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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Abundancia, variedad, bondad y orden: cuatro características de lo creado, según el Génesis.

Homilía i052005a, predicada en 20130212, con 10 min. y 46 seg.

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Transcripción:

Reflexionemos un poco sobre la primera lectura, a ver qué podemos aprender de la creación en ese texto poético solemne que conocemos bien. Nos presenta el autor sagrado a Dios como fuente, fuente de todo cuanto existe, principio de todo lo que existe y lo que existe tiene cuatro características en el texto del Génesis. Nuestro Dios es un Dios abundante. Eso se refleja, por ejemplo, en la palabra pulular. Es la abundancia la abundancia que abruma. Abundancia es la primera característica y variedad es la segunda variedad de peces, variedad de aves, variedad de fieras.

Dice Santo Tomás de Aquino que: La riqueza interior de Dios, que es infinita, alcanza a reflejarse en la variedad de la creación en tantas obras diversas. La mente humana alcanza a percibir que hay una riqueza inagotable en Dios. Entonces, la abundancia tiene que ver con la cantidad y la variedad tiene que ver con las muy diversas calidades y cualidades de las criaturas. Llevamos dos características.

La tercera característica es la bondad. En contra de otras formas de pensamiento, por ejemplo, el maniqueísmo que habla de un Dios bueno, el Dios del espíritu y un Dios malo, el Dios de la materia. Para el autor sagrado, guiado por el Espíritu Santo, Dios es Creador y todo lo que sale de sus manos es bueno. Es una mirada fundamentalmente de bondad y de agradecimiento hacia la creación y la creación entera, incluyendo, por supuesto, todas las fieras, las aves, todos los animales y también nosotros mismos, en todo lo que somos. Ahí se encuentra una base teológica que luego es muy importante, por ejemplo, en los procesos de reconciliación de uno consigo mismo o con los demás. Qué importante poder reconciliarse uno con su realidad corporal. Admitir que uno tiene sentimientos, tiene emociones.

Cualquier pedagogía que parta de la base de reprimir, de aplastar, de desconocer, es contraria al texto bíblico. Lo primero es reconocer que esa riqueza interior en todo lo que somos y sentimos proviene de Dios. Pero aquí viene la cuarta característica. Toda la creación está regida por el orden. Hay un orden en la creación. La bondad no tiene que separarse del orden. Esto se me parece a la frase que tenemos los colombianos en nuestro escudo que dice libertad y orden. Y hay algunos que dicen que eso es incompatible y que eso es imposible, porque hay la idea de que libertad es hacer lo que uno quiera y cuando quiera y cómo quiera. Pero la verdad es que en la Biblia la abundancia, la variedad y la bondad también tienen sus cauces. Y precisamente para apreciar la bondad y para apreciar la variedad y para apreciar la abundancia, es necesario el orden. Eso se nota incluso en cosas tan sencillas como en una comida. En una comida, en general, se aprecian mejor los alimentos si están separados. Aunque hay ocasiones en que toca revolver todo y volverlo una sola crema o sopa.

Pero en general se aprecian mejor las diferencias. Se aprecia mejor que en el día se pueda trabajar y que en la noche se pueda descansar. Se aprecia mejor la intensidad del ejercicio y lo placentero del descanso. Se aprecia mejor el tener unos periodos fuertes de concentración en el estudio y luego unos tiempos de vacaciones. Eso es orden. Entonces estas son las cuatro características que brillan en el primer relato de la creación: la abundancia, la variedad, la bondad y el orden. Pero hay que decir algo más sobre el orden.

El orden está reflejado en aquello de que cada animal o cada criatura va según su especie, es decir, el perro logra su plenitud ontológica, dicen los filósofos, no volviéndose águila, y el águila alcanza su plenitud no siendo elefante, y así sucesivamente. El orden según las especies, está indicando que hay un bien que es propio y que hay una plenitud que es propia de cada especie. Y esto tiene una gran sabiduría, porque incluso se puede aplicar luego a las diferencias que tenemos los seres humanos unos con otros. La mejor manera de alcanzar la plenitud no es tratar de repetir a otra persona. De algún modo cada uno tiene que encontrar mientras aprende de los demás. Tiene que encontrar la manera de ser él mismo o ella misma. No se trata de repetir de nuevo. Estamos ante un Dios que nos habla de variedad y que nos habla de abundancia.

Entonces, el primer síntoma del orden es ese que hay como carriles que hay como, como líneas, y esas son las especies. La segunda señal del orden aparece en el hecho de que hay uno que pone orden en la creación, el que es imagen y semejanza de Dios. Viene a ser algo así como el mayordomo, el representante de Dios. Pero observemos una cosa: el hecho de que se hable del ser humano como Señor de la creación, no autoriza al ser humano a despedazar la creación o a mirarla simplemente como lugar de extracción, como una especie de cantera. Ser representante de Dios en la creación no es únicamente gozar de una parte de su poder, es también hacer presente su sabiduría. Es tratar a la naturaleza con la delicadeza, podríamos decir, con la alegría con que Dios ha creado cada cosa.

Ser imagen de Dios como es el ser humano, implica entonces no simplemente usar la naturaleza, sino cuidarla. El ser humano no queda constituido aquí como el explotador de la creación, sino si tengo que utilizar una comparación, el jardinero de la creación tiene que cultivar toda esa bondad, tiene que cuidar toda esa belleza. Y es desde esta base desde la cual se puede entender una ecología de cuño cristiano, una ecología que mira al ser humano no como el déspota de la creación, el tirano de las demás criaturas, sino el representante de un Dios que es bueno, un Dios que podríamos calificar de tierno, de delicado, especialmente si miramos los detalles de su obra en algunas criaturas. Entonces, el orden que hay en la creación está en el ser humano, porque el ser humano participa de la misma inteligencia con la que fue creado todo lo que fue creado.

Y ahí es necesario entonces que el ser humano sea como sacerdote de esa creación, diríamos, pensando en el capítulo octavo de la Carta a los Romanos. El hombre y la naturaleza van juntos, de modo que la degradación moral termina siendo degradación del cosmos y, por el contrario, la restauración y la redención del ser humano acelera el retorno de toda la naturaleza como homenaje al Creador. La tercera y última expresión de orden que aparece en el Génesis es el sábado es el descanso. De ese descanso sabático no pueden entender mucho las criaturas, porque es el descanso contemplativo, es el salirse de la esfera de lo estrictamente estímulo, es salirse de la esfera de la necesidad inmediata y es poder contemplar las razones más profundas, los rasgos más hondos, las pinceladas o inspiraciones que llevan a Dios o que llevaron a Dios a hacer lo que hizo. Y es también ahí donde se descubre el orden más hermoso según nuestro hermano Tomás. Eso es lo que disfruta. Eso es lo que conoce. Eso es lo que le trae felicidad al verdaderamente sabio.

La gran alegría del sabio no se queda en la exterioridad de lo que se puede ver o leer o escuchar, sino más bien en esos principios profundos, en esas razones íntimas de las cosas que son las que de algún modo muestran el mapa de la creación. ¿Qué le podemos pedir a Dios frente a este texto? Pues que restaure nuestra relación con la creación. Nosotros, en el relato del Génesis, no somos esclavos de las cosas, ni esclavos de los placeres, ni idólatras de la riqueza, o del poder, o del placer mismo. Nosotros somos presencia de Dios, somos administradores a nombre suyo y somos también beneficiados de su ternura, especialmente cuando podemos descubrir las huellas de su sabiduría en todo lo que existe. Que esa espiritualidad sana y sanadora de la creación impregne la manera como vivimos para que seamos verdaderamente libres, como lo seremos en aquel en quien se renuevan todas las cosas.

Cristo el Señor.

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