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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Imagen somos especialmente por nuestra inteligencia y voluntad; semejanza seremos según sean nuestros pasos.
Homilía i052004a, predicada en 20130212, con 4 min. y 43 seg. 
Transcripción:
Nos encontramos en el libro del Génesis con dos relatos de la creación. Este es uno de los pequeños misterios con que nos saluda la Biblia cuando nos acercamos a ella. Hay dos relatos de la creación y en el que aparece el día de hoy se destaca, podríamos decir, el trato personal, el trato cercanísimo que Dios da a esa criatura privilegiada que es el ser humano. Y cuando decimos el ser humano decimos tú y yo hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Dice Dios. Son tantas y tan bellas las interpretaciones que se han dado a estas palabras Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. El uso del plural ha inspirado desde antiguo a diversos autores para ver aquí como una primera huella de la Trinidad. Quizás es exigirle demasiado al texto. Quizás esas palabras están indicando un modo hebreo de hablar, un modo que quizás indica la plenitud del ser divino, la sobreabundancia de lo que Dios es. Algo así como han utilizado también algunos reyes, algunos monarcas a lo largo de la historia, que refiriéndose a sí mismos, aunque se trate de una sola persona, dicen nos ha parecido bien. Y no es que sean muchos, sino es un modo de indicar una decisión que tiene particular fuerza, que se reviste de particular autoridad. Y luego sigue el texto del Génesis: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Y también aquí hay interpretaciones muy hermosas. Para muchos, el término imagen se refiere a algo que es permanente, mientras que la semejanza se refiere a un proceso. La semejanza sería el aspecto dinámico de nuestra existencia humana que tiene precisamente que avanzar, que tiene que caminar para ser cada vez más semejante a Dios. Imagen somos de Dios, pero tenemos que crecer en el ser semejanza suya. Y luego viene la pregunta ¿En qué sentido somos imagen de Dios? Cuando se analiza, cuando se mira lo que es nuestra realidad corporal, encontramos cosas que la ciencia se maravilla, de las que la ciencia se maravilla. ¿Pero no es más maravilloso que podamos maravillarnos? Entonces parece que lo más alto de nuestra constitución, de nuestro ser humano, es aquello en lo que somos imagen de Dios, esencialmente en la capacidad de buscar lo que las cosas son en sí mismas el atender a la realidad de las cosas. Los animales tienen posibilidad de conocimiento, pero su interés por conocer y el ámbito de su conocimiento se limita a aquello que afecta directamente sus necesidades o sus placeres. Podemos decir que permanecen en el ámbito del estímulo únicamente. En cambio, el ser humano va más allá es capaz de sacar el centro de sí mismo y es capaz de buscar qué son las cosas en sí, y por eso también es capaz de descubrir un bien que no es inmediato y por eso su voluntad no está regida únicamente por el instinto, sino que es capaz de amar el bien por sí mismo, amar el bien por el bien. Y en eso somos imagen divina. Y con esas características de inteligencia y voluntad, nos dice Santo Tomás, tenemos la posibilidad de avanzar para ser más y más semejantes aquel que tanto nos amó cuando quiso crearnos.

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