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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El propósito de la Sagrada Escritura es llevarnos al encuentro con Aquel que es la causa primera de todo cuanto existe y mostrarnos cómo Él ha querido revelarse a nosotros.

Homilía i051007a, predicada en 20170206, con 6 min. y 0 seg.

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Transcripción:

Estamos empezando la quinta semana del Tiempo Ordinario y las lecturas que la Iglesia nos propone al empezar esta semana corresponden a las lecturas del comienzo mismo de la Biblia. De hecho, el pasaje que ha sido proclamado hoy como primera lectura es exactamente la primera página de toda la Biblia, Génesis capítulo uno, versículos del uno al diecinueve. ¿Por dónde empieza la Sagrada Escritura? La palabra Génesis quiere decir origen, y por ahí empieza la Biblia, precisamente por contarnos el origen.

Pero es interesante hacer un contraste entre la manera como la Biblia habla del origen y el modo como otras obras y otros escritores hablan del origen porque también se preguntaron por el origen, por ejemplo, los filósofos de la antigüedad. Si hemos hecho algún curso de filosofía, recordamos que mucho antes de Sócrates hubo algunos pensadores, los llamados naturalistas, que se preguntaban por el principio de todo. En griego eso se llama arjé y es una palabra femenina. Ellos buscaban la arjé. De modo que los filósofos buscaban el principio. Y también la Biblia nos habla del principio.

Hay otros que son los científicos, que también han buscado el principio a través de los recursos propios de su disciplina. Así, por ejemplo, tenemos a un gran científico del siglo veinte, un hombre llamado Albert Einstein. Albert Einstein describió de una manera asombrosamente exacta lo que significan las leyes del movimiento dentro del lenguaje de la matemática, corrigiendo leyes que ya eran muy precisas, las de Isaac Newton. Einstein formuló su teoría general de la relatividad, tanto la especial como la general. Se refirió no solamente al movimiento, diríamos como una correspondencia entre el tiempo y el espacio, sino que abordó el dificilísimo problema de la forma del espacio y el impacto que la gravedad tiene en esa forma. Es uno de los uno de los pensadores más brillantes de los últimos siglos.

Pero el gran sueño de Einstein no terminaba ahí. Él quería encontrar una ley que pudiera unificar todo lo que sabemos de la naturaleza, no sólo la gravedad, el movimiento, sino también la electricidad, el magnetismo, las fuerzas propias de las partículas subatómicas en el núcleo. Algo que lo explicará todo. A esa búsqueda se le llamó durante mucho tiempo la búsqueda del campo unificado, una especie de ley que pudiera escribirse en el lenguaje de las matemáticas y que estuviera como cimiento de toda nuestra descripción del mundo.

Así que tenemos por lo menos tres versiones de la búsqueda del origen. Los filósofos buscaron la arjé y dijeron que en el principio de todo podía estar el apeiron o podía estar el agua, o podía estar el aire, o podían estar los átomos, como dijo Demócrito. Los científicos de nuestro tiempo buscan también las teorías que ahora se llaman teorías del todo lo que Einstein llamó teoría del campo unificado, y quieren, a través de una fórmula matemática, poder describir completamente todo lo que conocemos de la naturaleza. ¿Cuál es la particularidad entonces del planteamiento bíblico? Pues lo primero que tenemos que decir es que la Biblia no es un libro de filosofía y la Biblia no es un libro de ciencia.

La aproximación bíblica al tema del origen no es a través de una fórmula matemática, ni el propósito de la Biblia es describir cómo se mueven los cuerpos sujetos a leyes perennes, como pueden ser por ejemplo, las leyes de Maxwell para el electromagnetismo. No, ese no es el propósito de la Biblia. Tampoco el propósito de la Biblia es una descripción puramente racional, como lo que querían aquellos filósofos llamados naturalistas como Anaximandro o como Tales de Mileto. La pregunta que se hace la Biblia no es descriptiva. La pregunta que se hace la Biblia es causal en el sentido más profundo. Realmente lo que está buscando es ¿cuál es la causa? ¿Qué es lo que hace que todo sea? Esa pregunta trasciende la filosofía. Trasciende la filosofía en la medida en que nos conduce al encuentro, no solamente con una inteligencia infinita, sino sobre todo con un poder y una bondad ilimitados. Ese es el camino en el que quiere que entremos la Biblia.

Y ese ser infinitamente inteligente, poderoso, bondadoso, tiene un nombre para nosotros, Dios. O sea que el propósito de la revelación bíblica no es otro sino llevarnos al encuentro con el que es causa incausada, causa más allá de toda causa, causa primera de todo cuanto existe. Sabiendo, eso sí, que aquel que es la causa ha querido revelarse a nosotros, como lo muestra página a página la misma Sagrada Escritura.

Qué emocionante llegar a estas páginas de la Biblia y darnos cuenta de la originalidad de la revelación.

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