|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La afirmación de Dios como creador es una proclamación radical de su señorío sobre todo lo que exista o pueda existir.
Homilía i051005a, predicada en 20130211, con 8 min. y 31 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, la afirmación de Dios como Creador debemos considerarla como muy característica de la fe del pueblo elegido. De hecho, el concepto teológico de creación es toda una novedad dentro del conjunto de las culturas e incluso de las religiones del mundo. Según los estudiosos, fue en el período del exilio y del post exilio a Babilonia, el ambiente en el que se fraguó esta teología, que por supuesto sigue siendo expresión de nuestra fe, como decimos en el Credo. Lo primero que afirmamos de Dios, después de decir que existe, es que es Creador. ¿Y por qué en el ambiente de Babilonia? ¿Por qué en el exilio se empieza a hablar con tanta claridad de Dios como único origen de todo? Parece que la confrontación con otras formas de pensamiento lleva a los israelitas a explorar, a excavar en lo más profundo de sus convicciones. Y es allí donde el Espíritu Santo hace su obra hasta llegar a las afirmaciones tan fundamentales que encontramos en el texto del Génesis. Por ejemplo, los caldeos consideraban de rango divino las lumbreras o las luces del cielo. Caldea es la tierra de los horóscopos, es la tierra de la astrología. De allí viene el identificar conjuntos de luces con ciertos nombres y considerar que esos nombres, que son los del zodíaco, en últimas, son los que rigen los destinos de las personas y los que determinan los acontecimientos de la historia. Esa divinización de la astronomía o de las luces del cielo fastidia horriblemente en los oídos de los israelitas, porque es una ofensa al Dios que es capaz de cambiar la historia. El Dios que empuja la historia. Al Dios que ha mostrado que más allá de la arrogancia de los pueblos, hay un plan que es su plan. Por eso la astrología resulta repugnante para los israelitas, y el estar teniendo esos ritos que en últimas son como los ritos del horóscopo, ritos de adivinación. El tener esos ritos es una ofensa al único Dios. Entonces, ¿cómo se soluciona el asunto? Presentar al Dios del pueblo elegido en competencia o incluso en combate con esas otras divinidades es darles demasiada importancia a ellas. La solución que queda plasmada en el Génesis es mucho más radical. Esos dioses no son nada. Se les baja al rango de lumbreras, como diríamos en nuestro lenguaje, un foco, un bombillo. Como diciendo a aquellos caldeos tanta importancia que usted le da un bombillo. Cómo se le ocurre idolatrar una luz que apenas cumple una función y que sirve para organizar unas fiestas. Pero el recorrido que hace el Génesis y que hemos empezado con los cuatro primeros días de la Semana de la Creación, es un recorrido por todo lo que se puede pensar o imaginar, lo que está en las aguas, lo que está en los cielos, lo que está en la tierra. Todo ha salido de Dios y no hay otro Señor. La afirmación del Dios creador es la afirmación de la majestad de la soberanía única de Dios. Es la proclamación de una victoria que es más radical que la que sale de cualquier batalla o combate. Eso también significa que el Génesis, como lo hace notar por ejemplo, nuestro hermano, el padre Congar. El Génesis es el primer acto masivo de secularización, porque todo aquello que era considerado divino, como por ejemplo las montañas en muchos pueblos de Centroamérica, los mayas que estuvieron tan de moda por el fin del mundo que no sucedió, tenían todo un culto a las montañas, los espíritus de las montañas o el culto a ciertos animales, como por ejemplo la serpiente entre los egipcios, o el culto a ciertas fuentes o manantiales, o el culto a ciertos fenómenos naturales como el oráculo de Delfos entre los griegos. Toda esa divinización de hechos naturales cae por tierra. Es como si el autor del Génesis quisiera decirnos: El mundo es mundo y no lo trate como Dios. Esa primera secularización es una secularización sana que viene a quitar lo divino de la creación para mostrar al mismo tiempo la nobleza de lo creado y la infinita distancia a la que se encuentra el Creador. Pero esa infinita distancia entre el Creador y la criatura queda luego salvada dentro de esta misma teología por otro acto del mismo Dios. No es una necesidad ciega la que hace que Dios cree. La única explicación de la creación, entonces, es el amor. Si nuestra razón al reflexionar sobre estos hechos, tiene que llegar a la conclusión de que Dios es infinitamente distante, porque no hay manera de salvar el abismo entre el Creador y la creación, pues esa distancia, el mismo Dios infinito, la ha salvado, la ha cubierto con su amor. Y así la infinita sabiduría y el infinito poder de Dios, junto con su infinito amor, muestran la extrema cercanía de este Dios que entonces no es el Dios indiferente que reflexionaba Aristóteles, sino el Dios cercanísimo que un día se nos muestra, se nos revela plenamente en la persona de su Hijo, hasta dejarse tocar el manto, como veíamos en el Evangelio de hoy. Qué necesarias estas enseñanzas para reconocer al mismo tiempo la bondad y la belleza de la creación sin ídolos. Y eso incluye, sin los múltiples ídolos que, por ejemplo, la Nueva Era quiere plantar por todas partes en el mundo. Qué necesaria esta predicación sobre la creación también como preámbulo que sitúa en su justo lugar el acontecer de la misericordia que salva este Dios bondadoso haga de nosotros testigos de estas verdades para bien de nuestros hermanos.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|