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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Biblia no es un libro de ciencia pero es que la ciencia no está para responder todo. por ejemplo, de la Escritura aprendemos que hay un solo Creador, y ello implica que la realidad material no es perversa sino que ha de ser conducida a su pleno sentido en Dios.
Homilía i052003a, predicada en 20110208, con 4 min. y 27 seg. 
Transcripción:
Vamos avanzando en esta recién empezada semana quinta del Tiempo ordinario y el texto que nos va guiando esta vez es el Génesis, el comienzo de la Biblia. Es importante recordar que aunque la Biblia nos habla de los orígenes de todo cuanto existe, la Biblia no pretende ser un libro científico. La clase de preguntas que responde la Biblia no es la pregunta que podría tener un curioso de la ciencia. Por ejemplo, la Biblia no nos va a decir hace cuántos años existe este planeta Tierra, porque además la noción de planeta tampoco aparece en la misma Biblia. Entonces, ¿para qué sirve la Escritura? ¿Qué es lo que nos enseña? Pues, por ejemplo, nos enseña que todo cuanto existe tiene su origen en un único creador. Porque es que ha habido a lo largo de la historia algunos que han asegurado que hay dos principios. Por ejemplo, en el siglo trece, en la época en que nació nuestra Orden Dominicana, se hablaba de El libro de los dos Principios. Esta era una obra filosófica y religiosa que iba en la línea de lo que se llama el maniqueísmo. Y el maniqueísmo sostiene que hay dos principios, como decir dos creadores. Hay un creador de lo espiritual y un creador de lo material. Y para los que siguen esa filosofía del maniqueísmo, lo espiritual, lo inmaterial, todo es bueno, mientras que lo corporal, lo visible, lo material, todo es malo. Según eso, por ejemplo, el cuerpo sería perverso, la materia sería mala, el matrimonio, algo que hay que evitar. Efectivamente, estos eran los principios que gobernaban a los que seguían esa filosofía maniquea. Se llamaban en aquella época los cátaros. Los cátaros tenían ese pensamiento, hay dos creadores. Entonces la Biblia no entra en decirnos que el universo tiene trece mil setecientos millones de años, que es el estimado actual para referirse a esto que se llama el Big Bang, cuando se da como esa explosión original que dio origen a las galaxias, según los científicos. Es una teoría muy respetable. La Biblia no entra en eso, pero sí, en cambio, quiere decirnos que hay un solo creador y que, por consiguiente, esta materia, que también somos nosotros, este cuerpo que tenemos, también es expresión de la bondad de Dios. De modo que nosotros lo que tenemos que buscar con nuestro cuerpo no es tratarlo como si fuera perverso, sino educarlo para que sea bueno. Nuestra manera de mirar la sexualidad no será como algo que es intrínsecamente sucio y dañino, sino más bien como algo que es hermoso y que por eso hay que rodearlo de pudor, de cariño y de respeto. Ese es el pensamiento que tenemos en la escritura. Eso es lo que surge de la Escritura. También la Biblia nos enseña que el ser humano, según esta escena del Génesis, llegó al final y llegó para hacer las veces de Dios en la creación. Esta también es una enseñanza preciosa porque nos ubica, nos indica cuál es la manera de tratar la naturaleza. Nosotros no debemos adorar la naturaleza como si fuera divina. Algunos de la Nueva Era tienen esa clase de pensamiento, pero tampoco estamos autorizados para destruir la naturaleza o para tratarla simplemente como si fuera una cantera de recursos que nosotros podemos aprovechar con irresponsabilidad. Si somos guardianes de la creación, si somos mayordomos de la creación, según esta imagen del Génesis, tenemos una responsabilidad ante la naturaleza y una responsabilidad ante el futuro de la especie humana. Esta es la clase de enseñanzas que nos deja la Biblia.

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