Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Seremos más fieles a lo que Dios quiere como especie humana al crecer en sabiduría y en gracia, y al abrirnos a la vida; de otro modo, estaremos incompletos e incapaces de reconocer su plan para la naturaleza.

Homilía i052008a, predicada en 20190212, con 6 min. y 48 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada del libro del Génesis en el capítulo primero. Después de unas cuatro semanas en las que hemos venido escuchando, en las que escuchamos pasajes seleccionados de la Carta a los Hebreos, el panorama cambia completamente en esta semana. Para las lecturas del tiempo ordinario vamos a tener entre semana textos del libro del Génesis. Este cambio súbito puede servir para abrir nuestros ojos y para despertarnos a un nuevo aspecto de la revelación bíblica. ¿Qué es lo que destaca en el texto de hoy? Hay tres verbos. Dios dice al hombre Creced,multiplicaos,dominar la tierra. Crecer. Multiplicarse. Dominar.

Si aprendemos el sentido propio de estos tres verbos, seremos sin duda mucho más fieles a lo que Dios quiere de nosotros como especie humana. Como especie humana. Porque este mandato, aunque dirigido a una persona o a una pareja, Adán y Eva, según el relato bíblico, evidentemente no se refiere solo a ellos como personas. Es un mandato que a través de ellos está impreso como deseo de Dios en la especie humana. Llamados a crecer, a multiplicarnos y a dominar la tierra.

Expliquémoslo brevemente con la ayuda del Señor. Crecer, crecer significa muchas cosas. La más elemental es el crecimiento físico, pero hay otras dimensiones nuestras. El evangelista Lucas, refiriéndose a Cristo, dice que él crecía en edad, en sabiduría y en gracia. A ejemplo de Cristo, que es el nuevo Adán, el crecimiento propio de la especie humana y de cada uno de nosotros ha de estar marcado por esas dimensiones. Que crezca no solamente la cifra de nuestros años, que crezca no solamente nuestro cuerpo al desarrollarse, que crezca en nosotros el don de la sabiduría. Don propio que bendice nuestra inteligencia y le da su lugar propio. Y que crezca en nosotros la gracia, la cual corrige, sana, embellece y fortalece nuestra voluntad y nuestra capacidad de amar. Así que ahí está el llamado a crecer. Crecer no solamente en lo físico, no solamente en la riqueza, sino sobre todo crecer en sabiduría y en gracia.

Hablemos de la multiplicación. Multiplíquense. Esta palabra, este mandato del Señor, indudablemente aparece en total colisión con la mentalidad de nuestro tiempo. Si hay algo que la gente no quiere, si hay algo que la mayor parte de las parejas no quieren, es que no quieren multiplicarse. Debemos entender aquel multiplicarse en dos sentidos. Está el multiplicarse de la fecundidad física y está el multiplicarse de la fecundidad espiritual. San Pablo, por ejemplo, habla de su discípulo Timoteo y dice que es como su hijo. Nosotros ciertamente nos multiplicamos desde el punto de vista moral, intelectual, espiritual, cuando transmitimos el bien que hay en nosotros de nuestros conocimientos o de nuestra vocación a otras personas. Pero no debemos quitar del mandato del Génesis la dimensión física, el multiplicarse, el tener hijos. Se entiende que de una manera responsable. El tener hijos es parte del mandato de Dios, porque la humanidad está incompleta sin aquellos que han de venir. Hay una idea que me parece muy bonita a este respecto.

Nosotros nos encontramos ahora en el siglo veintiuno. ¿Qué pasaría si nosotros a la humanidad le quitáramos las personas de los siglos anteriores? ¿Te imaginas el atraso que eso representaría? Si le quitamos a la humanidad un Albert Einstein, si le quitamos a la humanidad una Marie Curie. Si le quitamos a la humanidad los santos y santas que ha habido en el pasado, si le quitamos los grandes genios y literatos, imagínate el empobrecimiento que eso representaría. Si a través de nuestra imaginación quisiéramos quitar a esas personas. Bueno, ahora piénsalo para el futuro. La esterilidad voluntaria de la humanidad le está privando a la misma humanidad de los nuevos Einstein. ¿De dónde van a salir? Van a salir de hijos y de nietos. Entonces la fecundidad física es plan de Dios. La humanidad está incompleta y solo se va a completar si como especie se abre a la vida.

Sobre aquello de dominar hay que destacar algo importante: dominar viene del verbo bueno, viene del sustantivo dominus que quiere decir: Señor. Dominar quiere decir ser señor. Dominar no significa utilizar de manera caprichosa ni mucho menos agresiva la naturaleza. En este sentido, el Papa Francisco ha insistido mucho en que la Tierra, el planeta Tierra, es nuestra casa común y que debemos ser responsables en el cuidado de la casa. Entonces, dominar no es ser irresponsables. ¿Qué es dominar? Es ser representantes, por así decirlo. Encargados, administradores de parte de Dios. O sea que dominar implica reconocer el plan de Dios para la naturaleza y ponernos al servicio de ese plan. La palabra que utiliza la Biblia es jardín. La naturaleza no es una cantera para que la agotemos. No es un basurero para que lo arruinemos. Es un jardín que hay que cultivar para que pueda dar su máximo. Crecer, multiplicarse y dominar.

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