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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Todos podemos ser camilleros, todos podemos contarle a alguien que existe amor, bondad y sanación en Nuestro Señor Jesucristo.
Homilía i051011a, predicada en 20250210, con 7 min. y 4 seg. 
Transcripción:
Hay algo que me impacta muy positivamente y muy profundamente. En el Evangelio de hoy, Jesús está recorriendo distintos lugares. ¿Qué es lo que hace? Los Evangelios lo cuentan, predica, sana, libera. Eso es lo que Él hace. Predica, sana y libera. ¿Libera de qué? Libera del pecado, libera de la acción del demonio. ¿Sana de qué? Sana de dolencias, sana de carencias, sana de enfermedades. ¿Predica qué? Predica el Evangelio, predica la buena nueva, predica el amor de Dios. Eso es lo que Cristo hace. Ese es, podríamos decir, su actuar cotidiano. Esto lo hemos visto, lo hemos oído tantas veces, que aunque siempre nos admira, no es lo que yo quisiera destacar en esta oportunidad.
Lo que más me llama la atención, en el breve Evangelio de hoy, es lo que nos dice que Él llegaba a algunos lugares y había gente que se iba a recoger a los enfermos para traerlos donde Cristo. Esos vamos a llamarlos, los enfermeros, esos son los que quiero destacar hoy. Y ese podría ser el título de esta predicación. Los enfermeros de Jesucristo. ¿Enfermeros en qué sentido? Enfermeros o camilleros también los puedes llamar. Los camilleros de Jesús. Pues ellos son aquellos que cuando ven que llega Jesús, no están enfermos ellos, pero sí quieren llevar a sus enfermos a sus enfermitos, quieren llevarlos donde Jesús. Como quien dice yo no soy tu solución, pero yo sé dónde está. Yo no soy tu salud, pero yo sé dónde está. Yo no soy tu perdón, pero yo sé dónde está. Yo no soy tu liberación, pero yo sé dónde está. Eso es ser camilleros de Jesús. Enfermeros de Jesús. Es decir, aprender a llevar a nuestros hermanos hacia el Señor.
Nadie te puede criticar, por el hecho de que tú no tienes todas las respuestas. Tú no tienes todas las soluciones. Nadie te puede criticar por eso. Como seres humanos somos tan limitados. Pero sí hay algo por lo que se te podría reprochar. Y es que si tú conoces a Jesús y tú sabes que hay alguien que puede ser sanado por Jesús, hay que llevarlo. Llévalo a la presencia del Señor, ponlo tan cerca de Cristo que se pueda cumplir lo que dice el Evangelio de hoy. Los que lo tocaban quedaban sanos. Llévalo hasta que toque la Palabra de Dios. Llévalo hasta que toque el sacramento.
De las historias más hermosas en su sencillez, de las historias más hermosas que a mí me conmueven, son aquellas de amigos o de amigas que encuentran a Jesús y que llevan a otros de sus parientes, hermanos, el papá, la mamá, los hijos hacia Jesús. Me acuerdo, por ejemplo, la historia de una amiga de un grupo de oración. Ella participó de un buen retiro espiritual y le pareció algo tan bello, que cuando volvieron a organizar ese retiro, pues les dijo a todas sus amigas. Algunas fueron otras no. Eso es ser camillero de Jesús. Nosotros no tenemos todas las respuestas, nosotros no tenemos toda la salud, nosotros no tenemos todas las soluciones. Pero nosotros podemos llevar a la gente hasta que toque a Jesús. O qué tal aquellos que acercan a un amigo a la confesión.
¿Sabías que en los sacramentos Jesús nos toca? Esa frase ya me la has oído. Es una frase de San León Magno que yo repito con frecuencia. Dice el Papa, gran Papa León dice lo que era visible en la carne de Cristo, ha pasado a los sacramentos. Lleva a ese amigo tuyo a que se confiese ¿para qué? para que lo toque Jesús. En la confesión lo toca Jesús. Lleva a ese amigo, lleva a esa amiga, llévala hacia Jesús para que allí sea tocado por el Señor, para que allí sea sanado por el Señor. Esa es la tarea de los camilleros. Eso es lo que le toca a los camilleros. Y te tengo una gran noticia: todos podemos ser camilleros, todos podemos contarle a alguien que existe amor, que existe bondad, que existe sanación en la persona de Cristo. Todos podemos llevar a alguien.
Y hay una palabra con la que quiero terminar, que está hacia el final de la carta de Santiago. El que convierte a un pecador. Por supuesto que lo único que convierte es el Espíritu Santo, sino que se refiere de modo muy abreviado a lo que estamos diciendo. El que lleva a un pecador a la gracia, porque lo acercó a Jesús. El que convierte a un pecador redime la multitud de sus pecados. Algunas personas están agobiadas a pesar de confesarse. Están agobiadas por lo que han hecho mal en la vida. Pues entonces ponle atención a lo que te digo. Lleva a otros a Jesús. Eso trae para ti una lluvia, un torrente, un diluvio de amor y de conversión, y de sanación y de perdón. Anímate a ser camillero de Jesús. Amén.

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