segunda manera y esa es la que más sirve realmente para leer el Génesis. Es decir, el Génesis no te está contando tanto cosas que sucedieron que también, sino sobre todo, te está contando qué es lo que sucede en lo más profundo y eso se nota especialmente en el texto de hoy, cuando Dios dice: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Está contando algo que no es del pasado, está contando cómo estamos hechos nosotros. Tú y yo estamos hechos para ser imagen y semejanza de Dios. Es decir, que no es un propósito o un proyecto que se quedó cientos de miles de años atrás, por decir una cifra, es un proyecto y es un propósito que nos muestra lo que somos en lo más profundo, en lo más profundo de nuestro ser. ¿Por qué esto es importante? Porque es lo que nos hace ver en dónde va a estar el camino de nuestra realización, en dónde va a estar el sentido de nuestra vida, en dónde va a estar la clave de nuestra felicidad. Tantas personas se preguntan bueno, pero ¿para qué mi vida? Y es muy lógico que uno se lo pregunte ¿Para qué mi vida? ¿Para qué me ha pasado lo que me ha pasado? ¿Porque he sufrido lo que he sufrido? Mira, la mejor manera de recuperar la ruta es volver a este capítulo del Génesis. Estamos hechos para ser imagen y semejanza de Dios. Bueno, eso suena como un poquito abstracto. Uno dice Bueno, pero ¿yo cómo voy a poder ser imagen y semejanza de Dios? Dios es invisible, yo no lo soy. Dios es omnipotente, yo no lo soy. Dios es eterno, yo no lo soy. ¿Cómo puedo ser yo imagen y semejanza de Dios? Pues mira. Esto me hace acordar de una de las profundas conversaciones entre Santa Catalina de Siena y Dios nuestro Padre. Y Dios le decía a Catalina que hay algo en lo que sí nos podemos parecer a Él y en lo que más nos podemos parecer a Él. Y se llama la misericordia y se llama la compasión. En eso podemos parecernos a Él. Piensa una cosa cuando tú ves a una persona que está viviendo mal o está en un problema, en un vicio atrapado por un vicio, por un pecado, y tú miras a esa persona con desprecio, Ten en cuenta una cosa así no la mira Dios, así no la mira Dios. Dios no va a mirar con desprecio a nadie. Dios no va a mirar con asco a nadie. Entonces cambiemos, supongamos que yo tengo un amigo que le encanta el trago y él es feliz y se emborracha cada cierto tiempo. Y yo le favorezco su vicio y le consigo el mejor ron que venden en este pueblo. Eso tampoco lo haría Dios. ¿Cómo trataría Dios a esa persona? ¿Qué es lo que quiere Dios para esa persona? Dios no quiere ni que yo la hunda con el desprecio, ni que yo le apruebe lo que está haciendo mal. Entonces, ¿qué es lo que Dios quiere? Dios quiere un camino que es de verdad y amor. Ahí tenemos las dos palabras. En esas dos palabras es donde realmente podemos ser semejanza de Dios en la verdad y en el amor. La verdad es la que nos prohíbe que nosotros le estemos aprobando el pecado a nadie. En nombre de la verdad de Dios no vamos a hacer eso. Pero el amor nos prohíbe que despreciemos o que sintamos asco por alguien, y puede ser el peor criminal, puede ser el vicioso más terrible. Dios prohíbe eso. La verdad y el amor. Y fíjate que eso es exactamente lo que falta en nuestra sociedad, porque nuestra sociedad. ¿Qué es lo que solemos hacer con las personas? O aplaudirles el pecado y decirles Muy bien, muy bien, siga por ahí. Que usted le encanta la droga. Muy bien, dróguese, dejemos de luchar contra la droga. Ahora todos a drogarse. Que usted tiene un vicio de masturbación. Muy bien, le vamos a hacer cursos de masturbación. Que todo el mundo se masturbe. Eso es lo que hace el mundo o aprobar el pecado y aplaudirlo o llenarse de asco, desprecio y odio, y entonces tratar a las personas como si fueran basura, como si fueran nuestros enemigos, olvidándonos de Efesios capítulo seis. Nuestra guerra no es contra la carne y la sangre, dice San Pablo en Efesios capítulo seis. Entonces, ¿cómo encontraremos la paz y cómo encontraremos la ruta? Siguiendo Génesis. Somos imagen y semejanza de Dios. Es en la verdad y en el amor. Es en la verdad de lo que Dios realmente quiere para cada persona. Y es en la misericordia para entender que todos caemos. Pero también se puede tender una mano a todos. Por eso te digo, el Génesis no se queda en el pasado, el Génesis no se queda en el ayer. El Génesis es real y es real cada día.

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